Nuevo Servicio Informativo Iberoamericano
Junio del 2000
Historias de Montevideo Mágico
Un psicólogo social uruguayo estudia las funciones sociales que cumplen la narraciones de hechos sobrenaturales en Montevideo. esta investigación no interesa si los hechos ocurrieron o no", anticipa Ganduglia. Esta investigación pretende rescatar el fenómeno de creación colectiva de personas anónimas.

Por Gustavo Laborde,
Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano
de la OEI, Montevideo, Uruguay.-
Este lugar matiza una de las 60 anécdotas recopiladas para del proyecto "Historias de Montevideo mágico".
Fotografía Darwin Borreli de El País, Uruguay..


Julio era joven cuando le ocurrió un hecho que lo marcó para el resto de su vida. Una madrugada, cuando se disponía a llegar a su casa en el alejado barrio del Buceo de Montevideo, característico por su pequeño puerto y su cementerio, Julio vio a una joven de aspecto formal. Algo asombrado por encontrar a la muchacha a esa hora de la noche, se acercó y le preguntó si le molestaba que la acompañara. Ella le contestó que no. En el camino ella le contó que se llamaba Alicia y que era estudiante de música y él, a su vez, le contó que trabajaba en un diario. Pronto llegaron a una casa importante, tal vez algo descuidada, y se detuvieron ante un gran portón de hierro. Ella se despidió amablemente y agradeció la compañía. Julio regresó a su casa, por supuesto, meditando sobre la muchacha y el extraño encuentro.
A la noche siguiente, cuando Julio llegaba a su casa, el episodio se repitió. La muchacha estaba allí con un portafolios y sus partituras. El volvió a acompañarla a su casa y a despedirse frente al portón. Los encuentros se hicieron continuos y él los comentó en su casa. La madre de Julio, quien advirtió que su hijo se estaba encariñando con la muchacha, le sugirió que la invitara a encontrarse en otras circunstancias más favorables. Fue así que Julio invitó a Alicia a pasear por el parque un sábado por la tarde. Pero aunque Julio la esperó mucho rato, Alicia nunca apareció.
Intrigado, Julio fue hasta la casa a donde acompañaba a la muchacha todas las noches y tocó a la puerta. Lo atendió una señora mayor y él le dijo que quería hablar con Alicia. Sin decir nada la señora lo hizo pasar y le pidió que esperara. Una vez adentro Julio vio un piano y sobre él un retrato de la chica a la que él había estado acompañando todas las noches. De pronto apareció una señora mayor que se presentó como la madre de Alicia. "Quedé de encontrarme con su hija esta tarde, pero ella no concurrió a la cita", le dijo Julio. "Es muy difícil que ella pueda ir a esa cita", le contestó la mujer. "Mi hija está muerta".
Pero la mujer no se asombró mucho de la extraña situación y le confesó que sabía que algo raro pasaba en torno a su hija porque ella misma, por las noches, escuchaba una piano lejano sonar en el comedor y ruidos en la habitación que había sido de Alicia.
Esta es una de las 60 anécdotas recopiladas para del proyecto "Historias de Montevideo mágico", que está realizando el psicólogo social Néstor Ganduglia. Esta investigación -que se realiza en el marco del programa del Fondo Capital, que financia la Intendencia de Montevideo- será editada en dos discos compactos y posteriormente en un libro en el que abordará la reflexión teórica y académica sobre la función social que cumplen estas historias en el imaginario popular. "Para esta investigación no interesa si los hechos ocurrieron o no", anticipa Ganduglia. "La investigación apunta a otra cosa. Pretende rescatar el fenómeno de creación colectiva de personas anónimas que son capaces de extraer y mantener una historia a menudo fascinante sobre algunos hechos sobrenaturales y que funcionan como un fenómeno vincular. Estas historias no tendrían sentido si no vincularan a las personas". El investigador señaló que su interés por este fenómeno se remonta a su niñez, cuando acompañaba a su padre a una localidad del interior de Uruguay en donde la diversión de los hombres de campo era sentarse en torno al fogón a contar historias estrafalarias.
Néstor Ganduglia dicta la cátedra de Lenguaje y Estética del Sonido en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de la República. Esa formación es la que lo decidió por grabar la narración de los propios protagonistas, editarla en discos y no llevarla a las páginas de un libro. "De esta manera se conserva el carácter oral de esta literatura y se mantiene la seducción que tiene la palabra dicha por sobre la escrita. Cuando alguien lee sabe que lo que está leyendo es algo externo, pero cuando alguien cuenta lo que le pasó a él, el que lo escucha reconstruye el hecho en imaginación de otra manera. Hay un participación más directa del oyente", afirma Ganduglia.
La otra razón por la que se resiste a editar en forma de libro esta recopilación de más de 60 narraciones es porque "no quería que se convirtiera en otro producto de la cultura tradicional; es preferible mantener el protagonismo de esa gente que crea las historias y que las mantiene vivas. Si no fuera por ellos, morirían".
