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Le llaman la Atenas del Ecuador por su importante actividad
cultural, sus construcciones coloniales, sus bienales de pintura,
sus encuentros sobre literatura. Aunque siempre se dijo que quien
viaja a Ecuador y no visita Cuenca no conoció el país,
esta ciudad, capital de la provincia del Azuay, todavía no
había tenido un reconocimiento internacional tan importante
como cuando la urbe fue declarada por la Organización de las
Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura
(Unesco) como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Para sus habitantes, ese hecho tuvo un significado tan importante
que decidieron festejarlo a lo grande con una gran fiesta callejera
en la que participó la mayoría de los 300.000
habitantes de esta urbe localizada 350 kilómetros al sur de
Quito, a 2.500 metros sobre el nivel del mar.
Según el documento de la Unesco, se reconoce en Cuenca "la
belleza de su centro histórico, con un tipo particular de
arquitectura republicana" y "la armonía que guarda
con su entorno geográfico".
Para la periodista cuencana Susana Klinkicht, editora regional del
diario Hoy, es decisivo que los administradores culturales asimilen
el carácter integral de la declaración de la Unesco.
''¿Qué hacemos con los edificios, si no los llenamos de
vida? ¿Cuánto durarán, si no lo hacemos con
cultura?'', se pregunta.
En el centro histórico existen 26 edificios de valor
monumental, 602 de valor arquitectónico y 830 de valor
ambiental. El ministro de Desarrollo Urbano, Teodoro Peña, ya
anunció el rescate de 300 edificaciones antiguas de la
ciudad, mediante la entrega de un bono especial a los propietarios.
Klinkicht rescata el papel jugado en los años setenta por el
Movimiento Acción Cívica cercano a la Facultad de
Arquitectura, que se enfrentó a ciertos sectores interesados
en derruir el patrimonio edificado y contrarios a la cultura
cuencana.
''Los esfuerzos desembocaron en la creación del Instituto de
Patrimonio Cultural, de la Comisión de Centro Histórico,
la formulación de ordenanzas de protección por parte
del Municipio y finalmente en la declaración de la Unesco,
precisamente bajo el gobierno local del arquitecto Fernando Cordero,
desde hace décadas planificador de la ciudad y miembro de
Acción Cívica'', señala la periodista.
Según la editora, es difícil encontrar una actividad
cultural que se haya desarrollado en esta ciudad tan sistemáticamente
y con tanto aliento como la planificación urbana. ''La
Administración de Cuenca, desde hace años, absorbe las
mejores influencias y asesoramiento de técnicos de fuera para
engrandecer a la ciudad en forma organizada y respetuosa justamente
de su tradición y entorno.
También desde el inicio ha tenido representantes
sobresalientes en este cometido, que han sido invitados a disertar y
entregar sus experiencias en otras partes. Los avances están
a la vista'', asegura.
Sin desconocer los esfuerzos de intercambio y superación que
se han hecho con la Bienal de Pintura, con los encuentros de
Literatura, así como en favor de la producción
artesanal, Klinkicht cree que éstos todavía son un
tanto frágiles. Aunque destaca que ''existen afanes de
coordinación entre la Casa de la Cultura, las áreas
culturales del Banco Central, otras instituciones y personas, que
pretenden formular una política cultural para el milenio,
porque han reconocido esta debilidad, pero también las
potencialidades de la ciudad''. Por otra parte, destaca el trabajo
de las universidades, ''que han hecho todo por sistematizar su
trabajo y elevar su categoría científica''.
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