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Organización de
Estados Iberoamericanos
 Para
la Educación, la Ciencia y la Cultura |

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Formación
continuada del profesorado de Ciencias. Una experiencia en Centroamérica
y El Caribe |

1.4.
Ejemplo de uno de los módulos desarrollados:
La evaluación
del proceso de enseñanza/aprendizaje de las Ciencias
(Taller
de investigación dirigida)
Daniel Gil Pérez
Universitat
de València

Índice

Presentaremos aquí con algún detalle
un ejemplo de la forma de trabajo realizado en la fase presencial de Panamá,
donde cada módulo fue concebido como un taller dedicado a
abordar las distintas problemáticas, en forma de una investigación
dirigida.
Hemos pretendido, con ello, salir al paso de la
escasa efectividad mostrada por los cursos destinados a transmitir al
profesorado las propuestas elaboradas por los expertos. Se ha comprendido,
en efecto, que, sólo si los profesores participamos en la
construcción de las nuevas orientaciones didácticas,
podremos incorporarlas a nuestra actividad docente. Y se ha comprendido,
igualmente, que el profesorado puede realizar esta tarea con interés
y excelentes resultados, si se crean las condiciones que favorezcan un
trabajo colectivo con las características de una investigación
dirigida.
Esto es lo que hemos intentado hacer en este taller
dedicado a la evaluación del proceso de enseñanza/aprendizaje
de las ciencias y lo que pretendemos reflejar aquí a título
de ejemplo. Coherentemente con ello, este documento no constituirá
un artículo al uso, sino la transcripción, obviamente
resumida, del trabajo realizado por los equipos de profesores, que fueron
abordando las actividades del programa de investigación propuesto y
cotejando sus producciones con las de los otros equipos y con el resto de
la comunidad científica. A tal efecto, las actividades ( designadas
como A.1., A.2.,
) van acompañadas de comentarios que resumen
el desarrollo de las mismas, el contenido de las intervenciones de los
participantes en el taller, las puestas en común, etc. De esta
forma, el lector podrá realizar el seguimiento del proceso de
construcción de conocimientos didácticos en torno a la
evaluación que este programa de actividades pretende favorecer.
La evaluación
del proceso de enseñanza/aprendizaje de las Ciencias
(Programa de
actividades y comentarios)
Quizás debamos comenzar planteándonos
si merece la pena dedicar mucha atención a esta cuestión de
la evaluación. ¿No sería mejor ocuparse de otros
aspectos más atractivos, más susceptibles de contribuir a la
renovación de la enseñanza? ¿Acaso la evaluación
no constituye un aspecto, sin duda necesario, pero rutinario (y más
bien desagradable), en el que más vale no detenerse demasiado? En
otras palabras:
A.1. ¿Puede considerarse útil
dedicar parte de nuestro escaso tiempo a tratar la cuestión de la
evaluación?
- C.1. Conviene detenerse en
justificar el interés de esta primera actividad. En primer lugar
porque no tiene sentido embarcarse en una tarea sin haber reflexionado mínimamente
acerca de su relevancia (algo que, desgraciadamente, olvidamos muy a
menudo en el trabajo con los estudiantes). Pero, además, porque
la atención dada a la evaluación desde la didáctica
de las ciencias ha sido realmente escasa hasta muy recientemente.
Como señala Tamir (1998) en el recientemente publicado International
Handbook of Science Education, si dicho Handbook se hubiera
publicado hace 10 años, no hubiera contenido una sección
dedicada a la evaluación. La situación ha comenzado a
cambiar desde finales de los años ochenta y hoy la evaluación
constituye una línea de investigación prioritaria en didáctica
de las ciencias.
- ¿A que se debe este creciente
interés? La reflexión de los profesores que asisten al
taller, cuando se les plantea una actividad como la A.1, les lleva a
referirse al peso que la evaluación tiene en los estudiantes (su
atención se dirige exclusivamente a lo que puede ser objeto de
examen) y en los profesores (que ven condicionada su enseñanza
por las pruebas externas), a las dificultades para ajustar la
evaluación a las innovaciones introducidas en la enseñanza,
a las tensiones y enfrentamientos entre profesores y alumnos que suele
generar la evaluación, etc.
- Es esencial recoger todas estas
preocupaciones, señalar su pertinencia y referirse a los estudios
e investigaciones que las apoyan. Podemos así referirnos a que,
en los últimos años hemos asistido a un importante
desarrollo de la innovación en la enseñanza de las
ciencias, apoyada en investigaciones sistemáticas, que, sin
embargo, encuentra dificultades para ser transferido a la práctica
docente. Como ha señalado Briscoe (1991), cada año miles
de profesores participan en seminarios o asisten a cursos (¡como al
que están asistiendo!) con la intención de perfeccionarse
profesionalmente y cuando reanudan sus clases creen estar mejor
preparados para utilizar las nuevas técnicas, los nuevos
materiales curriculares, las nuevas formas de favorecer la creatividad y
el aprendizaje de sus alumnos. Sin embargo, muchos de estos profesores y
profesoras se encuentran, antes de que puedan darse cuenta, enseñando
de la misma forma como lo habían hecho siempre, adaptando los
nuevos materiales o técnicas a los patrones tradicionales. Se
genera así una lógica frustración y decepción
al percibir que las cosas no han funcionado mejor que los años
precedentes a pesar de las nuevas y prometedoras ideas.
- En nuestra opinión, este
resultado no es debido, muchas veces, a que las innovaciones
contempladas en los cursos de formación carezcan de interés,
sino que pone en evidencia que un modelo de enseñanza es algo más
que un conjunto de elementos dispersos e intercambiables: posee una
cierta coherencia y cada uno de sus elementos viene apoyado por los
restantes (Viennot, 1989; Gil, 1991). Se ha empezado así a
comprender que los esfuerzos de innovación en la enseñanza
de las ciencias realizados estas últimas décadas pierden
gran parte de su capacidad transformadora si quedan en aportaciones
puntuales, desligadas. Muy en particular, los investigadores han llamado
la atención sobre la necesidad de acompañar las
innovaciones curriculares de cambios similares en la evaluación
para contribuir a consolidar el cambio de paradigma didáctico
actual (Linn, 1987). Poco importan, en efecto, la innovaciones
introducidas o los objetivos enunciados: si la evaluación sigue
consistiendo en ejercicios para constatar el grado de retención
de algunos conocimientos conceptuales, éste será para los
alumnos el verdadero objetivo del aprendizaje.
- Pero hay una segunda razón del
fracaso de muchos esfuerzos de renovación curricular, que se
relaciona también con la evaluación. Como ha mostrado
Cronin-Jones (1991), los diseñadores de currículos no
suelen tener en cuenta la fuerte influencia de las concepciones de los
profesores en el proceso de implementación curricular. Lo mismo
ocurre a menudo, en nuestra opinión, en los programas de formación
del profesorado. Dicho de otra manera, para emprender un replanteamiento
global de la enseñanza de las ciencias se precisa cuestionar
preconcepciones docentes cuya importancia en la actividad del
profesorado puede ser tan relevante o más que las preconcepciones
de los alumnos en el aprendizaje de las ciencias (Hewson y Hewson,
1987). En efecto, comienza hoy a comprenderse que los profesores tienen
ideas, actitudes y comportamientos sobre la enseñanza debidos a
una larga formación "ambiental", en particular durante
el periodo en que fueron alumnos, que ejerce una notable influencia por
responder a experiencias reiteradas y adquirirse de forma no reflexiva,
como algo natural, obvio, "de sentido común", escapando
así a la crítica y convirtiéndose, insistimos, en
un verdadero obstáculo. Y cabe sospechar que la evaluación
sea uno de los aspectos de la actividad docente más afectado por
estas preconcepciones (Gil et al 1991; Alonso, Gil y
Mtnez-Torregrosa 1992).
- Nos encontramos, pues, con dos
poderosas razones para abordar el estudio de la evaluación y,
para comenzar, el de las posibles preconcepciones docentes que pueden
estar obstaculizando su renovación. Es preciso tener en cuenta, a
este respecto, otra de las causas que suelen dificultar la apropiación
de los nuevos conocimientos didácticos por los profesores: nos
referimos a la escasa efectividad de transmitir al profesorado las
propuestas de los expertos para su mera aplicación. Como ha
indicado Briscoe (1991), es necesario que los profesores participemos
en la construcción de los nuevos conocimientos didácticos
abordando los problemas que la enseñanza nos plantea. Es así
como podrá tener lugar la transformación de nuestras
concepciones espontáneas. Convine señalar a este respecto
que, si bien estas preconcepciones son muy abundantes y constituyen
serios obstáculos (en la medida en que son aceptadas acríticamente),
no resulta difícil generar una reflexión descondicionadora
que ponga en cuestión estas "evidencias" y contribuya
al trabajo de profundización necesario para su superación,
aproximando las concepciones del profesorado a las adquisiciones de la
investigación didáctica. Esto es lo que trataremos de
mostrar en este taller que será planteado como una investigación
dirigida en torno a las concepciones docentes en este campo.
1. Análisis crítico
de las concepciones docentes sobre la evaluación y la práctica
que se deriva
A.2. Considerar, a título de hipótesis,
posibles preconcepciones que los profesores de ciencias podamos tener
acerca de la evaluación y que convenga analizar para no quedar
prisioneros de posibles ideas, comportamientos o actitudes incorrectas,
asumidas acríticamente.
