Nuevo Servicio Informativo Iberoamericano
Mayo de 2000
Un cementerio unico en Iberoamérica


- Se le denomina popularmente de Colón y con sus 56 hectáreas constituye un camposanto de características insólitas desde el punto de vista arquitectónico. Se encuentra en La Habana y guarda los restos de hombres famosos como el ajedrecista José Raúl Capablanca. Lo más llamativo no son los personajes sino las propias tumbas...

Por Alexis Schlachter,
Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano
de la OEI, La Habana, Cuba.-
Sobre la tumba de José Raúl Capablanca, el Campeón Mundial de Ajedrez, se aprecia el Rey Blanco. No podía ser de otra manera.




Encontrar cruces sobre tumbas en cementerios de Iberoamérica no resulta asunto llamativo ni digno de ser contado. La tradición cristiana es fuerte y enraizada en esta parte del mundo. Sin embargo, y sin salir del entorno iberoamericano, existe un camposanto considerado joya arquitectónica mundial donde podemos encontrar, junto a las clásicas cruces cristianas, desde una gigantesca figura de ajedrez a una ficha de dominó pasando por cierta tumba egipcia.
A un centenar de metros de la arteria más cosmpolita de La Habana, la calle 23, encontramos la imponente portada de la Necrópolis "Cristóbal Colón", considerado con sus 56 hectáreas de extensión como el mayor cementerio arquitectónico monumental del mundo.
Entre sus amplias avenidas y cuarteles interiores convergen prácticamente todos los estilos arquitectónicos: desde la reciedumbre del románico-bizantino a la magnificencia de los templetes griegos pasando por la gallarda capilla renacentista.
Tienen también su lugar, la diversidad de formas, desde el sobrio Art Decó a la audaz expresividad del modernismo.
La Piedad, escultura de Miguel Angel Buonarroti, tiene una excelente réplica sobre el panteón que guarda los restos de la familia Mendoza; pero cerca de allí llama poderosamente la atención cierta tumba cuya losa es nada menos que una ficha del juego de dominó: el doble tres. ¿A qué se debe tan sorprendente hecho que llama tanto la atención de los visitantes de este museo a cielo abierto?
En la historia de los camposantos del mundo no existe algo parecido, ni siquiera semejante. La historia es la siguiente:
la cubana Juana Marín era muy aficionada al juego del dominó, tanto que bien pudiéramos calificarla de adicta sin remedio. Su última data (juego) ocurrió el 12 de marzo de 1925 en el momento que le sobrevino un infarto por no poder poner su última ficha que era el doble tres. Murió con ésta apretada en su mano.
La familia, conocedora de su gran amor por el dominó que la llevó a la muerte cumplió mandando a tallar sobre la losa un doble tres y al costado la secuencia en la cual se encontraba el fatídico "tranque" del juego.
Tan insólita como esta tumba es la dedicada al famoso as del ajedrez mundial, el cubano José Raúl Capáblanca: sobre la losa un Rey blanco, símbolo de lo que significó aquel experto en el ámbito de los trebejos.
Hasta una lira hay en la Necrópolis de Colón. Sucede que un emigrante gallego de apellido Teijeiro, quien gustaba mucho de la música e hizo mucho bien a sus coterráneos más pobres cuando éstos llegaban a La Habana, murió en 1920 . Sobre su tumba, la esposa y la hija decidieron erigirle una bella lira de tamaño natural con inscripción funeraria en gallego.
No falta ni siquiera una pirámide en esta galería arquitectónica única. Se trata de un monumento egipcio, en escala a la pirámide Keops, con 147 metros de altura, y mandada a construir por el arquitecto cubano José F. Matta para servirle de última morada; evidentemente, su admi-ración por el mundo a las orillas del río Nilo fue más allá de la muerte.

Esta pirámide es hecha en pequeña escala con la pirámide Keops, en Egipto, pero está en el cementerio porque al fin y al cabo una pirámide es una tumba. {short description of image}
La tumba de la bordadora, hacia el suroeste del camposanto, fue creada con la singular alegoría escultórica de unas manos de bronce, en gesto de ensartar una aguja. Casi a tamaño natural, las manos salen de la losa que cubre el osario donde se hallan los restos mortales de la progenitora del escultor cubano Fernando Boada, quien simbolizó así en la actividad predilecta de la madre, toda la bondad y la tranquilidad que trasmitía la anciana en vida.
Eugenio Casimiro Rodríguez Carta se llama el único difunto enterrado de pie en esta necrópolis. El por qué tiene ribetes de comedia y drama. Este señor luego de cometer varios delitos graves allá por los inicios del siglo XX, y gracias a sus relaciones políticas, fue premiado nada menos que con la jefatura de policía de la importante ciudad cubana de Cienfuegos donde acabó asesinando al propio alcalde.
Parecía que ya nada salvaría al personaje pues, incluso, fue condenado a muerte en 1918 por tal suceso. Mas su buena suerte quiso que hubiera conmutación de pena por la de prisión perpetua y fue remitido al llamado Castillo de Príncipe de La Habana. Un día, mientras barría el patio del penal conoció casualmente a la mujer del alcaide, y a poco, inició un furtivo romance entre rejas.
La dama en cuestión resultó ser la hija del Presidente de la República y de más está decir cuán rápidamente gestionó el indulto de Casimiro y hasta la aprobación de la boda por parte del encumbrado padre.
Luego vendría una vertiginosa carrera política impulsada por el suegro y la riqueza y el poder lo acompañaron hasta la muerte.
Por eso cuando mandó a construir en la capilla familiar un nicho vertical para él, explicó el por qué de esta manera tan risueña: "un tipo que ha caído de pie en la vida, tiene también que caer parado en el infierno..."
OEI

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