Una noche de tormenta la comisaría del barrio montevideano de Maroñas recibió una denuncia. Los vecinos se quejaban de los gritos y los estruendos que provenían de una vieja casona que hay en el barrio y sobre la cual se tejen todo tipo de especulaciones. La mujer que narra esta historia asegura que esa casa está allí desde siempre, desde antes incluso de que se levantaran las otras casas de este humilde barrio obrero de Montevideo. La casona es bien conocida por los vecinos, ya que se destaca en tamaño e importancia de todas las demás y porque tiene una enorme reja y su techo está rematado con la escultura de una enorme águila. Cuando los policías llegaron hasta el lugar escucharon un ruido grave, como el de un motor gasolero, según describieron ellos mismos. Les llamó la atención, pero a la vez no había nada raro. Cuando miraron hacia arriba vieron el águila de piedra caer al suelo y hacerse trizas. Esa misma noche escribieron el parte e informaron del hecho. A la mañana siguiente fueron citados por el comisario a su oficina. El jerarca los reprendió severamente por estar bebidos en horas de trabajo. Ambos policías se miraron asombrados y le contestaron al comisario que no habían bebido y que no entendían por qué les decía eso. El comisario los hizo subir a la patrulla y los llevó hasta la casa en la que habían estado la noche anterior. Sobre el techo, el águila permanecía intacta. Los dos policías se miraron asombrados y antes que pasar por locos admitieron algo que no habían hecho: dijeron que habían bebido. Sobre esta casa hay muchas anécdotas más.
"Historias de Montevideo mágico" recoge narraciones que tienen más de 50 años de existencia y que forman parte de la mitología popular montevideana. Su recopilador ya ha extraído algunas conclusiones teóricas sobre ellas, que luego publicará en un libro en el que indagará la función que cumplen en la dinámica social. "Todas estas historias pertenecen al medio urbano. Esto desmiente la hipótesis de que la literatura oral es avasallada por los medios audiovisuales como la televisión. Por el contrario, estas historias vienen a cubrir una necesidad insatisfecha", subrayó Ganduglia.
La otra conclusión que extrae Ganduglia sobre esto es que más que historias sobrenaturales se trata de historias sobrecotidianas. ``Sobre la casa del águila he recogido varias anécdotas de mucha gente distinta. Unos vieron al águila remontar vuelo, otros escuchan aullidos durante la noches. Incluso me llamó la dueña de esa casa, que está deshabitada, y me contó que fue construida durante el siglo pasado por un militar y que fue utilizada como calabozo. Pero el punto es que esa casa, que se distingue de todas las demás casas bajas de la zona da cohesión al barrio, rompe la rutina y vincula a los vecinos en torno a un hecho que sobrepasa la vida cotidiana. Es un elemento aglutinador", explicó el psicólogo social. "Lo mismo sucede con una historia que se cuenta en el barrio de El Prado, donde hay un árbol que todo el mundo dice que tiene un aura especial, una luz distinta de todos los demás. Allí, a principios de siglo, se suicidó una pareja de jóvenes cuyo amor estaba reprobado por la sociedad de la época porque pertenecían a clases sociales distintas. Esa relación era la comidilla de todo el barrio, todos contaban chismes sobre ellos. Luego que se suicidaron, los vecinos chismosos, tal vez a nivel inconsciente, se deben haber sentido en cierta medida responsables por eso. La forma de elaborar esa culpa, fue darle una carácter mágico a ese árbol".
El otro puerto al que arribó Ganduglia es que todas las historias están relacionadas con la muerte. Para él ese fenómeno es algo que se explica en función de un cambio de estructura económica y social que experimentó Uruguay a fines del siglo pasado. Este país, contrariamente al resto de los países latinoamericanos, tiene una población mayoritariamente atea y un estado laico desde principios del siglo XX, razón por lo que llama la atención la abundancia de narraciones sobre seres del otro mundo que visitan a los de éste. "Montevideo, está claro, no es la ciudad racional que todo el mundo cree que es. Estas historias vienen a denunciar que existe algo más allá del trabajo, de la rutina. La gente, a partir de sus necesidades construye un más allá, reelabora situaciones conflictivas, como es la muerte, a través de la creación de seres mágicos", indica Ganduglia. El investigador recuerda que Uruguay a fines del siglo pasado pasó de una economía artesanal y agraria a una fabril. Para ello fue necesario crear también un cambio de mentalidad, los trabajadores ahora pasaban a ser obreros que debían permanecer durante varias horas dentro de un fábrica. Esa revolución industrial, lo han señalado historiadores uruguayos, es imposible de realizar si no se anula el temor a la muerte. "Si alguien tiene presente el tema de la muerte formula su vida de otra manera, vive cada día como si fuera el último. Si se aniquila esa idea entonces la gente se comporta como si la vida fuera eterna y planifica su vida a largo plazo. Ahí surgió el perfil gris, sobrio y reflexivo que nos caracteriza y el Uruguay del ahorro", especifica el autor de "Montevideo mágico".

OEI

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