A.3. Cotejar el producto de la actividad
anterior con las concepciones que se recogen en el documento anexo
(Documento A), fruto de un trabajo de reflexión crítica en
el que han colaborado centenares de profesores.
A.4. Comentad cuál de las
preconcepciones docentes que hemos conjeturado, a propósito de la
evaluación, os parece más preocupante, explicando brevemente
las razones.
- C.2, C.3 y C.4 Al proponer la
actividad A.2 explicamos que hemos procedido a un análisis de la
literatura con objeto de recopilar las concepciones-obstáculo
estudiadas por distintos autores y manifestamos nuestro convencimiento
(a modo de hipótesis que ellos mismos podrán contrastar)
de que entre todos los equipos van a referirse a la casi totalidad de
las mismas. Enunciamos esa hipótesis por dos razones
fundamentales: en primer lugar porque ello va a ser un buen ejemplo (que
se repetirá a lo largo del taller) de cómo al adoptar una
actitud investigadora, los profesores elaboramos colectivamente
productos de indudable calidad (aunque necesariamente embrionarios) que
son coherentes con las aportaciones de la investigación didáctica.
Ello vendría a mostrar que las preconcepciones del profesorado no
constituyen un obstáculo insalvable, sino el fruto de una
impregnación ambiental asumida como natural por no
haber tenido ocasión de someterla a un análisis crítico.
La auténtica dificultad estaría en una formación
del profesorado que no proporciona estas ocasiones de reflexión
crítica de lo que siempre se ha hecho. Como ellos
podrán constatar, si se facilita esa reflexión crítica
colectiva, si se coloca a los profesores en una situación de
investigación dirigida, el resultado es francamente valioso.
- En segundo lugar, el hecho de que
cuando se plantea esta actividad grupos diversos de profesores lleguen a
resultados muy similares (y básicamente coincidentes con los que
se recogen en la literatura) da más valor a estas conjeturas, que
no pueden ser vistas como meras ocurrencias. Pese a ello,
conviene insistir en que se trata de meras conjeturas que será
preciso someter a prueba posteriormente, tanto para ver en qué
medida están extendidas, como para averiguar si constituyen
realmente un obstáculo o son ideas y prácticas aceptables.
- Para agilizar esta tarea de conjeturación
proponemos a los equipos que escriban las distintas concepciones/obstáculo
que puedan concebir, en unas octavillas que les proporcionamos (cada
concepción en una octavilla). Quien dirige el taller puede así
pasar por los distintos grupos y leer rápidamente las octavillas.
De esta forma puede anotar las concepciones que van siendo señaladas
hasta que la totalidad, o casi totalidad, de las recogidas en la
literatura han sido señaladas. Naturalmente algunas concepciones
aparecen repetidamente con distintos matices y formulaciones; otras
tardan más en aparecer. Puede ser conveniente que el responsable
del taller proporcione alguna retroalimentación estimulante, del
tipo ¡La mayor parte de las concepciones conocidas han sido
señaladas ya por uno o varios grupos!... Convendría ahora mirar
hacia otro lado, pensar en algún otro aspecto de la
evaluación....
- El resultado de este proceso es que en
un tiempo relativamente breve (tanto más breve, claro está,
cuanto mayor es el número de equipos) suele haber referencias a
la casi totalidad de las concepciones conocidas. La actividad A.3 está
destinada a mostrar la coherencia de su trabajo con lo que muestra la
investigación didáctica. Mediante una transparencia (que
luego entregamos fotocopiada como Documento A) vamos
mostrando las concepciones señaladas en la literatura, de forma
que los equipos puedan indicar a cuáles de ellas han hecho
referencia. Se trata de un conjunto de ideas, comportamientos y
actitudes interrelacionados, que se apoyan mútuamente entre si y
que podemos resumir en cinco apartados:
- La idea de que resulta fácil
evaluar las materias de ciencias con objetividad y precisión,
debido precisamente a la naturaleza misma de los conocimientos
evaluados.
- La tendencia a limitar la evaluación
a aquello que sea más fácilmente medible, evitando todo lo
que pueda dar lugar a respuestas imprecisas. En asociación con la
creencia en la objetividad de la evaluación, cabe esperar que se
produzca un comportamiento tanto o más grave: limitar la práctica
evaluadora a "lo más objetivo", es decir, a los
conocimientos fácticos, a las leyes a través de ejercicios
cerrados o de respuesta unívoca en los que no quepa la ambigüedad.
- La concepción determinista del
aprendizaje de las ciencias, que supone que estas materias no están
al alcance de todos y, en consecuencia, que una evaluación bien
planteada pondrá de manifiesto el fracaso de un porcentaje
importante de alumnos y discriminará a los "buenos alumnos"
y a los "malos alumnos".
- Muy relacionada con la anterior, la
tendencia autoexculpatoria consistente en achacar los altos porcentajes
de fracaso en la evaluación a causas externas a la didáctica
empleada. Los resultados negativos obtenidos a menudo por porcentajes
elevados de alumnos son imputables a los propios o a la enseñanza...
precedente.
- Finalmente, a modo de síntesis
de las ideas y comportamientos anteriores, la tendencia a convertir la
evaluación en un instrumento de mera constatación, de
simple. Ello subyace, insistimos, en las ideas anteriores, pero tiene
también sus implicaciones específicas (evaluación
terminal, carácter de obstáculo a superar, actuación
del profesor como juez y policía...).
- El documento A resume este conjunto de posibles
preconcepciones docentes acerca de la evaluación:
Documento A
Algunas preconcepciones y prácticas
espontáneas
* Resulta fácil evaluar las materias
científicas con objetividad y precisión. *
Se debe evaluar sólo lo más objetivo, evitando lo ambiguo. *
El fracaso de amplios porcentajes de estudiantes es inevitable (y
responsabilidad de los propios estudiantes). *
También hay responsabilidad de la enseñanza... precedente. *
La evaluación es, fundamentalmente, un instrumento de constatación
y de discriminación de únicamente los estudiantes,
es decir, un instrumento de mera calificación. Ello
impone a su vez: * poner el
acento en pruebas terminales; *
carácter de obstáculo a superar; *
actuación del profesor como "juez" y "policía". |
- La actividad A.4 está planteada
como tarea individual (a preparar, p.e., para el día siguiente)
para que actúe de refuerzo. Al analizar los resultados puede
constatarse que no hay ni una concepción que no sea señalada
por algún profesor y que bastantes profesores se refieren a la
imposibilidad de destacar alguna, puesto que todas les parecen muy
relacionadas. Esto es algo que conviene comentar positivamente.
- Conviene también insistir en que
la existencia de estas concepciones y su naturaleza de obstáculo
constituye una conjetura (apoyada, sin duda, por la reflexión crítica
de lo que suele hacerse, por la coincidencia de distintos colectivos,
etc.) que debe ser sometida a un cuidadoso análisis, para estimar
en qué medida dichas preconcepciones están extendidas y
para poner a prueba su validez. Se trata, pues, de continuar la
investigación de las distintas concepciones conjeturadas.
A.5. Cabe suponer, a título de
hipótesis, que los profesores de ciencias podemos pensar que resulta
fácil evaluar las materias científicas con objetividad y
precisión, dada la naturaleza misma de los conocimientos evaluados.
Conviene, en primer lugar, aportar indicios (observaciones cualitativas,
etc.) que apoyen la posible existencia de esta concepción.
A.6.Proponed algunos diseños
experimentales para poner a prueba, de una forma más rigurosa, la
supuesta objetividad y precisión de la evaluación del
aprendizaje de las materias científicas.
A.7. Analizad algunos de los resultados
obtenidos con dichos diseños. ¿Qué conclusiones se
alcanzan?
- C.5., C.6 y C.7. Con estas tres
actividades pretendemos que los profesores profundicen, con una actitud
investigativa, en una de las preconcepciones más comunes y más
insidiosas de los profesores de ciencias en torno a la evaluación.
- La actividad A.5 facilita una
aproximación cualitativa a prácticas de evaluación
que ponen en evidencia la creencia común de que resulta fácil
evaluar las materias científicas con objetividad y precisión,
dada la naturaleza misma de los conocimientos evaluados. Los
equipos se refieren a hechos como la seguridad con que se procede a
atribuir calificaciones numéricas con decimales, tipo 4.75
o 6.25 y a la resistencia que solemos mostrar a modificar dichas
calificaciones (como si realmente no hubiera margen alguno de imprecisión).
- En respuesta a los diseños que
se piden en la actividad A.6, para poner a prueba la supuesta
objetividad y precisión de las evaluaciones, la primera idea que
surge habitualmente es dar a corregir un mismo examen a diversos
profesores. Este es un diseño clásico que ya fue utilizado
por Hoyat (1960) con ejercicios de Física del Bachillerato francés.
Conviene, pues, valorar positivamente esta propuesta y proporcionar
algunos resultados para que procedan a su análisis. Puede
recordarse así que Hoyat encontró que un mismo ejercicio
de Física era calificado con notas que iban de 2 a 8 (¡).
- Este diseño se ha utilizado
numerosas veces con resultados similares; sin embargo, ello no nos
permite concluir que queda probada la falta de objetividad y precisión.
