Nuevo Servicio Informativo Iberoamericano
Junio del 2000
Nuevas pistas sobre rituales ancestrales en el Cuzco
Tras una década de investigaciones arqueológicas y de archivo, salen a la luz nuevas pistas sobre el ancestral sistema de líneas rituales y santuarios del Cuzco incaico, en los que aún hoy son frecuentes las prácticas de la religiosidad andina.
Por Sergio Carrasco,
Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano de la OEI,
Lima, Perú.-
Este libro representa "una nueva percepción de la organización de una de las más grandes sociedades nativas del Nuevo Mundo", en palabras del autor



Alrededor de cinco siglos después de culminadas las "campañas de extirpación de idolatrías" (décadas de 1560 y 1570) que emprendieron los conquistadores españoles como parte de su estrategia de dominación colonial, recientes investigaciones arqueológicas y de archivo han arrojado nuevas pistas sobre el ancestral sistema de ceques (lineas rituales con cientos de cientos de huacas o santuarios diseminadas a lo largo de aquéllas) donde se realizaban ancestrales prácticas religiosas en la capital de los incas, el Cuzco, muchas de las cuales por lo demás persisten hasta nuestros días.
Ciertamente existen referencias a los ceques de mayor antigüedad, principalmente los escritos del meticuloso cronista jesuita Bernabé Cobo ("del templo del sol salían como de centro ciertas líneas, que los indios llaman, ceques; y hacíanse quatro partes conforme a los quatro caminos Reales que salían del Cuzco; y en cada uno e aquellos ceques estauan por su orden las Guacas, y adoratorios que hauia en el Cuzco, y su comarca, como estaciones de lugares pios, cuya veneración era general a todos").
Pero el interés contemporáneo por el sistema de ceques (que es el nombre de las líneas rituales que parten de lo que sus antiguos moradores consideraban el puputi -ombligo- del mundo) es relativamente reciente. Un artículo de Paul Kirchhoff de 1949 recoge por primera vez el asunto como tema de investigación académica, y cosa similar realizó el cuzqueño Manuel Chávez Ballón, uno de los primeros investigadores del tema, en varias obras inéditas. Luego vendrían las sesudas investigaciones de prominetes especialistas como Nathan Wachtel, John H. Rowe, Santiago Agurto Calvo y Tom Zuidema.
Y ahora la más reciente contribución bibliográfica corresponde a Brian S. Bauer: "El Espacio Sagrado de los incas. El Sistema de Ceques del Cuzco. Centro de Estudios Regionales Andinos "Bartolomé de las Casas". Cuzco, marzo 2000", que representa "una nueva percepción de la organización de una de las más grandes sociedades nativas del Nuevo Mundo", en palabras del autor.
De hecho, la importancia de los ceques trasciende el ámbito puramente espiritual. Este elaborado sistema, que era mantenido por diversos ayllus (grupos de parentesco) que hacían las ofrendas a las huacas (entes sagrados) de sus respectivas áreas, organizaba la ciudad también temporalmente puesto que algunas de las huacas eran al mismo tiempo señalizadores calendáricos.
En total, del templo del Sol o Qoriqancha salían, en una suerte de irradiación que refleja la importancia de la ciudad como el núcleo del Tahuantinsuyo y como centro del poder, 42 ceques hacia las montañas que rodean la ciudad.
Bauer dirigió entre 1990 y 1995 un proyecto en el Cuzco destinado a documentar el sistema de ceques sobre el terreno. "El proyecto comprendía una extensa prospección de la región del Cuzco para identificar la ubicación de las huacas y el curso de los ceques descritos en la obra de Cobo. También comprendía una investigación de archivo en Cuzco, Lima y Sevilla para así recoger documentación adicional sobre los grupos sociales de la región, las tierras que poseían y la posición de las huacas", señala Bauer.
a identificación de las huacas -328 según la Relación de las huacas de Cobo: manantiales, rocas, cerros y pasos montañosos, los palacios de los incas y templos, los campos y lugares llanos, tumbas, yen menor cantidad, canteras, cuevas, asientos de piedra, señalizadores de las puestas de sol, árboles y caminos- no fue tarea sencilla,. Sobre todo después de que se comprobó, con los pies sobre la tierra, que los ceques cuzqueños no corrían en forma necesariamente recta. "Ciertas huacas descritas por Cobo son rasgos únicos e inusuales del paisaje cuzqueño, algunas no sólo han sobrevivido físicamente hasta nuestros días sino que también han conservado sus topónimos tradicionales durante los últimos siglos", dice Bauer.
Es más, la prospección permitió determinar que varios de los lugares visitados siguen siendo considerados sagrados. Algunos, precisa Bauer, son rasgos topográficos notables "como manantiales prominentes y las cumbres de cerros elevados, mientras que otros constituyen formas bastante menos impresionantes. Por ejemplo, una pequeña piedra sin labrar denominada Condorrumi (piedra del cóndor), que se encuentra en el sendero que lleva del Cuzco a Chanan, es ampliamente respetada por las personas que usan este camino (y) en uno de nuestro muchos viajes a la montaña de Huanacauri encontramos los restos de una ofrenda que no tenía más de unas cuantas horas allí, con una vela que aún ardía." De otro lado, actualmente no es difícil encontrar en el mercado del Cuzco ofrendas preempacadas con diversos artículos (semillas de distintos tipos, hojas de plata y oro, tela y conchas marinas). Es decir, similares a las ofrendas que describe Cobos.
Curiosamente, señala Bauer, algunos de los rasgos naturales de mayor espectacularidad del Cuzco no figuran entre las huacas registradas como santuarios en la Relación de Cobo. Talos los casos de la montaña Mama Cimuna (4,342 m.s.n.m.), una de las más elevadas junto al valle del Cuzco, y de la mayoría de rocas talladas de Sacsahuamán.

