Nuevo Servicio Informativo Iberoamericano
Mayo de 2000
El vino: una bebida milenaria


Con un notable cambio tecnológico Uruguay se ha puesto a la vanguardia en la producción de vinos en el mundo. La vitivinicultura tiene una larga tradición este en este país donde 50.000 personas viven en torno a esta industria.

Por Gustavo Laborde,
Corresponsal del Servicio Informativo Iberoamericano
de la OEI, Montevideo, Uruguay.-
Los primeros viñedos llegaron a Uruguay en 1726, junto a las 25 familias que, provenientes de las Islas Canarias, comenzaron la fundación de Montevideo. Los traían consigo para hacer cultivar parras que dieran sombra a los patios y uvas para la mesa, una costumbre que todavía hoy persiste en Uruguay.




Bajo el lema "el vino es bueno para el corazón'' la viticultura se ha convertido en la industria agrícola más pujante de Uruguay. La transformación tecnológica, el recambio de viñedos y la promoción de la calidad han sido las claves para reconvertir un sector que, si bien tiene una larga tradición en el país, hace 20 años se encontraba estancado. Ahora Uruguay, según los expertos internacionales, tiene una de las industrias del vino más modernas del mundo. Esto ha tenido un natural impacto en la sociedad, que se ha vuelto hacia el consumo de vinos al tiempo que ha cultivado un paladar exigente. En la actualidad en Uruguay se dedican 9.400 hectáreas al viñedo, se cosechan 120 millones de quilos de uvas y se producen unos 90 millones de vino por año.
La vendimia del 2000 culminará en abril. Aunque aún no se puede calcular la cantidad de litros que se producirá ya se conocen algunas de las características que va a tener el vino de este año. Luego de una temporada de severas sequías el fruto cosechado es sano, tiene una buena concentración de azúcar y dará un vino con una alta graduación alcohólica. En todo el proceso del vino están presentes los enólgos, entendidos en esta ciencia con mucho de arte, y los técnicos del Instituto nacional de vitivinicultura, un organismo integrado por representantes del estado y las gremiales de los productores que se lleva el crédito en la gran renovación que se viene operado desde 1978.


De la Mesopotamia a su mesa

La vid es una de las primeras plantas que el hombre conoció y el vino la bebida que posiblemente haya producido primero. En la antigua Mesopotamia, 6.000 años antes de la era cristiana, ya se fermentaban uvas para obtener un embriagante licor.
Grecia, cuatro mil años después, adoró el vino en el nombre del dios Baco y la literatura más antigua también da cuenta de la existencia del vino: Homero le dedicó algunos versos y el Antiguo testamento informa de una borrachera del viejo Noé. ``Se dedicó a la labranza y plantó una viña. Bebió del vino, se embriagó, y quedó desnudo en medio de su tienda'', dice. Pero esos vinos eran muy distintos a los de hoy en día.
El vino griego se supone que era un caldo bastante espeso, que incluso se servía en platos y al que era necesario diluir con agua para beber.
Pero los refinados romanos, en cambio, ya se tomaban sus buenos vinos añejados, bastante parecidos a los nuestros; incluso el naturalista romano Plinio el Viejo ya había descrito un centenar de variedades de uva y unos cincuenta de tipos de vino.
Los primeros viñedos llegaron a Uruguay en 1726, junto a las primeras 25 familias que, provenientes de las Islas canarias, comenzaron la fundación de Montevideo. Las traían consigo para hacer cultivar parras que dieran sombra a los patios y uvas para la mesa, una costumbre que todavía hoy persiste en Uruguay.
Hacia 1830 ya se comenzaban a explotar los viñedos con fines industriales. Uno de los impulsores de ese empresa fue Pascual Harriague, considerado padre de la vitivinicultura uruguaya. El fue el visionario que introdujo una variedad de uvas que por extensión se le comenzó a llamar Harriague, como su apellido, aunque su nombre, como su procedencia, fuera francesa: Tannat. Ahora, 170 años después, el nombre Tannat es la grifa emblemática de los vinos uruguayos en el mundo.
En Uruguay se producen aproximadamente 120 millones de kilos de uvas al año, con lo que la vitivinicultura ocupa el primer lugar en la producción frutícola del país. El 97% de ese volumen se dedica a la elaboración de vinos. Es importante destacar que no todas las uvas son aptas para hacer vinos.
Las variedades idóneas para la producción de esta milenaria bebida son llamadas vitis viníferas y, en muchos casos, son las que dan el nombre al vino. Es importante destacar que la denominación de los vinos proviene ya sea del tipo de uvas a partir del cual se elaboró o del sistema por el que fue hecho.