Como algunos equipos señalan, estas discrepancias en las notas
pueden ser, simplemente, el fruto de distintos criterios (Hay
profesores rigurosos, otros con manga ancha...). Surge así
la idea de este otro diseño: hacer corregir de nuevo el mismo
examen, al cabo de un cierto tiempo, a los mismos profesores. También
este diseño fue ya utilizado por Hoyat, con resultados que
mostraban una fuerte dispersión de las notas dadas por los mismos
profesores.
- Surge también la idea de esta
otra variante: incluir dos o tres copias formalmente distintas (letras
diferentes, modificación del orden de respuesta de las
preguntas...) en aquellos casos en que los profesores tienen que
corregir un número elevado de exámenes. Y de nuevo aparece
una gran dispersión de las notas dadas a un mismo examen.
- Algún equipo sugiere un diseño
más sofisticado, destinado a ver cómo influyen las
expectativas del profesor. Nosotros hemos utilizado reiteradamente un
diseño de este tipo, consistente en plantear con profesores en
activo y en formación la siguiente actividad: En el contexto de
un seminario acerca de la evaluación, se propone a cada profesor
la valoración de un breve ejercicio pidiéndole una
puntuación entre 0 y 10 y, sobre todo, comentarios que puedan
ayudar al alumno a comprender mejor la cuestión planteada. El
ejercicio que se entrega para corregir es siempre el mismo, con la única
diferencia de un pequeño texto introductorio, que en la mitad de
las copias atribuye el ejercicio a un alumno "brillante" y en
la otra mitad a un alumno "que no va demasiado bien". Este
pequeño comentario, sin embargo, provoca diferencias en las
medias del orden de 2 puntos (¡) (Aguilà, Farrús, Gil
y González 1988; Alonso, Gil y Mtnez-Torregrosa 1992).
- Una investigación similar,
destinada a mostrar el sexismo del profesorado de Física, fue
realizada por Spears (1984) y consistió en proponer la corrección
de un examen a unos 300 profesores de Enseñanza Media con objeto
de que evaluaran toda una serie de aspectos: nivel, precisión
científica, capacidad para proseguir estudios científicos,..
Cada copia del examen fue presentada al 50% de los profesores con la
firma de un alumno y al otro con la firma de una alumna. Los resultados
mostraron que cada uno de los 14 aspectos a evaluar el "muchacho"
fue calificado por encima de la "muchacha" (¡) con
diferencias estadísticamente significativas.
- Conviene recordar aquí la célebre
experiencia de Pigmalión a la Escuela (Rosenthal y
Jacobson 1968): en una serie de escuelas se hizo creer a los profesores
que un test de inteligencia había detectado que un determinado
alumno (elegido en realidad al azar) tenía un cociente
intelectual extraordinario, era una especie de diamante en bruto.
Dos años después se pudo constatar que los alumnos señalados
habían experimentado un desarrollo intelectual muy superior al de
sus condiscípulos.
- Como vemos, todos estos resultados
cuestionan la supuesta objetividad y precisión de la evaluación
en un doble sentido: Por una parte muestran hasta qué punto las
valoraciones habituales están sometidas a amplísimos márgenes
de incertidumbre (aunque los profesores acostumbran a escribir notas
como 4.75 y creer en su validez e inmodificabilidad, como si todo lo que
han aprendido sobre márgenes de imprecisión,
reproductibilidad de resultados, etc., dejara de ser válido
cuando se trata de evaluar) y, por otra parte, hacen ver que la evaluación
constituye un instrumento que afecta muy decisivamente a aquello que se
pretende medir con ella, es decir, al propio proceso evaluado Dicho de
otro modo, los profesores no sólo nos equivocamos al calificar
(dando, p.e., puntuaciones mas bajas en materias como la Física a
ejercicios que creemos hechos por las chicas), sino que contribuimos a
que nuestros prejuicios -los prejuicios, en definitiva, de toda la
sociedad- se conviertan en realidad: las chicas acaban teniendo logros
inferiores y actitudes más negativas hacia el aprendizaje de la Física
que los chicos y los alumnos considerados mediocres terminarán siéndolo.
La evaluación resulta ser, más que la medida objetiva y
precisa de unos logros, las expresión de unas expectativas en
gran medida subjetivas pero con una gran influencia sobre los alumnos y
los propios profesores.
- Pese a los resultados anteriores, es
posible seguir apostando por la objetividad y pensar que el problema está
en evitar evaluar lo que puede dar lugar a respuestas imprecisas
que dificulten la necesaria objetividad. Ésta podría
ser contemplada, siempre a título de hipótesis, como una
nueva concepción estrechamente ligada a la anterior y que
conviene analizar también cuidadosamente:
A.8. Conjeturad cuáles podrían
ser las implicaciones de una preconcepción consistente en evitar
evaluar lo que puede dar lugar a respuestas imprecisas.
A.9. ¿Cómo podrían
ponerse a prueba la(s) conjetura(s) enunciada(s) en la actividad anterior?
- C.8 y C.9. Todos los equipos señalan
el peligro de reduccionismo, de dejar de lado aspectos clave de la
actividad científica, que entraña la búsqueda de máxima
objetividad. Como refuerzo de esta correcta intuición se puede
proporcionar, p.e.., la reseña de un artículo de Hodson
(1992) en el que advierte de cómo la preocupación obsesiva
por evitar la ambigüedad y asegurar la fiabilidad de las
evaluaciones, distorsiona la naturaleza misma del trabajo científico,
esencialmente difuso, incierto, intuitivo. La evaluación, señala
Hodson, debería tener en cuenta dicha ambigüedad, no
intentar eliminarla. En el mismo sentido se pronuncia Tamir (1998)
criticando las pruebas objetivas.
- Pero no se trata únicamente de
tener en cuenta opiniones cualificadas. La actividad A.9 plantea la
confección de diseños para una contrastación
experimental de la hipótesis. Los equipos sugieren analizar el
contenido de las pruebas oficiales y/o de varios profesores. Es
conveniente insistir en la necesidad de una pluralidad de diseños
y, en particular, de pensar en diseños que no plantean excesivas
dificultades (no es fácil, p.e., conseguir un número
suficiente de exámenes de distintos profesores). Surge así
la idea de otro diseño consistente en pedir a los profesores que
critiquen un examen habitual para ver en qué medida detectan sus
limitaciones.
- Para realizar los análisis que
los diseños propuestos conllevan es preciso clarificar
previamente qué se considera conveniente evaluar. De este modo se
produce un cambio fundamental de pregunta: en vez de ¿cómo
conseguir que la evaluación sea objetiva?, la cuestión
pasa a ser ¿cómo conseguir que la evaluación
refleje aquello que se considera importante?. Pero tener claro
aquello que se considera importante en la educación científica
(y que, por tanto, debiera estar presente en la evaluación) no es
algo obvio a lo que se pueda responder automáticamente, sino que
responde a una cierta concepción de la ciencia y de su enseñanza.
Convine, pues, realizar un esfuerzo explícito para evitar
visiones reduccionistas, empobrecedoras, de la actividad científica.
Proponemos para ello la siguiente actividad:
A.10. Recordad cuáles pueden ser
las concepciones erróneas sobre el trabajo científico a las
que la enseñanza de las ciencias debe prestar atención,
evitando su transmisión explícita o implícita (a través,
p.e., de aquello que se evalúa).
- C.10. Esta es una actividad que
consideramos fundamental para un planteamiento correcto del proceso de
enseñanza/aprendizaje de las ciencias, no sólo para la
evaluación. Nos remitimos a otros trabajos (Gil 1993, 1996 y
1997) en los que hemos abordado el problema de las concepciones docentes
espontáneas sobre la ciencia como obstáculo
para la renovación de la enseñanza de las ciencias. Aquí
señalaremos únicamente que una discusión de una
cierta profundidad de las posibles deformaciones permite a los
profesores cuestionar el habitual reduccionismo de la evaluación
y de la misma enseñanza. Esta discusión que fue
realizada en el segundo módulo del periodo presencial- permitó
sacar a la luz las deformaciones que se enumeran a continuación
(todas ellas estrechamente ligadas entre sí):
Posibles visiones deformadas
acerca de la ciencia
** Visión empirista y ateórica:
Se resalta el papel de la observación y de la experimentación
"neutras" (no contaminadas por ideas apriorísticas"),
olvidando el papel esencial de las hipótesis y de la construcción
de un cuerpo coherente de conocimientos (teoría).
Por otra parte, pese a esta importancia dada
(verbalmente) a la observación y experimentación, en general
la enseñanza es puramente libresca, sin apenas trabajo
experimental. Ello favorece que la experimentación conserve para
profesores y alumnos el atractivo de una "revolución pendiente".
Se incide particularmente en esta visión ateórica
cuando se presenta el aprendizaje de la ciencia como una cuestión
de "descubrimiento" o se reduce a la práctica de "los
procesos" con olvido de los contenidos.
** Visión rígida (algorítmica,
"exacta", infalible...): Se presenta el "Método
Científico" como conjunto de etapas a seguir mecánicamente.
Se resalta, por otra parte, lo que supone tratamiento cuantitativo,
control riguroso, etc, olvidando -o, incluso, rechazando- todo lo que
significa invención, creatividad, duda...
