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" Espacio Iberoamericano del Conocimiento
Integración a gran escala"
Entrevista con Julio Theiler
En el marco de la reunión de responsables de la Educación
Superior en 23 países Iberoamericanos, realizada en Bogotá
- Colombia, Julio Theiler, asesor internacional en temas académico-científicos
y actual Secretario de Relaciones Internacionales de la Universidad
Nacional El Litoral de Argentina, concedió una interesante
entrevista a la Revista Internacional Magisterio-Educación
y Pedagogía, en la que expresa no sólo su visión
y desafíos de la Educación Superior, sino explica
además el alcance y resultados del más ambicioso Proyecto
de integración, transferencia y beneficio mutuo de conocimiento
en el campo de la investigación, educación, ciencia
y tecnología en Iberoamérica. Éstas fueron sus declaraciones
a la periodista Sandra Patricia Ordóñez.
Introducción
En la esfera de las políticas nacionales de Educación
Superior de los países Iberoamericanos, se viene gestando
desde hace dos años un proyecto de integración regional
que tiene como objeto el fomento de la cooperación en la
generación, difusión y transferencia de los conocimientos
sobre la base de la complementariedad y el beneficio mutuo. Con
ello se pretende contribuir a mejorar la calidad y pertinencia de
la educación superior, avalar la investigación científica
y la innovación tecnológica, y como resultado de todo
ello, establecer una dinámica educativa transnacional que
haga viable el desarrollo sostenible de la región y su posicionamiento
en el ámbito global. Sandra Patricia Ordóñez
Castro. Comunicadora Social (Colombia).
Revista Internacional Magisterio: ¿Cuál es su visión
de la Educación Superior hoy en América Latina?
Julio Theiler: Yo creo que hay distintas situaciones en la propia
América Latina. Hay sistemas de Educación Superior
en que el 95% de los estudiantes estudian en universidades públicas
gratuitas. Ese es el caso de Uruguay, por ejemplo, hay otros países
en que el 90% o el 88% de los estudiantes estudian en universidades
del Estado y gratuitas, como el caso de Argentina. Luego, hay situaciones
muy particulares como la de Brasil, donde la educación pública
es gratuita, pero el examen de ingreso es muy, muy duro, lo cual
provoca, según el propio ministerio brasilero, situaciones
de inequidad porque aquel estudiante mejor preparado en la escuela
media (que por lo general viene de escuelas privadas), es quien
más fácilmente accede a la universidad pública
gratuita, mientras que aquel que viene de una escuela secundaria
pública termina pagando el estudio en una privada. Hay también
modelos, como el colombiano probablemente, en los que la universidad
privada es muy fuerte, incluso en la cantidad porcentual de estudiantes.
Yo creo que cada país tiene su propia realidad y todas son
muy respetables.
Lo que sí resulta común a toda la región es
la necesidad de unir esfuerzos para posicionarnos en el concierto
mundial del modo en que creo nos merecemos. A nivel de la Educación
Superior esta situación es clara: existe en general un factor
común asociado al rezago que la región tiene en términos
de producción científica, de innovación, de
graduados universitarios en comparación con el resto del
mundo, de relación de las instituciones educativas con las
empresas
Hay muchísimo camino por recorrer. La heterogeneidad
se da en tanto existen dentro de este marco general, situaciones
muy diferentes
países como Brasil, que tienen un nivel
de desarrollo académico y científico interesante,
con inversiones en Educación Superior y tecnología
de un nivel aceptable internacionalmente
países como
Chile, Argentina, México, que tienen un nivel de competitividad
significativo
y otros que están buscando su lugar,
cada uno de un modo aislado. Esa es tal vez otra característica
de nuestra región: la de procurar caminos individuales, cuando
hace muchos años venimos proclamando la necesidad de integración
regional. En ese sentido son muy importantes algunos esfuerzos que
se están haciendo para trabajar en conjunto, para promover
sinergias, que vienen operando desde el IESALC (Instituto de Educación
Superior para América Latina y el Caribe) de la UNESCO, desde
la SEGIB (Secretaría General Iberoamericana), la OEI (Organización
de Estados Iberoamericanos para la educación en la Ciencia
y la Cultura) y el CUIB (Consejo Universitario Iberoamericano) que
reúne a todos los concejos de rectores de los países
de Iberoamérica. Todos estos esfuerzos son una señal
positiva en un camino que necesariamente tenemos que recorrer.
R.I.M. ¿Cuáles son los principales desafíos
para la Educación Superior latinoamericana?
