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Con la operación a una paciente de 56 años, la ciencia
médica en Venezuela se coloca a la vanguardia en el abordaje
quirúrgico de esta alteración de la capacidad del
sistema óptico ocular de ajustar el enfoque a cada distancia,
la cual está fundamentalmente relacionada con el desgaste
natural de la persona a causa de la edad.
Los científicos no catalogan a la presbicia ciertamente como
una enfermedad, sino como una alteración determinada por el
envejecimiento de la persona.
A partir de los cuarenta años esta dificultad se hace
presente en el ser humano, tenga o no defectos refractivos. La
acomodación es la facultad del sistema visual que nos permite
identificar claramente todo lo que se encuentre delante de nuestros
ojos.
Para enfocar de cerca, el ojo pone en funcionamiento el mecanismo
de la acomodación, mediante el cual y por la acción de
los músculos ciliares, varía el espesor del cristalino
(una lente biconvexa en el interior del ojo), aumentando por tanto
la potencia del mismo. Esto hace que la imagen de un punto cercano
se forme en la retina, pudiendo verla con nitidez.
Con el paso del tiempo los músculos ciliares, como el resto
del cuerpo humano, va perdiendo tono y haciéndose menos
potentes. Al mismo tiempo, el cristalino se va haciendo menos
flexible, con todo lo cual la capacidad para acomodar y por tanto
para ver de cerca va disminuyendo con la edad.
Por tanto, la presbicia es considerada una condición fisiológica
y no patológica. La persona se entera de su situación
cuando comienza a sentir cansancio al leer y alejar el objeto o
texto con el fin de enfocar correctamente su visión.
Sin embargo, hasta el momento, la única solución que
se le ofrecía era someterse a un examen que determinara el
grado de desgaste de la visión para adaptarle lentes a la
persona. Por ello, arroja un rayo de luz en los pacientes con
presbicia el trabajo realizado por el oftalmólogo Georges
Anzoulatus y el equipo de especialistas integrado por Narda García,
Aroldo Pérez, Domingo Zambrano, Juan Carlos Superlano y
Beatriz Antzoulatos, en el Centro Oftalmológico del Hospital
de Clínicas Caracas.
Georges Anzoulatus explica, de manera sintética, que una
persona que nunca en su vida ha usado lentes, después de los
45 años pierde su capacidad de lectura progresivamente,
porque el cristalino que tenemos dentro del ojo pierde la fuerza de
acomodación y es entonces cuando se requiere de una lente
positiva o unas lentes bifocales para leer.
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