En el polo opuesto de esta visión rígida
y dogmática de la ciencia como descubridora de "la verdad
contenida en los hechos", se presenta un relativismo extremo,
tanto metodológico ("todo vale", no hay estrategias específicas
en el trabajo científico) como conceptual (no hay una realidad
objetiva que permita contrastar la validez de las construcciones científicas:
la única base en la que se apoya el conocimiento es el
consenso de la comunidad de investigadores en ese campo).
** Visión aproblemática y ahistórica
(ergo dogmática): Se transmiten conocimientos ya elaborados,
sin mostrar cuáles fueron los problemas que generaron su construcción,
cuál ha sido su evolución, las dificultades, etc, ni mucho
menos aún, las limitaciones del conocimiento actual o las
perspectivas abiertas.
** Visión exclusivamente analítica,
que resalta la necesaria parcialización de los estudios, su carácter
acotado, simplificatorio, pero que olvida los esfuerzos posteriores de
unificación y de construcción de cuerpos coherentes de
conocimientos cada vez más amplios, el tratamiento de problemas "frontera"
entre distintos dominios que pueden llegar a unirse, etc.
Contra esta visión parcializada, se han
elaborado propuestas de enseñanza integrada de las ciencias que
toman la unidad de la materia como punto de partida, olvidando que el
establecimiento de dicha unidad constituye una conquista reciente y nada fácil
de la ciencia. Recordemos, p.e., la fuerte oposición a las
concepciones unitarias en Astronomía (heliocentrismo), en Biología
(evolucionismo) o en Química Orgánica (síntesis orgánica).
** Visión acumulativa, lineal: Los
conocimientos aparecen como fruto de un crecimiento lineal, ignorando las
crisis, las remodelaciones profundas. Se ignora, en particular, la
discontinuidad radical entre el tratamiento científico de los
problemas y el pensamiento ordinario.
** Visión individualista: Los
conocimientos científicos aparecen como obra de genios aislados,
ignorándose el papel del trabajo colectivo, de los intercambios
entre equipos... Se deja creer, en particular, que los resultados de un sólo
científico o equipo pueden verificar o falsar una hipótesis.
Esta visión individualista se presenta, a
menudo, asociada con concepciones elitistas:
** Visión "velada", elitista:
Se presenta el trabajo científico como un dominio reservado a minorías
especialmente dotadas, transmitiendo expectativas negativas hacia la mayoría
de los alumnos, con claras discriminaciones de naturaleza social y sexual
(la ciencia es presentada como una actividad eminentemente "masculina").
Se contribuye a este elitismo escondiendo la significación de los
conocimientos tras el aparato matemático. No se realiza un esfuerzo
por hacer la ciencia accesible (comenzando con tratamientos cualitativos,
significativos), ni por mostrar su carácter de construcción
humana, en la que no faltan confusiones ni errores... como los de los
propios alumnos.
En el polo opuesto nos encontramos con una Visión
de "sentido común": Los conocimientos se presentan
como claros, obvios, "de sentido común", olvidando que la
construcción científica parte, precisamente, del
cuestionamiento sistemático de lo obvio.
** Visión descontextualizada, socialmente
neutra: Se olvidan las complejas relaciones C/T/S y se proporciona una
imagen de los científicos como seres "por encima del bien y
del mal", encerrados en torres de marfil y ajenos a las necesarias
tomas de decisión. Como reacción puede caerse en una visión
excesivamente sociologista de la ciencia que diluye completamente su
especificidad, así como en planteamientos muy simplistas: exaltación
de la ciencia como factor absoluto de progreso o rechazo sistemático
(a causa de su capacidad destructiva, efectos contaminantes, etc).
Una vez discutidas las posibles deformaciones
podemos plantearnos cuáles son los aspectos del aprendizaje de las
ciencias que debieran ser evaluados para evitar visiones empobrecidas que
dejen de lado características esenciales de la actividad científica:
A.11. Enumerad aquellos aspectos de la
actividad de los estudiantes que deberían ser evaluados, pero a los
que las pruebas de evaluación ordinarias pueden no prestar la
debida atención. Se propone para ello la construcción de una
red de análisis cuyos items correspondan a aquellos aspectos cuya
presencia o ausencia queremos determinar en las pruebas de evaluación
habituales.
- C.11. La cuidadosa elaboración
de una red de análisis que contemple aquello que debe ser
evaluado resulta esencial, insistimos, para evitar reduccionismos
empobrecedores y ha de enfrentarse a tradiciones que sistemáticamente
han limitado la evaluación a los aspectos más fáciles
de medir. La discusión realizada de las posibles deformaciones
permite a los grupos romper con dichas tradiciones e incluir toda una
pluralidad de aspectos que caracterizan al trabajo científico
como una actividad abierta y creativa. Como refuerzo de sus aportaciones
se puede proporcionar una red de análisis como la siguiente, en
la que pueden ver reflejadas muchas de sus propuestas:
| Análisis
de la presencia de actividades de evaluación coherentes con las
estrategias de construcción de conocimientos científicos |
| 1. ¿Se
incluyen situaciones problemáticas abiertas de un nivel de
dificultad adecuado (correspondiente a su zona de desarrollo
potencial)? |
| 2. ¿Se
piden reflexiones sobre el posible interés de las situaciones
propuestas que den sentido a su estudio (considerando las posibles
implicaciones CTS, etc.)? |
3. ¿Se
piden análisis cualitativos, significativos, que ayuden a
comprender y a acotar las situaciones planteadas (a la luz de los
conocimientos disponibles, del interés del problema...) y a
formular preguntas operativas sobre lo que se busca?
¿Se potencia y valora, por otra parte, el
papel esencial de las matemáticas como instrumento de
investigación, que interviene desde la formulación misma
de problemas al análisis de los resultados, sin caer en
operativismos ciegos? |
4. ¿Se
pide la emisión de hipótesis, fundamentadas en los
conocimientos disponibles, susceptibles de orientar el tratamiento de
las situaciones y de hacer explícitas, funcionalmente, las
preconcepciones? ¿Se plantea, al
menos, el manejo o el análisis crítico de algunas hipótesis? ¿Se
incluyen actividades que supongan atención a las preconcepciones,
contempladas como hipótesis? |
5. ¿Se
plantea la elaboración de estrategias (en plural) incluyendo, en
su caso, diseños experimentales? ¿Se pide, al menos, la
evaluación crítica de algún diseño? ¿Se
presta atención a la actividad práctica en sí misma
(montajes, medidas...)? ¿Se presta atención, en
particular, al manejo de la tecnología actual (ordenadores,
electrónica, automación...) con objeto de favorecer una
visión más correcta de la actividad científico-tecnológica
contemporánea? |
6. ¿Se
piden análisis detenidos de resultados (su interpretación
física, fiabilidad...) a la luz del cuerpo de conocimientos
disponible, de las hipótesis manejadas, de los resultados de
otros autores...? ¿Se pide, en particular, el análisis
de posibles conflictos entre algunos resultados y las concepciones
iniciales (expresión, a menudo, del sentido común? ¿Se
favorece la autorregulación del trabajo de los
estudiantes (proporcionando, p.e., indicadores que les permitan
comprobar que van, o no, en una dirección correcta? |
7. ¿Se
pide la consideración de posibles perspectivas (replanteamiento
del estudio a otro nivel de complejidad, problemas derivados...)? ¿Se
incluyen, en particular, actividades relativas a implicaciones CTS
(aplicaciones, repercusiones negativas...)? ¿Se valoran los productos
elaborados por los estudiantes (carteles, instrumentos...)? |
8. ¿Se
piden esfuerzos de integración que consideren la contribución
de los estudios realizados a la construcción de un cuerpo
coherente de conocimientos, las posibles implicaciones en otros campos
de conocimientos, etc.? ¿Se pide algún trabajo de
construcción de síntesis, mapas conceptuales, etc., que
ponga en relación conocimientos diversos? |
9. ¿Se
presta la debida atención a la comunicación? ¿Se
plantea la elaboración de memorias científicas (o
fragmentos)? ¿Se pide la lectura y comentario crítico de
textos científicos? ¿Se presta atención a la
verbalización, solicitando comentarios significativos que eviten
el operativismo mudo? ¿Se hace un seguimiento
cuidadoso del dossier de los alumnos como memoria ordenada del trabajo
realizado? |
10. ¿Se
potencia en la evaluación la dimensión colectiva del
trabajo científico, valorando los trabajos realizados en equipo,
el funcionamiento de los grupos de trabajo, etc? ¿Se favorece
la inter-regulación de los equipos? ¿Se
permite (y potencia) el manejo funcional del cuerpo de conocimientos
aceptado por la comunidad científica (sin exigir memorizaciones
irracionales)? ¿Se presta atención, en ese sentido, a que
los prerrequisitos no se conviertan en obstáculo para las tareas
propuestas? |
- Pese a que entre todos los equipos se
suele hacer referencia a la casi totalidad de los aspectos incluidos en
una red como la anterior, merece la pena detenerse en la discusión
de la misma, y en analizar los olvidos más sistemáticos,
proponiendo para ello la siguiente actividad:
A.12. Comparad las actividades de
evaluación contempladas en vuestro equipo y las que incluye la red
de análisis elaborada colectivamente y comentad brevemente el
resultado de dicha comparación.
