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Agosto 1998

CIENTÍFICOS ESTUDIAN SINGULAR TERREMOTO REGISTRADO EN BOLIVIA

Todos los que habitamos Bolivia veíamos, hasta ahora, a las montañas de Los Andes como una barrera que nos había dado la naturaleza para protegernos de cualquier ataque telúrico, y casi nos habíamos acostumbrado a espectar, no sin angustia, la desgracia de nuestros hermanos de otros países que, con tanta frecuencia, soportan el azote de los terremotos. Sin embargo, hoy nos llegó la hora.

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Interiores de una casa de Totora afectada por los primeros movimientos sísmicos. Foto Vice-Ministerio de Cultura de Bolivia.

Por Fernando Escobar Salas, Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI, La Paz, Bolivia.

Bolivia no es un país con tradición en movimientos telúricos, es más, hasta ahora ha sido uno de los países más seguros y carente, salvo contadísimas ocasiones, de terremotos, sismos u otros movimientos de la corteza terrestre que, en otros lugares tanto daño han causado a la humanidad desde que se tiene memoria.


VOZ DE ALERTA

Una llamada telefónica sonó en los estudios de una conocida radioemisora de la ciudad de La Paz, para informar que la tierra estaba temblando y que los alarmados habitantes de los edificios habían salido preocupados a las calles vistiendo ropa de cama debajo de gruesos abrigos debido a la intensidad del frío reinante.

Era poco más de la una de la madrugada del día 22 de mayo pasado, cuando las llamadas confluían al único lugar en que se recurre, en estos casos, el observatorio de San Calixto, entidad dependiente de la orden de los jesuitas que controla desde hace muchas décadas todo lo relacionado con este tipo de fenómenos.

Luego del susto inicial, los paceños, con cierto temor volvieron a sus hogares a tratar de escuchar alguna información que confirmara sus temores. Por lo avanzado de la hora, muchos ya se encontraban descansando y no sintieron el sacudón que advertía de un movimiento sísmico, de intensidad, en algún lugar del planeta, probablemente Perú o Chile, que son los países vecinos con más movimientos sísmicos, algunos de los cuales suelen sentirse en Bolivia.

LA CONFIRMACIÓN

La mañana de ese día, la población despertó con la noticia totalmente confirmada de que un terremoto de 6.8 grados en la escala de Richter había sacudido poblaciones rurales del departamento de Cochabamba, en pleno corazón del territorio nacional y que por la fuerza de energía desprendida había causado la caída de viejas construcciones de adobe, provocando un número no precisado de desaparecidos.

Las informaciones sólo especulaban sobre las causas y los efectos de ese sismo, pues por el fenómeno, habían quedado interrumpidas las comunicaciones con las poblaciones de Aiquile y Totora, donde se presumía había sido el epicentro. Además de esto, la carretera que vincula ambos pueblos con el resto del país, había sufrido serios daños completando un panorama de aislamiento e incertidumbre.

DEFENSA CIVIL

Las autoridades de defensa del país comenzaron los preparativos de movilización y fue el propio presidente de la República, el general Hugo Bánzer, quien encabezó el grupo de ministros y autoridades militares y civiles encargadas de la defensa civil, que viajó en avión hasta Cochabamba y de allí en helicóptero hasta la población de Aiquile. Allí, el Jefe de Estado constató la magnitud del terremoto y visiblemente consternado instruyó la declaratoria de zona de desastre y la movilización inmediata de brigadas militares y policiales para organizar la defensa de la población afectada.

A partir de allí, al margen de los cuadros de dolor propios de un desastre de esta naturaleza, las tareas de defensa de la población afectada en todas las comunidades aledañas a la zona del epicentro se realizaron en medio del más completo desconocimiento y , por lo tanto, con lo que el sentido común ordenaba hacer en esos momentos.

Dos nuevos sismos de fuerte intensidad , aunque algo menores que el primero, 5.5 y 5.3, respectivamente, volvieron a sacudir el suelo de los asustados aiquileños y totorenos que se negaban a abandonar la región, pero que al mismo tiempo les impedía también retornar a sus hogares. Campamentos de emergencia se armaron en las inmediaciones y la ayuda comenzó a llegar en forma desordenada.

RESULTADOS

A partir de allí, la historia ya es conocida a nivel mundial, pues periodistas de diferentes lugares del planeta confluyeron en las ruinosas calles de las poblaciones afectadas para reflejar la noticia. Para entonces, las tareas de salvamento habían recogido más de 80 cadáveres, aunque a nivel oficial se manejaba la cifra de 105 muertes. Las agujas del sismógrafo de San Calixto continúan vibrando. Hasta un mes después, más de 1.300 réplicas se habían registrado, algunas de ellas de gran intensidad, como la del reciente 6 de junio que alcanzó 4.8 en la escala de Richter y que llegaba cuando las poblaciones afectadas emprendían ya las tareas de reconstrucción de sus viviendas.

VATICINIOS

También desde distintas partes del mundo llegaban, a través de las agencias de noticias, vaticinios tanto de científicos afamados como de videntes y hasta de charlatanes en sentido de que se encontraba en generación un gran terremoto con epicentro en esta misma zona, en tanto que los científicos de San Calixto descartaban esta posibilidad porque los estudios realizados en situaciones similares siempre daban una disminución en la liberación de energías después del primer gran sacudón.

Estos vaticinios inquietaron grandemente a toda la población boliviana que veía venir una situación catastrófica como nuca antes había tenido. A poco de esos pronósticos, y cuando la tendencia era hacia la disminución, una nueva sacudida de muy fuerte intensidad, aunque de todos modos menor que la primera, dejó perplejos a los encargados de San Calixto que tuvieron que admitir lo impredecible de este tipo de fenómenos, poniendo al descubierto nuevamente la fragilidad de los sistemas de detección y control de estos fenómenos.

PRUEBAS NUCLEARES

La coincidencia en la explosión de ojivas nucleares por parte de la India y Pakistán, y el posterior terremoto que cobró la vida de más de 5.000 personas en Afganistán, provocaron también una serie de interrogantes a la población boliviana que ahora, con mayor fuerza, condenó los ensayos atómicos considerándolos la causa directa de los movimientos telúricos.

Tanto los científicos nacionales como algunos expertos extranjeros que llegaron a Bolivia con el propósito de estudiar el terremoto de Aiquile, se encargaron, sin embargo, de descartar cualquier efecto de esas pruebas como causa de los movimientos telúricos de Bolivia y Afganistán, haciendo comparaciones gráficas de las fuerzas generadas por esas explosiones artificiales con la devastadora fuerza de los sismos.

En todo caso, el terremoto del 22 de mayo despertó a los bolivianos a una realidad sobre su vulnerabilidad a los retos de la naturaleza y a prepararse para lo que pudiera acontecer en el futuro. OEI.

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