J. T. Creo que nuestra región debe actualizar los currículos
de formación universitaria. Tenemos que ser mucho más
dinámicos en la actualización permanente de los planes
de estudio de las carreras y promover esquemas de formación
desde otro tipo de acciones como por ejemplo la movilidad de los
universitarios, estudiantes y profesores entre nuestros países.
Tenemos que crear una comunidad iberoamericana y eso, en mi opinión,
se debe hacer particularmente a través de los jóvenes.
Debemos instituir un espacio de integración que, en el marco
de la diversidad, encuentre factores comunes que promuevan la coordinación
de esfuerzos y un desarrollo más rápido de la educación
superior.
R.I.M. ¿En qué consiste el proyecto del espacio Iberoamericano
del conocimiento?
J. T. Hay una organización Iberoamericana a nivel de los
presidentes de los países, la Cumbre Iberoamericana de Jefes
de Estado, que ya tiene más de diez años de andamiaje.
Desde hace unos pocos años esa cumbre tiene una Secretaría
permanente con sede en Madrid, la SEGIB (Secretaría General
Iberoamericana), que viene trabajando con la OEI (Organización
de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia
y la Cultura), en una idea llamada Espacio Iberoamericano del Conocimiento.
¿De qué se trata? Precisamente de crear un espacio
de integración de nuestra región: un espacio donde
se promueva la integración de la Educación Superior,
la cooperación entre nuestros distintos sistemas e instituciones,
y la tendencia a la homogenización de las estructuras. De
instituirse finalmente, este espacio tendrá diversas líneas
de acción entre las que se destacan la Movilidad Estudiantil,
la homogenización de los sistemas de evaluación y
acreditación universitaria (ya de hecho hay una Red Iberoamericana
para la Acreditación de la Calidad y la Evaluación
de la Educación Superior, RIACES, que está trabajando
en ello), y la cooperación para la investigación a
nivel de la innovación.
R.I.M.¿Qué es la movilidad estudiantil y cuál
es el valor estratégico de su implementación a nivel
regional?
J. T. La movilidad estudiantil consiste en que los estudiantes de
la región tengan la posibilidad de salir a realizar parte
de su carrera en una universidad de otro de nuestros países
y luego regresar, terminar y graduarse en su propia universidad.
El valor de esta movilidad está demostrado: en la Unión
Europea a nivel de la educación superior, la movilidad estudiantil
inició con un programa llamado ERASMO que nació en
el año 89 y ese esquema fue el motor de la integración.
Nosotros, buscando nuestro propio camino de desarrollo, tenemos
que avanzar en el mismo sentido y para eso la región ya tiene
varias experiencias: hay un programa de movilidad de toda Latinoamérica
que es organizado por la Unión de Universidades de América
Latina y el Caribe, que se llama UDUAL; en el Mercosur hay dos programas,
El Grupo Montevideo, en el que participa la Universidad Nacional
del Litoral, y una experiencia gubernamental que se llama MARCA,
que está gerenciada por los Ministerios de Educación
de los países que desarrollan movilidad.
Estas experiencias funcionan con un número todavía
bajo de estudiantes, pero ya comienzan a demostrar el alcance del
modelo: un rédito individual indiscutible para el estudiante,
pero además muchísimo rédito institucional,
ya que las universidades intercambian estudiantes, se reconocen
en su calidad, los profesores se conocen y esto hace que estemos
más cerca unos de otros y empecemos a romper esas fronteras
que tanto nos han dividido desde el nacimiento de nuestras naciones
y que tan perniciosas han sido para el desarrollo de nuestros países.
Con el Espacio Iberoamericano del Conocimiento el desafío
es superior
supone un salto de calidad y de cantidad porque
se involucran los gobiernos. Entonces la movilidad ya pasa a ser,
no la sumatoria de esfuerzos aislados, sino una política
oficial de los países. Eso hace una gran diferencia y aumenta
el nivel de las expectativas.
R.I.M. ¿Se está pensando en generar esta movilidad
en distintos niveles de la Educación Superior?
J. T. Hay una tendencia de opinión y un consenso en el sentido
de crear un sistema de movilidad iberoamericano que tenga más
de un componente: por una parte la movilidad de estudiantes de pregrado
(hay una especial demanda, varias redes lo están diciendo,
ya que hay problemas financieros) y, por otra parte, el desarrollo
de redes de cooperación en el postgrado. En esta línea,
la idea es promover la cooperación entre universidades con
mucho desarrollo en carreras de postgrado y otras con poco en áreas
temáticas declaradas prioritarias. Las universidades se consorciarían
en redes para desarrollar cooperación a través de
la movilidad: habría becas para hacer estancias y desarrollar
una parte del estudio y también para que jóvenes profesores
de esas instituciones más rezagadas, vayan a obtener una
postgraduación en las más desarrolladas. Es un esquema
múltiple de movilidad que puede además llegar a coordinarse
con otros aspectos de cooperación en investigación
dentro de la misma red.