Cabe ahora analizar, utilizando instrumentos como el
elaborado en la actividad anterior, en qué medida las pruebas de
evaluación habituales suelen contemplar los aspectos fundamentales
en una educación científica, o se incurre, como hemos
supuesto, en graves reduccionismos. Las actividades A.13, A.14 y A.15
están destinadas a este análisis, utilizando los diseños
y red de análisis elaborados, así como información
obtenida en diversas investigaciones (Alonso Gil y Mtnez-Torregrosa 1992,
1992b y 1995).
- C.13, C.14 y C.15. Para no
recargar excesivamente este texto omitimos aquí la formulación
detallada de dichas actividades, que incluyen el manejo de abundante
información (que es distribuida a los equipos en forma de
fotocopias y que puede consultarse en los artículos mencionados).
Digamos simplemente que los análisis realizados de los exámenes
habituales diseñados por los profesores y de las pruebas externas
(como las Pruebas de Acceso a la Universidad) apoyan plenamente la hipótesis
de un grave reduccionismo, reforzando la comprensión de que la búsqueda
de máxima objetividad y precisión puede derivar (ha
derivado) en un peligroso empobrecimiento de la educación científica.
Una posible justificación del reduccionismo
de las pruebas de evaluación sería el intento de evitar la
introducción de aspectos demasiado complicados. De
hecho, una posible concepción a la que nos hemos referido, siempre
a título de hipótesis, es que el fracaso de un número
elevado de alumnos es inevitable en materias rigurosas como las ciencias,
que no están al alcance de todos. Para analizar la extensión
de dicha concepción se ha concebido, entre otros, el diseño
que se describe en la siguiente actividad:
A.16. Se plantea a una serie de
profesores la siguiente cuestión: Las gráficas
adjuntas presentan posibles distribuciones de las notas obtenidas en una
prueba por los estudiantes de una clase. Señalad cuál de
dichas distribuciones es más correcta y por qué.
Comentad qué resultados cabe esperar, es
decir, indicar cuál de las opciones a), b), c) puede parecer más
correcta a la mayoría de los profesores y las razones que pueden
aducir para ello.

- C.16. Todos los equipos
coinciden en predecir que la mayoría de los profesores optarán
por las gráficas a o b, lo que supone que, en el mejor de los
casos, se considera correcto un fracaso del 50% de los estudiantes (¡).
Esto es lo que sucede en realidad como han mostrado diversas
investigaciones (Alonso, Gil y Mtnez-Torregrosa 1992). Si tenemos en
cuenta, por otra parte, la influencia de las expectativas del profesor
en los resultados de la evaluación y del aprendizaje, se
comprende la gravedad de esta predisposición al fracaso
generalizado de los estudiantes.
En ocasiones, los resultados negativos obtenidos por
porcentajes elevados de estudiantes son imputados también a la enseñanza...
precedente.
A.17. En entrevistas realizadas a
profesores de facultades de ciencias, la causa de fracaso más
mencionada fue la falta de base de los estudiantes, debida a las
insuficiencias de la formación proporcionada en los niveles
precedentes. Para apoyar esta tesis, unos profesores universitarios
pasaron, el primer día de clase, a los estudiantes que habían
ingresado en la facultad de Química, un sencillo test con 20
cuestiones consideradas muy elementales por los mismos profesores de
Secundaria. Los resultados fueron realmente decepcionantes lo que, en
opinión de los autores del test, constituía la prueba de la
incorrecta preparación proporcionada a dichos estudiantes.
Suponiendo que no aceptemos, por demasiado
simplista, la interpretación dada a la experiencia descrita en el párrafo
anterior ¿qué diseños podríamos concebir para
mostrar lo incorrecto de dicha interpretación?
A.18. Analizad los resultados obtenidos
mediante alguno de los diseños concebidos en A.17.
- C.17 y C.18. Un diseño
que los equipos proponen frecuentemente para cuestionar la idea
simplista de que el fracaso de los estudiantes universitarios es debido
fundamentalmente a su falta de base, consiste en pasar el
mismo test que se pasó a los estudiantes de primer curso (en su
primer día de clase), a los estudiantes que llegan a segundo (con
una valoración positiva por parte de sus profesores
universitarios), también el primer día de clase. Esta
experiencia ha sido realizada con estudiantes de las facultades de Química
y de Física (Calatayud, Gil y Gimeno, 1992) y los resultados
obtenidos muestran una gran similitud entre los niveles de acierto de
ambos colectivos (sin diferencias significativas en la generalidad de
los items), poniendo así en cuestión la tesis simplista
que sólo responsabiliza a la enseñanza precedente. Una vez
más se muestra de este modo el peligro que suponen ciertas
concepciones del profesorado (y en realidad de toda la sociedad) acerca,
entre otros, de la evaluación.
Las concepciones sobre la evaluación que
hemos venido contemplando no constituyen ideas o comportamientos inconexos
y proporcionan una idea de evaluación como instrumento de
constatación y discriminación de los estudiantes, es decir,
como simple calificación.
A.19. ¿Qué consecuencias
suele conllevar la identificación de la evaluación con la
mera calificación? (Indicad algún indicio de las
consecuencias que se señalen).
- C.19. Los equipos se refieren
una vez más al carácter de obstáculo a superar que
adquieren las pruebas (con tiempos rígidamente limitados, clima
de tensión, etc.), al papel de juez frío y distante y de
policía vigilante que ha de asumir el profesor, a la reducción
de las evaluaciones a las pruebas terminales, etc. Resulta bastante fácil
señalar algunos indicios que apoyan esta visión de la
evaluación, pero no consideramos necesario detenernos más
en el análisis crítico de las concepciones docentes espontáneas
(es decir, asumidas acríticamente por impregnación) acerca
de la evaluación. Un análisis crítico que pueden
sin duda, ser profundizado, pero que ha mostrado ya, pensamos, las
limitaciones de la práctica evaluativa habitual, haciendo ver la
necesidad de un replanteamiento global de la evaluación.
2. Replanteamiento de la
evaluación
Con objeto de romper con las limitaciones de las
concepciones espontáneas que acabamos de analizar someramente,
conviene proceder a un replanteamiento global de la evaluación que
no dé nada por sentado y clarifique todos sus aspectos, comenzando
por reflexionar acerca de para qué evaluar:
A.20. Si no se puede aceptar la idea de
una evaluación como juicio objetivo y terminal de la tarea
realizada por cada alumno... ¿Cuáles habrían de ser las
funciones de la evaluación?
- C.20. El análisis crítico
realizado hasta aquí ha permitido a los equipos comprender que
carece de sentido una evaluación consistente en el enjuiciamiento
"objetivo" y terminal de la labor realizada por cada alumno.
Por el contrario, el profesor ha de considerarse corresponsable de los
resultados que éstos obtengan: no puede situarse frente a ellos,
sino con ellos; su pregunta no puede ser "quien merece una valoración
positiva y quien no", sino "qué ayudas precisa cada
cual para seguir avanzando y alcanzar los logros deseados". Para
ello son necesarios un seguimiento atento y una retroalimentación
constante que reoriente e impulse la tarea. Eso es lo que ocurre en los
equipos de investigación que funcionan correctamente y eso es lo
que tiene sentido también, en nuestra opinión, en una
situación de aprendizaje orientada a la construcción de
conocimientos, a la investigación. Los estudiantes han de poder
cotejar sus producciones con las de otros equipos y -a través del
profesor/ director de investigaciones- con el resto de la comunidad
científica; y han de ver valorado su trabajo y recibir la ayuda
necesaria para seguir avanzando, o para rectificar si necesario.
- La evaluación se convierte así
en un instrumento de aprendizaje, es decir, en una evaluación
formativa, substituyendo a los juicios terminales sobre los logros y
capacidades de los estudiantes. Pero, aunque ello representa un
indudable progreso, éste resulta insuficiente si no se contempla
también como un instrumento de mejora de la enseñanza.
En efecto, las disfunciones en el proceso de enseñanza/
aprendizaje no pueden atribuirse exclusivamente a dificultades de los
estudiantes y resultará difícil que los alumnos y alumnas
no vean en la evaluación un ejercicio de poder externo (y, por
tanto, difícilmente aceptable) si sólo se cuestiona su
actividad.
- Si realmente se pretende hacer de la
evaluación un instrumento de seguimiento y mejora del proceso, es
preciso no olvidar que se trata de una actividad colectiva, de un
proceso de enseñanza/ aprendizaje en el que el papel del profesor
y el funcionamiento del centro constituyen factores determinantes. La
evaluación ha de permitir, pues, incidir en los comportamientos y
actitudes del profesorado. Ello supone que los estudiantes tengan ocasión
de discutir aspectos como el ritmo que el profesor imprime al trabajo o
la manera de dirigirse a ellos. Y es preciso evaluar también
el propio currículo, con vistas a ajustarlo a lo que puede
ser trabajado con interés y provecho por los alumnos y alumnas.
De esta forma los estudiantes aceptarán mucho mejor la necesidad
de la evaluación que aparecerá realmente como un
instrumento de mejora de la actividad colectiva.
- Las funciones de la evaluación
pueden resumirse, pues, y así son señaladas ahora por los
equipos, en:
- Incidir en el aprendizaje
(favorecerlo)
- Incidir en la enseñanza
(contribuir a su mejora)
- Incidir en el currículo
(ajustarlo a lo que puede ser trabajado con interés y provecho
por los y las estudiantes).
