Aymaras buscan retornar a la comunión con la naturaleza

"Hoy, para sembrar y cosechar, ya nadie se saca las abarcas (sandalias) como lo hacían nuestros abuelos. Ya no le cantan ni le hablan al espíritu de la papa. ¿Cómo vamos a esperar que la cosecha sea buena si no la protegemos? Ya no entierran hoy en las cuatro esquinas las papas más grandes junto con la coca para que la cosecha sea buena" dice el amauta (sabio aymara) Policarpio Flores Apaza.



El sabio amauta Policarpio Flores Apaza, autor del libro "El hombre que volvió a nacer".
Fotografía Fernando Escobar

Por Fernando Escóbar Salas, Corresponsal del Servicio Informativo de la OEI, La Paz, Bolivia.-

Mientras unos se empeñan en dañar la naturaleza, sin medir las consecuencias que de acción depredadora para las futuras generaciones, los líderes espirituales aymaras se empeñan en rescatar las costumbres que dieron florecimiento a su cultura en los Andes de la América del Sur. Su lucha es por reponer los valores de respeto y comunidad que se van perdiendo paulatinamente.

Las expresiones utilizadas en el encabezamiento de este artículo resumen el sentir de los hombres aymaras que vivían en comunión con la naturaleza, a la cual respetaban y le rendían honores por cada uno de los favores que de ella recibían lo que, en última instancia, constituía el factor de supervivencia de sus pueblos.

El pueblo aymara, hasta hace poco muy respetuoso de sus ancestros, sus costumbres y de la naturaleza, ha visto doblegar su cultura por efecto de la introducción de los medios de comunicación masivos a sus comunidades más remotas. Como consecuencia, existe una migración masiva de indígenas a las ciudades y con ello una pérdida de sus valores, costumbres y dignidad en sus niveles de vida.

Los sabios aymaras conocidos como amautas, han iniciado

la desigual tarea de contrarrestar ese bombardeo tecnológico, recorriendo sus comunidades y reuniéndose con los líderes y con el pueblo en general, a fin de restablecer los principios que rigieron su vida y que les permitieron vivir dignamente.

"Nosotros debemos caminar como lo han hecho nuestros abuelos, con el mismo sentimiento, con el mismo pensamiento, escuchando a nuestros corazones, agrandando nuestro espíritu. Hay mucha sabiduría en la naturaleza: debemos observar nuestras montañas y ser como ellas, fuertes y con un espíritu bueno, que protege a los demás, que abraza a los demás. Debemos hacer y no hablar en vano. Debemos escuchar y observar a los ríos y ser como ellos, transparentes, con un corazón limpio, sin esconder nada. Debemos observar las nubes que van junto al viento y dan sombra y lluvia a todos. Debemos aprender del Padre Sol que da calor y vida a todos. Debemos aprender de la Pachamama que nos brinda alimentos para todos. Debemos aprender del viento que purifica a todos".

Las tradiciones y costumbres aymaras han sido transmitidas de generación en generación en forma oral, No había hasta ahora nada escrito como lo hizo, con la ayuda de antropólogos y sociólogos el sabio amauta Policarpio Flores Apaza, quien desgrana sus conocimientos en un libro "El hombre que volvió a nacer" que fuera presentado recientemente. Ese texto viene a constituir un rescate de esas prácticas que unía a los antiguos aymaras con las fuerzas de la naturaleza.

"Algunos hermanos sallqas (los que engañan) como ya no conversan con la Pachamama, la pisan, como no conversan con los animales, con las plantas, con las piedras; no conocen el idioma, es decir, desconocen nuestra cultura, nuestras raíces y se equivocan fácilmente al transmitir sus mensajes. Hoy nos enfermamos y necesitamos al doctor porque hemos perdido el contacto con la Pachamama, con las plantas y no sabemos que la Pachamama es medicina para nuestro cuerpo y nuestro espíritu".