Si bien las investigaciones etnohistóricas han privilegiado el sistema de ceques del Cuzco, lo cierto es que -como se deprende del examen de las tempranas referencias- la ciudad imperial de los incas no era la única que contaba con una red de santuarios semejantes.
Una de las evidencias más sólidas al respecto es el ritual de Capac Cocha, durante el cual se visitaban primero los santuarios del sistema de ceques del Cuzco y luego se enviaban sacerdotes a otras huacas del imperio. "Este ritual comprendía el transporte de ofrendas desde la ciudad del Cuzco a los santuarios más importantes del imperio incaico. Los objetos que les eran presentado variaban según la importancia de las huacas, pero la gama de ofrendas (por ejemplo, coca, llamas, sangre, conchas, telas, plata, oro, niños) era similar a la que aparece enumerada en la Relación de las huacas para el sistema de ceques del Cuzco", precisa Bauer. Este ritual, por cierto, se realizaba solamente en grandes ocasiones: cuando un nuevo Inca subía al trono o en momentos de grandes penurias, aunque simultáneamente los grupos de parentesco podían aprovechar la ocasión -y de hecho hay registro documental de que lo hacían- para promover sus propias causas.
La investigación realizada por Bauer corroboró además -a partir de la Instrucción para descubrir todas las guacas del Pirú y sus camayos y haziendas (1582) de Cristóbal de Albornoz- otra evidencia: la existencia de un sistema de santuarios de pequeña escala en torno a la pampa de Anta, a unos 15 kilómetros del Cuzco. Así mismo, otras investigaciones realizadas en Huánuco Pampa (Huánuco) y en Incahuasi (valle de Cañete, Lima), lugares donde se registraron patrones radiales similares, dan mayores luces sobre el asunto.
La existencia de estos otros sistemas, sin embargo, de por sí no ofrecen mayores precisiones sobre otro aspecto relacionado con los ceques, acaso más pedestre pero no menos sagrado: la hipótesis según la cual la intención ideal de los incas era usar los ceques como linderos de las tierras de cada panaca y ayllu que no formaban parte de la realeza. "Ahora que comprendemos mejor la distribución física de los santuarios y líneas de la región del Cuzco, espero que se lleven a cabo estudios adicionales que exploren la relación existente entre el sistema de ceques cuzqueño y la tenencia de recursos en la región", dice Bauer al respecto.
OEI

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