- Nos centraremos, en primer lugar, en el
papel de la evaluación como instrumento de aprendizaje, aunque
insistimos en la necesidad de romper con los reduccionismos habituales,
extendiendo la evaluación a la actividad del profesorado y al
mismo currículo (Rodríguez et al 1992; Imbernon 1990; Porlán
1993; Santos 1993...).
2.1. La evaluación
como instrumento de aprendizaje
A.21. ¿Cuáles habrían
de ser las características de la evaluación para que se
convierta en un instrumento de aprendizaje?
- Comentarios A.21. Conseguir que
la evaluación constituya un instrumento de aprendizaje, se
convierta en una evaluación formativa, supone dotarla de unas
características que rompan con las concepciones de sentido común
que hemos analizado someramente en el primer apartado. Resumiremos a
continuación la discusión de dichas características
propiciada por la actividad A.21.
- Una primera característica que
ha de poseer la evaluación para jugar un papel orientador e
impulsor del trabajo de los estudiantes es que pueda ser percibida por
estos como ayuda real, generadora de expectativas positivas. El profesor
ha de lograr transmitir su interés por el progreso de los alumnos
y alumnas y su convencimiento de que un trabajo adecuado terminará
produciendo los logros deseados, incluso si inicialmente aparecen
dificultades. Conviene para ello una planificación muy cuidadosa
de los inicios del curso, comenzando con un ritmo pausado, revisando los
pre-requisitos (para que no se conviertan, como a menudo ocurre, en obstáculo),
planteando tareas simples, etc
- Una segunda característica que
ha de poseer la evaluación para que pueda jugar su función
de instrumento de aprendizaje es su extensión a todos los
aspectos -conceptuales, procedimentales y actitudinales- del aprendizaje
de las ciencias, rompiendo con su habitual reducción a aquello
que permite una medida más fácil y rápida: la
rememoración repetitiva de los "conocimientos teóricos"
y su aplicación igualmente repetitiva a ejercicios de lápiz
y papel. Se trata de ajustar la evaluación -es decir, el
seguimiento y la retroalimentación- a las finalidades y
prioridades establecidas para el aprendizaje de las ciencias. La
evaluación se ajusta así a unos criterios explícitos
de logros a alcanzar por los estudiantes (Satterly y Swann 1988), al
contrario de lo que ocurre con la evaluación atendiendo a la "norma"
(basada en la comparación de los ejercicios para establecer los "mejores",
los "peores" y el "término medio") a la que
habitualmente se ajusta, más o menos conscientemente, gran parte
del profesorado.
- Por otra parte, es preciso no olvidar,
a la hora de fijar los criterios, que sólo aquello que es
evaluado es percibido por los estudiantes como realmente importante. Es
preciso, pues, evaluar todo lo que los estudiantes hacen: desde un póster
confeccionado en equipo a los dossieres personales del trabajo
realizado. Duschl (1995) ha resaltado, en particular, la importancia de
estos dossieres o "portafolios", en los que cada estudiante ha
de recoger y organizar el conocimiento construido y que puede
convertirse -si el profesor se implica en su revisión y mejora-
en un producto fundamental, capaz de reforzar y sedimentar el
aprendizaje, evitando adquisiciones dispersas.
- Si aceptamos que la cuestión
esencial no es averiguar quiénes son capaces de hacer las cosas
bien y quiénes no, sino lograr que la gran mayoría consiga
hacerlas bien, es decir, si aceptamos que el papel fundamental de la
evaluación es incidir positivamente en el proceso de aprendizaje,
es preciso concluir que ha de tratarse de una evaluación a lo
largo de todo el proceso y no de valoraciones terminales. Ello no supone
-como a menudo interpretamos los profesores y los propios alumnos-
parcializar la evaluación realizando pruebas tras períodos
más breves de aprendizaje para terminar obteniendo una nota por
acumulación sino, insistimos, integrar las actividades
evaluadoras a lo largo del proceso con el fin de incidir positivamente
en el mismo, dando la retroalimentación adecuada y adoptando las
medidas correctoras necesarias en el momento conveniente (Colombo, Pesa
y Salinas, 1986). Es cierto que cinco pruebas, aunque tengan un carácter
terminal -tras la enseñanza de un determinado dominio- es mejor
que una sola al final del curso; al menos habrán contribuido a
impulsar un estudio más regular evitando que se pierdan todavía
más alumnos; pero su incidencia en el aprendizaje sigue siendo mínima,
o, peor aún, puede producir efectos distorsionantes. En efecto, a
menudo la materia evaluada ya no vuelve a ser tratada, por lo que los
alumnos que superaron las pruebas pueden llegar al final del curso
habiendo olvidado prácticamente todo lo que estudiaron, teniendo
conocimientos incluso más escasos que quienes fracasaron
inicialmente y se vieron obligados a revisar por su cuenta.
- Se acentúa así, además,
la impresión de que no se estudian las cosas para adquirir unos
conocimientos útiles e interesantes, sino para pasar unas
pruebas. Es importante a este respecto ser conscientes de las leyes del
olvido (Kempa, 1991) y planificar revisiones/profundizaciones de aquello
que se considere realmente importante, para que los alumnos afiancen
dichos conocimientos aunque ello obligue, claro está, a reducir
el currículo eliminando aspectos que, de todas formas, serían
mal aprendidos y olvidados muy rápidamente.
- Por último, pero no menos
importante, hemos de referirnos a la necesidad de que los estudiantes
participen en la regulación de su propio proceso de aprendizaje
(Linn, 1987; Baird, 1986; Jorba y Sanmartí, 1993 y 1995; Alonso,
1994) dándoles oportunidad de reconocer y valorar sus avances, de
rectificar sus ideas iniciales, de aceptar el error como inevitable en
el proceso de construcción de conocimientos. Pero esto nos remite
a las formas de la evaluación, que abordamos en las actividades
A.23, A.24 y A.25. Antes plantearemos un problema que suele aparecer
cuando se proponen unas características de la evaluación
como las que acabamos de discutir: en efecto, a menudo surgen voces que
señalan el peligro de que, aunque ello puede beneficiar a quienes
tienen dificultades, pudiera en cambio perjudicar a los buenos
estudiantes, cuyos derechos no deben ser ignorados:
A.22. ¿En qué medida pueden
resultar perjudicados los buenos estudiantes por una evaluación con
las características propuestas?
- C.22. Algunos profesores pueden
pensar, en efecto, que una retroalimentación constante, un ritmo
inicial pausado, etc., ha de traducirse en pérdidas de tiempo que
perjudicarán a los estudiantes bien preparados cuyo derecho a
aprender no debe ser ignorado. Pero, en realidad, lo que sucede es todo
lo contrario: esta aparente pérdida de tiempo inicial permite
romper con la rémora que supone a lo largo del curso la
existencia de un núcleo importante de alumnos que "no siguen".
Se produce así un progreso global, favorable también
para los alumnos mejor preparados. Todo esto, por supuesto, debe ser
explicitado para evitar inquietudes y tensiones innecesarias y
transmitir, en definitiva, expectativas positivas a todos los
alumnos.
Vistas las características fundamentales que
una evaluación habría de poseer para convertirse en un
instrumento eficaz de aprendizaje, conviene ahora detenerse en considerar
las formas concretas de realizar dicha evaluación:
A.23. Sugerir formas concretas
de realizar la evaluación que permitan incidir positivamente en el
aprendizaje de las ciencias.
A.24. Considerad, en particular, los
pros y contras del examen como forma de evaluación.
- C.23 y C.24 Cabe decir, en
primer lugar, que una orientación constructivista del aprendizaje
permite que cada actividad realizada en clase por los alumnos
constituya una ocasión para el seguimiento de su trabajo, la
detección de las dificultades que se presentan, los progresos
realizados, etc., etc. Es ésta una forma de evaluación
extraordinariamente eficaz para incidir "sobre la marcha" en
el proceso de aprendizaje, que se produce además en un contexto
de trabajo colectivo, sin la distorsión de la ansiedad que
produce una prueba individual. Ello no elimina, sin embargo, la
necesidad de actividades de evaluación individuales que permitan
constatar el resultado de la acción educativa en cada uno de los
estudiantes y obtener información para reorientar
convenientemente su aprendizaje. A tal efecto consideramos muy
conveniente la realización de alguna pequeña prueba en la
mayoría de las clases sobre algún aspecto clave de lo que
se ha venido trabajando. Ello permite:
- impulsar al trabajo diario y comunicar
seguridad en el propio esfuerzo;
- dar información al profesor y a
los alumnos sobre los conocimientos que se poseen, sobre las
deficiencias que se hayan producido -haciendo posible la incidencia
inmediata sobre las mismas- y sobre los progresos realizados,
contribuyendo así a crear expectativas positivas;
- reunir un número elevado de
resultados de cada alumno reduciendo sensiblemente la aleatoriedad de
una valoración única.
- Conviene discutir inmediatamente las
posibles respuestas a la actividad planteada, lo que permitirá
conocer si la clase está o no preparada para seguir adelante con
posibilidades de éxito. Se favorece así la participación
de los alumnos en la valoración de sus propios ejercicios y en su
autorregulación (Alonso, Gil y Mtnez-Torregrosa, 1995b). Se puede
aprovechar también esta discusión -si se realiza al
comienzo de una clase- como introducción al trabajo del día,
centrando la atención de los estudiantes de una forma
particularmente efectiva.