R.I.M. ¿Qué tan alta es la probabilidad de que se
instituya dentro del esquema de cooperación ese espacio para
la investigación?
J. T. Aquí no se invierte mucho dinero en Educación
Superior ni en Investigación y los dineros que se invierten
no son coordinados entre los distintos países. Salvo excepciones,
no hay acciones conjuntas y esto es un desafío para la región
y sobre todo para las autoridades de los Ministerios de Educación
que deberán tomar decisiones pero también compromisos.
R.I.M. ¿Cuáles son esas áreas que se consideran
críticas en la región y que tendrían prelación?
J. T. No hay un desarrollo hacia la definición de áreas.
Esto también de algún modo es un desafío, pero,
desde luego están sobre el tapete medio ambiente, las nuevas
tecnologías
la nanotecnología, las tecnologías
de la información y la comunicación
Yo creo
que la región tiene un esquema de desarrollo que no puede
olvidar, pero también tiene que prestar atención a
aquellas áreas científicas en las que no ha tenido
impacto como región. Creo que la ciencia básica es
imprescindible, pero una falencia nuestra es justamente cómo
esa ciencia básica es aplicada a nuevos procesos o productos.
Creo que hay un trabajo que en pocas palabras refleja lo que es
la investigación científica y tecnológica en
América Latina, que dice que se invierte poco, hay pocos
investigadores, la producción es bastante escasa y esa escasa
producción tiene una aplicación también muy
escasa en la generación económica asociada a la investigación
y a la innovación. Somos un continente que tiene muy pocas
patentes y eso es un claro reflejo de esta realidad.
R.I.M. ¿Cómo contribuiría el Espacio Iberoamericano
del conocimiento a preservar el capital intelectual de la región
para el desarrollo interno?
J. T. Cuando una persona quiere obtener un doctorado y no puede
realizarlo en su propio país porque la oferta es muy escasa,
termina haciendo el esfuerzo de estudiar afuera y, en nuestro caso,
la mayor parte de esa gente que estudia afuera, no lo hace en la
propia región, aún cuando tengamos sistemas de postgrado
muy desarrollados. Entonces aparece ese viejo fantasma que es la fuga de cerebros, asociado a que a una persona que obtiene una alta
cualificación, un doctorado, por ejemplo, se le abren muchas
puertas y posibilidades laborales en países donde la función
de un investigador es más valorada que en los nuestros, de
manera que es posible que no regrese. En un marco de cooperación
internacional de la región, este es un riesgo que, no digamos
que desaparece, pero casi, con lo cual estaríamos capitalizando
la generación interna de conocimiento y, por ende, de desarrollo.
R.I.M. ¿En qué sentido se busca transformar la educación
superior en términos de innovación?
J. T. Yo creo que nuestro horizonte debe ser una educación
superior de calidad, una educación superior actualizada,
que no le tenga miedo a los cambios. Nuestras instituciones suelen
ser muy conservadoras y no está mal que lo sean: la universidad
mundial, por definición, es una institución conservadora,
pero debe estar muy abierta a las nuevas tecnologías. En
nuestra región hay experiencias en el uso de las nuevas tecnologías
de la información y de la comunicación, sobre todo
en aplicaciones para la educación a distancia, pero creo
que todavía son débiles. La tecnología puede
ser definitiva en nuestros países, sobre todo para integrar
las zonas más postergadas. Yo creo que ese horizonte de calidad
unido a la política de integración y cooperación
regional, puede llegar a hacer una enorme diferencia, un salto cualitativo
de importancia.
R.I.M. ¿Cómo se integran conceptos como diversidad,
minorías étnicas y culturas regionales en esta proyección
de la educación superior en al ámbito Iberoamericano?
J. T. En todas las acciones políticas en Iberoamérica
se destaca el tema de la preservación cultural, de las minorías,
de rescatar los valores culturales regionales. Esto es muy importante
y en el Espacio Iberoamericano del Conocimiento esta preocupación
es explícita. El tema de género no aparece como un
problema en la región. Hay muchos países en los cuales
las mujeres integradas a la educación superior superan en
número a los hombres. En otros países, tal vez los
más pequeños o con menor nivel de desarrollo, esa
proporción se invierte, pero siempre hablando de un número
muy cercano
48% a 52% aproximadamente.
