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Encontrar cruces sobre tumbas en cementerios de Iberoamérica
no resulta asunto llamativo ni digno de ser contado. La tradición
cristiana es fuerte y enraizada en esta parte del mundo. Sin
embargo, y sin salir del entorno iberoamericano, existe un
camposanto considerado joya arquitectónica mundial donde
podemos encontrar, junto a las clásicas cruces cristianas,
desde una gigantesca figura de ajedrez a una ficha de dominó
pasando por cierta tumba egipcia.
A un centenar de metros de la arteria más cosmpolita de La
Habana, la calle 23, encontramos la imponente portada de la Necrópolis
"Cristóbal Colón", considerado con sus 56
hectáreas de extensión como el mayor cementerio
arquitectónico monumental del mundo.
Entre sus amplias avenidas y cuarteles interiores convergen prácticamente
todos los estilos arquitectónicos: desde la reciedumbre del
románico-bizantino a la magnificencia de los templetes
griegos pasando por la gallarda capilla renacentista.
Tienen también su lugar, la diversidad de formas, desde el
sobrio Art Decó a la audaz expresividad del modernismo.
La Piedad, escultura de Miguel Angel Buonarroti, tiene una
excelente réplica sobre el panteón que guarda los
restos de la familia Mendoza; pero cerca de allí llama
poderosamente la atención cierta tumba cuya losa es nada
menos que una ficha del juego de dominó: el doble tres. ¿A
qué se debe tan sorprendente hecho que llama tanto la atención
de los visitantes de este museo a cielo abierto?
En la historia de los camposantos del mundo no existe algo
parecido, ni siquiera semejante. La historia es la siguiente:
la cubana Juana Marín era muy aficionada al juego del dominó,
tanto que bien pudiéramos calificarla de adicta sin remedio.
Su última data (juego) ocurrió el 12 de marzo de 1925
en el momento que le sobrevino un infarto por no poder poner su última
ficha que era el doble tres. Murió con ésta apretada
en su mano.
La familia, conocedora de su gran amor por el dominó que la
llevó a la muerte cumplió mandando a tallar sobre la
losa un doble tres y al costado la secuencia en la cual se
encontraba el fatídico "tranque" del juego.
Tan insólita como esta tumba es la dedicada al famoso as del
ajedrez mundial, el cubano José Raúl Capáblanca:
sobre la losa un Rey blanco, símbolo de lo que significó
aquel experto en el ámbito de los trebejos.
Hasta una lira hay en la Necrópolis de Colón. Sucede
que un emigrante gallego de apellido Teijeiro, quien gustaba mucho
de la música e hizo mucho bien a sus coterráneos más
pobres cuando éstos llegaban a La Habana, murió en
1920 . Sobre su tumba, la esposa y la hija decidieron erigirle una
bella lira de tamaño natural con inscripción funeraria
en gallego.
No falta ni siquiera una pirámide en esta galería
arquitectónica única. Se trata de un monumento
egipcio, en escala a la pirámide Keops, con 147 metros de
altura, y mandada a construir por el arquitecto cubano José
F. Matta para servirle de última morada; evidentemente, su
admi-ración por el mundo a las orillas del río Nilo
fue más allá de la muerte.
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