Nuevo Servicio Informativo Iberoamericano
Abril del 2000
Alimentos Transgénicos al banquillo:
¿Rechazarlos o aceptarlos?
· Son producto de la técnica de recombinación de moléculas de ADN y están siendo usados para crear una serie de nuevos alimentos o plantas que pretenden beneficiar al hombre, además de generar buenos negocios en la agricultura. Pero hay varios dedos apuntando a rechazarlos. En Chile, la discusión sobre el tema recién comienza.

Por Patricia Peña,
Corresponsal del Servicio Informativo

Iberoamericano de la OEI,
Santiago de Chile, Chile.-

Fotografías de
Patricia Peña-OEI

Frente a la duda que generan los alimentos o productos transgénicos, existe una falta contundente de estudios científicos serios y aceptados, y por ello se señala que por el momento no se han registrados casos de efectos nocivos o dañinos. En Chile como en el resto de Latinoamérica, el debate recién se abre entre científicos, legisladores y consumidores. Especialistas, autoridades, académicos y representantes de movimientos ambientalistas se reunieron a mediados de marzo en una mesa redonda sobre este tema organizado por la Comisión de Recursos Naturales y Bienes Nacionales de la Cámara de Diputados de Chile. A fin de cuentas de lo que se trata es sobre lo que comeremos en este nuevo siglo y para eso hay que estar bien informados.

La transgénesis: alterar para perfeccionar

Desde el mal de las vacas locas o el caso de la contaminación por dioxina en pollos en Bélgica, el tema de los alimentos transgénicos - también conocidos como Organismos Genéticamente Modificados (OGMS) - empezó a poner en contradicción al mundo científico que los elabora, a las empresas que los desarrollan y al simple consumidor que no entiende nada.

Y aunque estos casos no tienen nada que ver con esta técnica de la biotecnología, lo cierto es que la polémica se balancea entre los beneficios que puede traer en materia de calidad y duración de alimentos o productos para el hombre, la agricultura o incluso la medicina, y los miedos por los efectos colaterales.

Chile, como otros países de la región, encuentra su legislación y organismos fiscalizadores de alimentos o inspección agrícola un tanto atrasada en la materia. Y a eso contribuye aún más la falta de investigaciones contundentes que señalen los reales riesgos a los que podrían estar expuestos tanto el ser humano como las plantas que son sometidas a este procedimiento.

Alberto Cubillos, decano de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Iberoamericana de Ciencia y Tecnología, explica:

"Una planta transgénica es aquella a la que se la ha incorporado información hereditaria utilizando la técnica del ADN recombinante. ¿Cuáles son los caracteres que se están tratando de modificar en las plantas cultivadas? Se estima actualmente este llega a unos 100 caracteres. Entre esos atributos están: querer dar una mejor calidad nutritiva, generar una mayor estabilidad y capacidad productiva de los cultivos, lograr cultivos que sean de menor agresión al ambiente al reducir la necesidad de aplicar agroquímcos, o hacer más sustentable a la producción agrícola de un país al aumentar las alternativas productivas".
Entre las especies que actualmente están siendo sometidas a modificaciones están: el maiz, sorgos, trigo, cebada, arroz, tomate, papa, pimiento, repollo, coliflor, canola, algodón, remolacha azucarera, melón, vid, papaya, manzano, álamos, eucaliptos y algunas especies de pinos. El uso comercial de estas plantas se ha autorizado sólo en el caso de unos pocos cultivos, que en su mayoría corresponde a la soya, maíz, algodón, canola, y la papa. Aproximadamente un 69% de los casos la modificación ha sido para dar resistencia a herbicidas, un 30% dar resistencias a insectos, y el resto se relaciona a calidad comercial y nutritiva. Los países que han autorizado uso comercial de estas semillas en agricultura son Estados Unidos, Argentina y Canadá, y se estima que a la fecha se han cultivado unas 70 millones de hás con este tipo de plantas.
Se aprecia panel de participantes en Mesa redonda sobre Transgénicos organizada por la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara de Diputados, en Santiago de Chile a mediados de marzo.
En Chile no está autorizada la comercialización, ni la industrialización ni menos el consumo de estos productos, pero desde la década de los '70 se ha desarrollado experimentalmente la multiplicación de semillas transgénicas para después volver a exportarlas a sus países de origen. Actualmente hay unas 5 mil hás cultivadas con semillas de este tipo en los campos chilenos. Este trabajo se desarrolla en centros de investigación universitaria o privada, como el Instituto Nacional de Tecnologías de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile, el Laboratorio de Bioquímica de la Universidad Católica de Chile o la Fundación Chile , en lo que es por ejemplo el desarrollo de cultivos de papas resistentes a virus, de salmones transgénicos resistentes a enfermedades, de la modificación genética de hongos para su aplicación el cultivo de manzanos o el desarrollo de una especie de pino radiata resistente a la polilla del brote, entre otros.

Como explica Ricardo Uauy, director del Instituto Nacional de Tecnologías en Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile a la transgenia no se le puede desconocer una serie de potenciales beneficios como: "la obtención de vegetales resistentes a las sequías, al agua salada, producción de cultivos de mayor valor nutricional, animales con mayor eficiencia de reproducción, o el desarrollo de nuevos alimentos que protejan de enfermedades".