En el tema de las etnias no hay suficiente información y
creo que sí se debe hacer un esfuerzo muy grande para incorporarlo,
no sólo hablando de movilidad, sino de educación superior
en general. En esto creo importante destacar un problema global
que compete al tema de las minorías, que es la pobreza. Estamos
en una región tremendamente desigual. Aquellos países
que en buena parte del siglo XX se apartaban de esa realidad latinoamericana
como Argentina y Uruguay, han entrado en un proceso de aumento de
las desigualdades internas y hoy por hoy el problema es muy difícil
de resolver y creo que la educación es una de las llaves
a largo plazo. En este sentido me parece que no hay soluciones a
corto plazo, sino el desarrollo de políticas claras e inteligentes
en las que haya continuidad.
R.I.M. ¿Podría decirse que el proyecto busca la democratización
del acceso al conocimiento en la región?
J. T. Sí. Las palabras llave del Espacio Iberoamericano son
democratización, cooperación, integración,
calidad, evaluación. Estas palabras definen de algún
modo el proceso en el que estamos empezando a comprometernos.
R.I.M. ¿Qué acciones se prevén en el propósito
de la homogenización de los sistemas de evaluación
y acreditación universitaria?
J. T. Una es, sin duda, la institucionalización de un sistema
de créditos y acciones que tiendan a homogeneizar los planes
de nuestras carreras. Hay un proyecto muy interesante a nivel Latinoamericano,
apoyado por la Unión Europea, que se llama Tuning. Este es
un proyecto de largo aliento cuya primera fase ya está hecha,
y que justamente tiende a comparar las carreras por competencias.
El Espacio Iberoamericano del Conocimiento va a tratar de coordinar
con ese proyecto que analiza las carreras por competencias y va
a proponer a mediano plazo un sistema de créditos académicos
latinoamericano. Cabe anotar que este tipo de acción es imprescindible,
aunque a nivel de las autoridades políticas genera cierta
cautela. Eso es comprensible, pero hay que propender por la convergencia.
Podemos tomar como prototipo el proceso de Bolonia
es el
ejemplo de una región muy particular, con más dispersión
que América Latina en cuanto a idiomas y costumbres, pero
en donde una fuerte convicción política lleva el proceso
de integración adelante con mucho éxito en términos
de movilidad, de convergencia de la Educación Superior (las
carreras están convergiendo a una duración común,
a unos objetivos comunes), de un sistema de créditos que
ya existe hace muchos años, llamado ECTS, y de suplemento
a diplomas, que es una certificación homogénea que
permite la movilidad laboral. Ojalá nosotros con el tiempo
alcancemos éxitos similares con nuestras propias decisiones
y nuestros propios esquemas, de manera que nuestros países
conquisten un lugar en el mundo. Un país aislado no tiene
futuro en un mundo global y en ese sentido el lugar de integración
de nuestros países es claramente nuestra región.
R.I.M. ¿Para cuándo se prevé, de acuerdo con
las discusiones que se han adelantado, que este proyecto se haga
oficial y empiece a ejecutarse?
J. T. Creo que hay un germen importante en toda la región
y las redes de universidades que hay funcionan como esquemas de
integración, algunas más o menos, otras muy bien
hay organismos que tienen una política muy proactiva con
los procesos de comparabilidad, integración, de cooperación,
como la IESALC de UNESCO, ahora la SEGIB, la OEI y hay mucha predisposición
gubernamental para promover el Espacio Iberoamericano del Conocimiento.
Entonces creo que hay una serie de situaciones favorables, que espero
puedan cristalizar. De haber un real compromiso de los países
y un trabajo de coordinación de la SEGIB y de la OEI, creo
que 2008 será un año de planificación de los
esquemas concretos de movilidad, de convocatoria, de redes, de concursos,
etc., y es posible que comiencen las movilidades. Claro, todo irá
en escalada
poco a poco
Lo importante es que haya buenas
ideas y continuidad como factores claves para el éxito.
R.I.M. ¿Cuál es el horizonte último de esta
clase de iniciativas?
J. T. Con esta iniciativa se hace un esfuerzo muy grande por desestructurar
las relaciones en el proceso de integración a través
de participación de los jóvenes. Estas personas que
empiezan a palpar América Latina, a conocer otras realidades,
a conocer las desigualdades, son los futuros dirigentes de los países
en no tantos años y esta dimensión iberoamericana
que se les quiere inculcar con el programa, seguramente va a aportar
puntos en nuevas formas de desarrollo y convivencia.
Entrevista coordinada por la Oficina de Comunicaciones, OEI - Bogotá.
Textos Cortesía de Revista Magisterio Internacional, edición
noviembre de 2007.
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