- Pese al interés y efectividad de
estas pequeñas pruebas, consideramos (y coincidimos en ello con
la mayoría de los equipos) que los exámenes o pruebas más
extensas siguen siendo necesarios. Es cierto que el examen es visto a
menudo como simple instrumento de calificación de los
estudiantes, siendo criticado a justo título por lo que supone de
aleatoriedad, tensión bloqueadora, etc. (Gould, 1982); sin
embargo un examen, o mejor dicho, una sesión de globalización,
es también ocasión de que el alumno se enfrente con una
tarea compleja y ponga en tensión todos sus conocimientos. Por
nuestra parte, asumiendo la crítica al examen como instrumento
exclusivo de calificación, queremos referirnos al papel de las
sesiones de globalización como ocasión privilegiada de
aprendizaje si se cumplen algunas condiciones:
- En primer lugar es necesario que la
sesión suponga la culminación de una revisión
global de la materia considerada, incluyendo actividades coherentes con
un aprendizaje por construcción de conocimientos: desde análisis
cualitativos de situaciones abiertas al tratamiento de las relaciones
ciencia/ técnica/ sociedad; desde la construcción y
fundamentación de hipótesis -más allá de las
evidencias de sentido común- a la interpretación de los
resultados de un experimento, etc., etc. Es también necesario que
las condiciones de realización de estas actividades
globalizadoras sean compatibles con lo que supone una construcción
de conocimientos -que conlleva tentativas, rectificaciones, etc.- y, en
particular, que los estudiantes no se vean constreñidos por
limitaciones de tiempo que sólo son compatibles con la simple
regurgitación de conocimientos memorizados.
- En segundo lugar, es muy conveniente
que el producto elaborado por cada estudiante en estas sesiones sea
devuelto comentado lo antes posible y que se discutan, cuestión
por cuestión, las posibles respuestas, las contribuciones
positivas y los errores aparecidos, la persistencia de preconcepciones,
etc. Los estudiantes, con su producto delante, se mantienen abiertos y
participativos como nunca durante estas revisiones, que constituyen
actividades de autorregulación muy eficaces. Y es también
conveniente, tras esta discusión, solicitar de los estudiantes
que rehagan de nuevo la tarea en su casa con todo cuidado y vuelvan a
entregarla. Ello contribuye muy eficazmente a afianzar lo aprendido,
como puede constatarse en los días siguientes con la realización
de pequeños ejercicios sobre los aspectos que hubieran planteado
más dificultades.
- No podemos detenernos aquí en
una descripción detallada de cada uno de los momentos de evaluación
a que nos acabamos de referir, ni entrar siquiera a tocar otros aspectos
de importancia como, por ejemplo, el tipo de instrumentos destinados a
la recogida de información (Geli, 1995). Insistiremos tan sólo,
para terminar, en que los alumnos y alumnas han de ver debidamente
valoradas todas sus realizaciones, todos sus productos colectivos o
individuales -desde la construcción de un instrumento a, muy en
particular, su cuaderno o dossier de clase- y no solamente aquellas
planteadas como pruebas. Se incrementa así la información
disponible para valorar y orientar adecuadamente el aprendizaje de los
estudiantes y se contribuye a que estos vean reconocidos todos sus
esfuerzos con el consiguiente efecto motivador. Se trata, en definitiva,
de lograr una total confluencia entre las situaciones de aprendizaje
y de evaluación (Pozo et al, 1992), explotando el potencial
evaluador de las primeras y diseñando las segundas como
verdaderas situaciones de aprendizaje. Es preciso también
transformar los enunciados de las actividades de evaluación
habituales para que pierdan su carácter de ejercicio memorístico
o simplemente operativo y favorezcan una actividad más
significativa:
A.25. Proceder a transformar algunas
actividades extraídas de exámenes habituales, concibiendo
otras más adecuadas. Proponer, en particular, alguna actividad que
favorezca la autorregulación de los estudiantes.
- C.25 La transformación
de actividades de evaluación extraídas de exámenes
habituales es una tarea atractiva para los profesores participantes que,
tras las reflexiones realizadas hasta aquí, avanzan sin
dificultades en el sentido de proponer actividades que favorezcan el
aprendizaje con sentido, que permitan poner en juego lo que de
verdad piensan los alumnos. Las propuestas son variadas y
pertinentes, mostrando que basta un esfuerzo explícito de superar
los planteamientos memorísticos habituales para lograr buenos
resultados. (Alonso, Gil y Mtnez Torregrosa 1995b; Gil, Mtnez Torregrosa
y Verdú 1999)
- Se puede, por ejemplo, presentar
directamente al estudiante una respuesta errónea, supuestamente
perteneciente a otra persona pero que es muy probable que coincida con
su propio pensamiento, y pedirle que la corrija. De esta forma se
consigue que adopte una actitud de reflexión crítica y no
se deje llevar por lo que parece obvio.
- Por supuesto, otra forma de favorecer
la auto-regulación de los estudiantes y, en definitiva, de lograr
que sean conscientes de lo que se está tratando y por qué,
qué se ha avanzado y lo que queda por avanzar, es proponer
recapitulaciones problematizadas periódicas, construcción
de mapas conceptuales, etc., y, muy en particular, la cuidadosa
elaboración y revisión del cuaderno de trabajo o portafolio
(Duschl, 1995)
El trabajo realizado hasta aquí nos ha
permitido romper con la habitual identificación entre evaluación
y calificación de los estudiantes. Cabe plantearse, sin embargo, si
la calificación conserva alguna funcionalidad en la nueva propuesta
evaluativa:
2.2. El papel de la calificación
A.26. Evaluar no es simplemente
calificar, pero ¿qué idea de calificación puede
derivarse de las finalidades y características de la evaluación
discutidas hasta aquí?
- C.26. El trabajo realizado
hasta aquí nos ha permitido romper con la habitual identificación
entre evaluación y calificación de los estudiantes,
fundamentando una propuesta de evaluación como instrumento de
mejora del aprendizaje, de la enseñanza y del propio currículo
(aunque aquí nos hemos centrado en el primer aspecto). La cuestión
a plantearse ahora es si la calificación conserva alguna
funcionalidad en la nueva propuesta evaluativa y, en su caso, qué
forma de calificación puede resultar coherente con dicha
propuesta . Resumiremos, a continuación, el contenido del debate
realizado a este respecto (Alonso, Gil y Mtnez-Torregrosa 1996).
- Digamos, para empezar, que toda
evaluación posee connotaciones valorativas, es decir,
calificatorias: tanto al indicar la necesidad de profundizar o
rectificar aspectos, como al aceptar el trabajo realizado sin enmiendas
sustanciales, se está expresando implícitamente una
valoración, aunque la función esencial no sea la valoración
sino favorecer la mejora del producto. El o la estudiante puede percibir
así lo más o menos cerca que se encuentra de haber
conseguido un producto satisfactorio. La pregunta a formularse, pues, no
es si debe haber o no valoración de la tarea, sino ¿es
conveniente traducir las valoraciones que conlleva toda evaluación
a calificaciones explícitas y normalizadas?.
- Para contestar a esta pregunta
comenzaremos considerando el papel de la calificación en la
formación de los investigadores noveles, que es la situación
en la que se inspira nuestro modelo constructivista de aprendizaje de
las ciencias.
- a) La calificación en
la formación de los investigadores
- Un mínimo análisis de las
situaciones de formación de investigadores, como la que supone,
p.e., la preparación de una tesis doctoral, permite constatar que
la evaluación juega un papel fundamental (en forma de seguimiento
constante de la labor del doctorando) pero que la calificación
está prácticamente ausente a lo largo de todo el proceso
de formación.
- En efecto, la idea central que subyace
en el compromiso del doctorando y del director de la investigación
es que ambos son corresponsables de la tarea, ambos están
comprometidos en lograr un producto satisfactorio. Las críticas y
sugerencias del director no constituyen un enjuiciamiento externo sino
una contribución interesada. Y como tal es percibida por el
doctorando.
- De hecho, durante todo el tiempo que
dura la realización de la investigación no hay calificación
alguna: sólo cuando el doctorando y el director consideran ambos
que el producto es aceptable se somete a la valoración de otros
investigadores. Pero incluso esto último ha ido, afortunadamente,
evolucionando y se está generalizando la práctica de
someter a los miembros del tribunal el borrador de la tesis con tiempo
suficiente para que puedan expresar sus críticas y sugerencias y
recogerlas en una nueva versión que cuente con su aceptación.
De esta forma, la lectura de la tesis se convierte en un acto
protocolario que sanciona un producto que cuenta ya con la aceptación
del tribunal (que se ha implicado, si necesario, en la mejora del
producto).
- La calificación ha perdido así
su función de enjuiciamiento externo y de sanción
discriminatoria. De acuerdo con ello, las calificaciones habituales
(aprobado, notable...) han sido sustituidas por un simple apto o no apto
y constituyen rarísimas excepciones las tesis que no obtienen el
apto "cum laude" que sanciona una investigación de
calidad.
- Lo esencial, pues, es garantizar que el
producto obtenido sea satisfactorio. Ello puede obligar a prolongar el
periodo de realización e incluso puede llevar a algunos
doctorandos a abandonar la investigación a la vista de las
dificultades encontradas o porque deciden orientar su actividad en otra
dirección. Pero, en cualquier caso, ese abandono constituye una
opción que, en general, no viene impuesta por unas valoraciones
negativas, por un enjuiciamiento "neutral" de quien dirige el
trabajo o de un tribunal.