El arma de doble filo

Entonces si la transgenia es una valiosa herramienta del cual todavía hay mucho por descubrir, ¿por qué provoca tanto miedo y desconfianza? Desde la opinión de científicos como el decano Alberto Cubillo o el director del INTA en Chile, Ricardo Uauy, es porque fundamentalmente se trata de algo nuevo sobre el que tampoco el común de la gente tiene mucha información sobre lo que es y sus implicancias. Muchos de esos resquemores, que circulan casi a nivel de rumores o panfletos elaborados por asociaciones o grupos de consumidores, nacen del hecho que diariamente nos topamos en los estantes de supermercados con una cantidad de alimentos que por contener entre sus componentes algunas sustancias transgénicas, por ejemplo derivadas de la soya, se estima que no son seguras para la salud de las personas.

Como resume el doctor Uauy: "Los riesgos biológicos como asociados provienen de la posibilidad que ocurran efectos no previstos de los genes transferidos a los organismos recipientes de estos, a las posibles recombinaciones no favorables de los Organismos Genéticamente Modificados (OGMs) con variedades naturales de su misma especie, y por tanto a los efectos no previstos de un alimento nuevo sobre el ser humano, como las alergias, el desarrollo de tumores, etc"

Además los reclamos señalados por los detractores de esta técnica es que hasta ahora la transgenia no es sino sinónimo de un nuevo y gran negocio de las grandes empresas y holdings de biotecnología y transgenia, en materia de producción de super semillas y sus derivados. "A los transgénicos también se los asocia a una serie de problemas sociales y económicos: que esta nueva tecnología es más apropiada para la agricultura en gran escala, resulta en empobrecimiento de los agricultores pequeños y medianos, la protección de esta tecnología por patentes aumenta la dependencia de los agricultores en compañías productoras de semillas, o incluso la reducción de las ventajas comparativas de países productores con climas diferentes", resume Ricardo Uauy.

Si bien de repente se han publicado una serie de informaciones alertando sobre productos transgénicos, hasta ahora ninguno de los estudios realizados de manera científica en el mundo ha dado resultados positivos frente a estas consecuencias negativas.

Rafael Vicuña, profesor titular de la Facultad de Bioquímica de la Universidad Católica de Chile y con más de 20 años de trabajo en transgenia, advierte sobre algunas de las falsas alarmas que se han comenzado a difundir, como fue el caso de un estudio en la Universidad de Cornell en Estados Unidos, donde se trabajó con polen transgénico que es consumido por una variedad específica de mariposas, a los pocos días de que estas habían consumido el polen estaban muertas. Pero el estudio perdió toda validez porque no se especificaban varios datos, como los gramajes consumidos, y de las condiciones de laboratorio en que fue realizado el experimento y el estudio fue descalificado hace poco en la revista Nature.

"¿Representa un riesgo o una panacea? Por cierto que hay riesgos asociados, y lo importante es que se lo enfrente con calma, con ciencia, con conocimiento. Entre los riesgos que se mencionan por ejemplo, se dice que pone en jaque a nuestra biodiversidad, porque podría haber transferencia de genes con resistencia a herbicidas, hacia malezas vecinas que pudieran ser genéticamente compatibles. Pero eso no ha sido demostrado hasta ahora. Por eso, lo más importante frente a estos temas es adelantarse a las situaciones de posible riesgo y tomar las precauciones necesarias, adoptando para ello todos los controles posibles", plantea con una visión más optimista el profesor Rafael Vicuña.

{short description of image} El Dr. Ricardo Uauy, director del Instituto Nacional de Tecnologías de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile en su exposición


Científicos, autoridades y consumidores:
¿quién tiene la última palabra?

Dar un dictamen final parece complejo por ahora, en el tema. Pero quizás ahí está lo interesante, porque la última palabra está en manos de todos: desde los científicos que los producen, las autoridades que regulan y por supuesto los consumidores que los prefieran o no. Y en todo ello, las palabras información, transparencia y participación adquieren gran importancia.

Así lo precisa el doctor Ricardo Uauy, director del Instituto Nacional de Tecnologías de los Alimentos (INTA): "Hoy día es la percepción pública sobre los Organismos Genéticamente Modificados (OMGs) será lo que determine el éxito o fracaso de esta aplicación de la biotecnología. Por ello, es necesario profundizar la discusión para un uso apropiado de los OGMs, priorizar la necesidad de establecer mecanismos efectivos que aseguren a los consumidores la información adecuada, que supervise los efectos de su aplicación en gran escala, que se informe y se eduque a la población y consumidores. Los OGMs pueden ser aplicados a la producción de alimentos más sanos y seguros, también pueden ayudar a desarrollar nuevas variedades que nos ayuden a mantener o mejorar nuestras ventajas comparativas a nivel internacional en la producción de alimentos. Todo esto requiere de la utilización científica y racional de esta tecnología que sin duda será uno de los grandes desafíos del siglo que viene"

Por ahora, el Ministerio de Salud de Chile a través de su departamento de salud ambiental ha conformado una Comisión sobre el tema para trabajar desde distintas áreas: la evaluación de desarrollar un sistema de etiquetaje de los alimentos transgénicos, un informe sobre las implicancias en salud pública que el consumo masivo y autorizado de estos alimentos tendrían, discusión que ha planteado el Codexus Alimentarius y cuya posición aún no ha sido definida por Chile. Además se ha planteado la necesidad de realizar un completo un catastro de los alimentos transgénicos que se plantan, producen y se comercializan en Chile. Y por cierto, un largo camino que queda en relación a la educación a la comunidad sobre las implicancias, oportunidades y riesgos que tiene el consumo de alimentos transgénicos.
OEI
Personas comprando tomates y frutas en una típica feria de barrio en Santiago.

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