El sabio aymara argumenta que sus abuelos caminaban con paso seguro porque hablaban con la Pachamama, con las estrellas, con las flores, es por eso que no se equivocaban. Cuenta que antes, para sembrar, se reunían todos los Mallkus (autoridades y ancianos) y la comunidad en general, distribuían roles y todos colaboraban, desde los más pequeños. Todo era regocijo, una fiesta comunal, con cantos, con bailes, con comida. Luego revela una serie de detalles y fechas para la preparación de tierras, para la siembra.

Por ejemplo señala: "para la qhipa sata (siembra central) hay que observar del 20 al 24 de agosto. Si al finalizar agosto del 28 al 30, salen a flote los gusanos, indica que ésta no será buena. Pero si llega la lluvia y no saca a flote a esos animalitos, indica que las tres siembras serán buenas. También se puede pronosticar una buena siembra observando al liqi liqi (ave de la pampa). Si pone sus huevos en lugares altos, indica época o año lluvioso, pero si pone sus huevos en lugares bajos, será un año seco".

La observación de las estrellas, los planetas y la luna era, en otros tiempos, factor clave para la obtención de buenas cosechas o la preparación para malas épocas. Policarpio Flores habla de la Kurusa Warawara (Cruz del Sur) del Qutu (las Pléyades) y muchas otras estrellas y constelaciones cuyo brillo, color, aparición o desaparición, anuncian años favorables o sequías.

En este libro se recogen además costumbres sabias para la construcción de viviendas, la utilización de los mejores materiales de construcción para hacerlas seguras, abrigadas y útiles. Critica la utilización de gas y ollas metálicas en la preparación de alimentos.

Respeto a los mayores y menores

El respeto a los mayores y también a los menores, era una costumbre muy enraizada en los aymaras, Ellos tenían saludos especiales para los padres, para los abuelos, para el hermano mayor, para el hermano menor, para el tío mayor, el tío menor, como "Dios te dé un buen día, tía mayor", o "Todo lo mejor para ti hermano menor".

Los amautas tienen la responsabilidad de orientar al pueblo porque ellos están señalados por Dios, luego de seguir un proceso especial de aprendizaje y finalmente de un rito en el que solamente otro amauta puede iniciarlo. Este es humilde y sencillo, abre su corazón a todos, conversa con todos, transmite sus conocimientos. Cada paso que da es guiado por sus ancestros y por el Gran Espíritu, hace la voluntad del Padre. Señala un camino con certeza, siembra la verdad.

El amauta es el que une el cielo con la tierra, es el vínculo entre todos los seres, equilibra las fuerzas y da a todos su lugar. Amauta significa que ama a todos sin discriminación de raza, credo, clase social o color.

Todos nos debemos a todos

Los sociólogos Fernando Montes y Elizabeth Andia, que apoyaron a Policarpio Flores, destacan la filosofía de la ayuda comunitaria para el mantenimiento de una sociedad como la de los aymaras.

Cuando uno quiere ayudar, lo debe hacer de corazón y lo debe hacer sin ningún interés, sólo con el sentimiento de poder ayudar. El aymara ayuda a través del ayni (modalidad de ayuda mutua que consiste en un intercambio recíproco de bienes o servicios iguales), no como ley, pues consideran que todos somos hermanos y todos nos debemos a todos. El ayni es una ayuda permanente entre todos y eso se hace de corazón, no porque alguien le obliga o dice que debe ser así . "Nuestros abuelos vivían con mucho respeto entre todos y por eso que cuando existe ayni, mink’a, phayna (otras formas de ayuda recíproca o trabajo colectivo) nace del corazón y el ayllu (comunidad aymara), puede existir", -dice Policarpio Flores, "el ayni es ser hermanos, es ayuda permanente, el ayni no se acaba nunca, siempre empieza porque nos necesitamos. El aymara, el corazón aymara, el sentimiento aymara, es de unidad".

Explica que el ayllu es la reunión de mucha gente con el sentimiento de hermandad, el ayllu, inclusive, es la unión con la madre tierra, las plantas, los animales "y para eso no necesitamos ni política ni religión, sólo un corazón grande" concluye el amauta. John Lenon en su tema "Imagine", nos habla también de mucho de esto, lo que significa que estos principios aymaras son, en realidad, un sentimiento universal que tiene que ser recuperado para humanizar las sociedades con miras al próximo milenio.

OEI

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