Los grandes amantes del vino prefieren los tintos y los blancos y dentro de ellos alos varietales. Un vino es varietal si está hecho a partir de una misma variedad de uvas (o compuesto hasta un 70% de la misma variedad). Es así que la uva cabernet sauvignon da vinos Cabernet Sauvingon y las tannat dan el vino Tannat. También hay vinos llamados ``de corte'', que son aquellos en los que participan vinos de varias variedades de uvas. Estos últimos tienen una ventaja con respecto a los otros: el vino varietal cambia su sabor según las variables que influyeron en la cosecha del año, pero los vinos `de corte' permiten, en cambio, que el bodeguero consiga el mismo gusto todos los años. En cuanto a si un vino es blanco o tinto depende de cómo fueron fermentados estos vinos.
El proceso de elaboración consiste, primero, en la recolección de la uva. Los enólogos se encargan de determinar el momento de las cosechas, para lo cual tienen en cuenta desde el peso del grano hasta el tipo de clima bajo el cual maduraron: el agente climático más pequeño influye en el posterior sabor de la bebida (por eso los varietales cambian según el año de cosecha).
Una vez recogida, la uva es molida (el fruto triturado se separa de las ramitas, llamadas escobajo) y depositada en grandes piletas, donde inicia el proceso de fermentación. La piel de la uva, llamada hollejo, es la que transporta las levaduras fundamentales para la fermentación mientras que el grano aporta el azúcar imprescindible para la vinificación.
El proceso es bastante complejo y su conocimiento es todo un arte, ya que desde la temperatura hasta el tiempo que se deja en contacto el jugo con los hollejos determina tipo y sabor del vino. En el caso de los tintos, los restos sólidos se maceran unas 48 horas junto al jugo, y luego se separan para que el brebaje fermente sólo entre 5 y diez días.
En el caso de los blancos el jugo se separa mucho antes del orujo (la piel de la uva) ya que es precisamente el hollejo, además del tipo de uvas, es lo que da el color al vino. Los vinos pueden ser nuevos o añejados, aunque en Uruguay se producen, básicamente, vinos nuevos.
La reconversión de este sector hubiera sido imposible sin la introducción de nuevas cepas de vides y sin el mejoramiento técnico de las 350 bodegas que hay en Uruguay. A ese aspecto apuntó la industria para mejorar la calidad del vino. Una de las razones de la depresión era que aún se cultivaban vides añejas, de 60 e incluso 80 años, que daban una uva de poca producción y desgastado sabor.
Uruguay, que se encuentra entre los 30 y 35 de latitud sur, tiene un clima templado que le permite el cultivo de vid en todo su territorio. La cantidad de lluvias, la buena insolación, los veranos suaves y las noches frescas, a lo que suma el impacto marítimo del océano Atlántico y el Río de la Plata le dan un perfil personal al vino uruguayo, que sin tener una gran producción como puede tener Chile o Argentina ha logrado destacarse dentro del mercado mundial.
El clima y los microclimas son determinantes a la hora de saber qué tipo de uva se cultivará, así como el gusto de la uva y, por supuesto, el sabor que tendrá el vino. En Uruguay se dan muchas variedades de uva, como la Merlot, Folle Noire, Cabernet Sauvignon y la Sirah, entre otras, pero la Tannat, especialmente en su versión tinto, es la que ha tenido mayor éxito y lauros en el exterior, donde en los concursos de vino lleva ganado decenas de medallas.
Pero también el mercado interno, en el que los jóvenes forman una buen porcentaje, ha sabido afinar su paladar y llegar a sentir una verdadera pasión por el vino nacional, del que se siente orgulloso. En ese fenómeno han influido también los varios clubes de catadores que se han creado en los últimos años en los que la gente aprende a distinguir con notable destreza la infinita variedad de sabores que hay en un vino noble.
El cambio tecnológico, responsable del vuelco radical que ha tenido la industria del vino, ha atendido varios aspectos de la producción. El más importante fue la renovación de cepas, para lo cual se ofrecieron alentadoras ventajas a los granjeros que quisieran renovar sus vides.
Pero también, gracias al asesoramiento de técnicos expertos a los productores, se está cambiando la forma de cultivar la planta y de elaborar los vinos. En este último aspecto se ha insistido en el control de la temperatura de los mostos durante el proceso de fermentación logrando así conducir el sabor de los vinos de acuerdo a la imaginación y el paladar de los bodegueros y enólogos.
Esto ha permitido un incremento notable en las exportaciones de vino. Estas pasaron de 169.000 litros de vinos en 1994 a 3.005.489 en 1999, de los cuales 2.780.801 litros eran de vinos tintos, en los que los exquisitos encuentran la mejor expresión de los vinos. OEI
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