- En definitiva, en una situación
de formación de investigadores, la calificación explícita
no está presente a lo largo del proceso y no conserva otra
funcionalidad que el reconocimiento del trabajo realizado... cuando éste
posee suficiente calidad a los ojos del propio doctorando, del director
de la tesis y de los miembros de un "tribunal" que constituye,
más bien, una nueva instancia de revisión y ayuda, es
decir, de evaluación como instrumento para la mejora del
producto.
- Ésta es, para nosotros, la mejor
forma de plantear la evaluación y la calificación. Ahora
bien, ¿en qué medida conviene o es posible hacer un
planteamiento similar en una clase de ciencias de Educación
Secundaria?
- b) La calificación en la
formación de los estudiantes de ciencias
- En la medida en que nuestro modelo de
aprendizaje de las ciencias como investigación se inspira en la
metáfora de los estudiantes como "investigadores noveles"
y del profesor como "experto", consideramos adecuado un
planteamiento de la evaluación y de la calificación como
el que acabamos de describir. Lo esencial, pues, es orientar la evaluación
como ayuda para la consecución, en el tiempo que sea necesario,
de los logros perseguidos y que la calificación suponga tan sólo
el reconocimiento de dichos logros.
- Ahora bien, es obvio que, en el caso de
una clase de ciencias, el contacto del "director de la investigación"
(profesor) con cada "investigador novel" (cada estudiante) no
puede ser tan íntimo como el que se da en un equipo real de
investigadores. Y es obvio también que los estudiantes no pueden
centrarse en el trabajo de su clase de ciencias con la misma dedicación
de un doctorando en su investigación. Ni puede pedirse a un
adolescente la misma responsabilidad y capacidad de autorregulación
que a un investigador real. Más aún, no es posible
retrasar indefinidamente el momento de la valoración explícita
del trabajo de los estudiantes, puesto que un curso dura nueve meses, al
término de los cuales es preciso dar una calificación que
indique la posibilidad o no de pasar a un nuevo nivel, etc.
- Parece razonable, por todo ello, que la
evaluación del trabajo de los estudiantes incluya indicaciones más
explícitas y frecuentes del grado de consecución de los
logros que se persiguen. Es decir, parece conveniente -y los mismos
estudiantes lo reclaman- proporcionar valoraciones de las tareas que
ayuden a los estudiantes a conocer si están progresando
adecuadamente o no. Se trataría, en definitiva, de hacer explícitas
las valoraciones que en los comentarios de una evaluación
formativa aparecen ya implícitamente.
- En resumen: la calificación
puede ser conveniente -además de constituir una exigencia social
difícilmente soslayable- como complemento de la evaluación
formativa que hemos intentado fundamentar. Pero ello exige también
una profunda modificación del uso y sentido de la calificación.
- En primer lugar, la calificación
debe ser, como ya hemos señalado, una estimación
de los logros de cada estudiante, una indicación de su
grado de consecución de los logros que se persiguen. Más
precisamente, la calificación no puede tener, como a menudo
ocurre, una función comparativa y discriminatoria, en la que la
valoración de un estudiante depende de los resultados de los demás,
atendiendo a una "norma" que aproxima las calificaciones a una
gaussiana (con, por definición... ¡una mitad de estudiantes
fracasados!). Por el contrario, cada estudiante ha de saber que una
calificación positiva depende exclusivamente de que alcance los
logros que se persiguen. Es más, ha de saber que dichos logros se
ajustan a lo que los estudiantes de su edad pueden llegar a realizar y
son perfectamente alcanzables.
- En segundo lugar, la calificación
ha de constituir una estimación cualitativa que utilice categorías
amplias (no tiene sentido una calificación númerica del
tipo 6.75), se apoye en una diversidad de elementos (como los que hemos
considerados en A.11, A.21, A.23, A.24 y A.25) y se justifique con
comentarios detallados. Ello no supone, muy al contrario, caer en el
subjetivismo: cuantos más elementos podamos tomar en consideración
(incluyendo, muy en particular, las actividades ordinarias de
aprendizaje realizadas en clase) y cuanto más amplias sean
las categorías, más fiables y fáciles de
consensuar resultan las estimaciones. De hecho, una calificación
de estas características permite que no haya discrepancias
sensibles entre las valoraciones del profesor y las del propio
estudiante (o la que pueden realizar sus compañeros). Esto es
algo que hemos constatado reiteradamente a lo largo de más de una
década con estudiantes de Secundaria y de Escuela de Magisterio,
poniendo de relieve que una evaluación continua (un seguimiento
continuo, basado en una pluralidad de elementos como los descritos)
proporciona una percepción bastante ajustada del dominio
alcanzado por los estudiantes, tanto al profesor como a ellos mismos.
- Toda calificación ha de ser
presentada como una indicación provisional y ha de ir acompañada,
en caso necesario, de propuestas de actuación para su mejora (y
de la comunicación de expectativas positivas en ese sentido). No
es lo mismo, por supuesto, dar a un estudiante una valoración de "insuficiente"
que explicarle que ha de realizar progresos en tales y cuales aspectos
para lograr una valoración global positiva, estimularle a
realizar las tareas correspondientes y apoyarle con un seguimiento
adecuado.
- Este naturaleza de las calificaciones
como indicaciones provisionales, destinadas a favorecer la autorregulación
de los estudiantes, puede verse reforzada si se sustituyen las
valoraciones negativas, tipo "insuficiente", por un "pendiente
de calificación" sin connotaciones de rechazo. Pero
no se trata, claro está, de proponer un simple cambio de
denominación sino de plantear con claridad que la evaluación
tiene como finalidad favorecer unos determinados logros y que el trabajo
ha de continuar hasta conseguirlos en el tiempo que haga falta.
Incluso si ello implica, en algún caso, continuar los mismos
estudios el curso siguiente, es preciso presentar esta prolongación
como algo positivo, como una adaptación al ritmo que el
estudiante puede llevar en ese momento, con el convencimiento de que así
afianzará su preparación para proseguir mejor sus
estudios. Se trata, en definitiva, de introducir aquí la misma
flexibilidad que se tiene con el periodo de formación de un
investigador y el mismo convencimiento de que lo esencial es llegar a un
producto satisfactorio, transmitiendo expectativas positivas al
respecto.
- Señalemos, para terminar, que
una calificación con las características que acabamos de
proponer se integra coherentemente en la propuesta de evaluación
como instrumento de aprendizaje y su asunción genera expectativas
positivas que se traducen en mejores resultados y en una nueva forma de
enfocar las relaciones entre profesores y estudiantes, más de
acuerdo con la propuesta de aprendizaje como investigación
dirigida.
- Pusimos fin, con esto, a la discusión
de la evaluación del aprendizaje de las ciencias. Cabía
ahora proceder a un trabajo similar en torno a la evaluación de
la enseñanza y del currículo, pero el tratamiento detenido
de ambas cuestiones hubiera exigido un nuevo taller de duración
similar al que hemos descrito. Nos limitamos, pues, a presentar algunas
actividades para una breve consideración de estos aspectos y, por
último, propusimos algunas tareas para la globalización
del trabajo realizado.
2.3. Evaluación de la
enseñanza y del currículo
Hemos fundamentado una propuesta de evaluación
como instrumento de mejora, no sólo del aprendizaje, sino de la
enseñanza, del currículo, e incluso del funcionamiento del
Centro y de todo el sistema educativo. Nos ocuparemos aquí
brevemente de la evaluación de la enseñanza, es decir, de la
actividad de los profesores, y del currículo:
A.27 ¿Qué aspectos de la
actividad de los profesores y profesoras de ciencias convendría
someter a evaluación? Se trata de contemplar todo aquello que pueda
tener una incidencia, directa o indirecta, en la calidad de la enseñanza.
A.28. ¿Quién y cómo
habría de realizar la evaluación de la actividad del
profesorado?
A.29. Enumerad aspectos básicos
que convenga considerar en la confección y/o evaluación de
un currículo de ciencias. Dicho de otra forma, indicar aspectos
debatibles que exijan toma de decisiones.
A.30. Cumplimentad el cuestionario que a
continuación se presenta en torno a los distintos criterios para
confeccionar o evaluar (es decir, incidir en la mejora) de un currículo
de ciencias. Proceder, a continuación a la discusión de sus
distintos apartados.
La función de un profesor no se limita a la
impartición de su asignatura y conlleva una cierta responsabilidad
en el buen funcionamiento del Centro:
A.31. Señalad aspectos del
funcionamiento de un centro educativo que convenga someter a evaluación.
La naturaleza de los contenidos tratados en este módulo,
asociados a comportamientos y actitudes que hemos asumido, muy a menudo,
de forma acrítica, como algo natural, de sentido
común, recomienda formas de globalización que permitan
recapitular los debates que se han producido en la comunidad científica.
Por ejemplo:
A.32. Escribid un diálogo entre
dos profesores, uno que sostiene las concepciones sobre la evaluación
que podríamos denominar habituales y otro las renovadoras.
A.33. Elaborad un cuadro comparativo de
la evaluación habitual y de la propuesta alternativa que hemos
construido.
A.34. Elaborad un mapa conceptual que
refleje la evaluación habitual de las ciencias y otro para las
propuestas renovadoras.

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