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Poco a poco, el enfermo de retinosis pigmentaria va viendo menos en
su entorno. Su campo visual se reduce. El mundo exterior se va
convirtiendo en una especie de túnel donde la única
luz se ve al final, pero cada vez más distante y difusa. La
luz molesta cada vez más, hasta que finalmente queda ciego.
Este era el final previsible para cualquier persona -niño o
adulto- aquejada del mal. Pero la ciencia médica
iberoamericana, esta vez desde Cuba, dio a conocer una posibilidad
para detener lo que parecía inevitable.
El doctor Orfilio Peláez Molina, con 50 años de
experiencia en el campo de la of-talmología, desarrolló
y ha puesto en práctica una novedosa técnica quirúrgica
en Cuba que ya es más que una promesa. Pero antes de dar a
conocer los resulta-dos, detallemos qué es la enfermedad
conocida indistintamente por los nombres de retinosis pigmentaria o
retinitis pigmentosa.
Ante todo, es una afección grave de la retina; de ahí
su primer nombre. mientras su apellido viene de que es una
enfermedad caracterizada por la aparición de nu-merosos
pigmentos en el fondo del ojo.
El médico ha explicado que la retinosis pigmentaria consiste
en lesiones de capas de la retina, donde están precisamente
los llamados bastones y los conos del ojo humano.
Los primeros permiten la visión nocturna o con baja iluminación
y la periférica (los objetos que se encuentran a nuestro
alrededor) mientras los segundos la visión central y diurna.
Al comenzar la enfermedad- que aparece a cualquier edad- se lesionan
los bastones y más tarde, evolutivamente, son dañados
los conos. Preci-samente el campo visual , en su estado inicial, se
reduce concéntricamente hasta llegar a ser tubular, como si
dijéramos el cañón de una escopeta y,
finalmente, la visión se pierde.
Hasta la puesta en práctica del método del doctor Peláez
sólo quedaba la resignación.
¿En qué consiste el método para detener la
enfermedad?
Por los años 50 el joven oftalmólogo cubano comenzó
a interesarse por el proble-ma de la retinosis pigmentaria y acopió
amplia información al respecto. Halló ciertas claves:
1- en un porcentaje significativo en estos enfermos se presenta un
trastorno de la hemodinámica ocular que es como decir, un
enlentecimiento, una disminución circulatoria en la
estructura de los vasos sanguíneos
2- existen trastornos de la nutrición a nivel de las células
y diferentes tejidos
3- detectó disminución del oxígeno a nivel
tisular
4- ya otros autores habían señalado que en los
pacientes se produce una marca-da disminución del calibre de
los vasos de la retina y daño de ateroesclerosis.
A partir de estos estudios, el doctor Peláez se dio a la
tarea de hallar un camino para que la luz al final del túnel
no se cerrara definitivamente. Y lo encontró en un método
múltiple que une la ozonoterapia, la electroestimulación
y la magnetoterapia, pero siempre en función de cada paciente
pues no todos los casos son exactamente iguales.La aplicación
del gas Ozono permite la oxigenación de diferentes áreas
debilitadas, lo mismo que la electroestimulación y la
magnetoterapia.
La selección de pacientes es rigurosa, pero necesaria. No son
tributarios del tra-miento, por ejemplo, personas de avanzada edad o
con alteraciones oculares tales como nistagmo, glaucoma, catarata
total, desprendimiento de retina o diabéticos. Al final, en
los seleccionados los resultados son interesantes: un 75% mantuvo
estable la retinosis y ésta no avanza, 16% mejoró,
mientras la enfermedad conti-nuó su proceso en el 9%
restante. No existe otra técnica conocida capaz de tales
resultados con un mal que, según la Organización
Mundial de la Salud, afecta a millones de personas en todo el mundo.
En Chile, el doctor Peláez recibió una distinción
que otorga la Corporación encar-gada de la atención a
discapacitados visuales mientras en Colombia, la centenaria Academia
de Medicina de Cartagena lo nombró Miembro Honorario; ha
viajado y ofrecido conferencias en Estados Unidos, México,
Bulgaria y España además de los ya países ya
mencionados.
En los últimos 8 años pacientes de 75 naciones se han
atendido directamente con el doctor Orfilio Peláez en el
Centro Internacional de Retinosis Pigmentaria que radica en La
Habana.
¿Podrá curarse total y definitivamente la retinosis
pigmentaria?
Nadie lo puede predecir. Pero la sonrisa del doctor cubano Orfilio
Peláez quizás nos esté indicando algo tan
esperanzador para millones de seres humanos como su actual método
quirúrgico. El tiempo dirá la última palabra.
OEI |
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