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Para la Educación,
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Formación continuada del profesorado de Ciencias.
Una experiencia en Centroamérica y El Caribe

1.6 Recapitulación final del Equipo Académico

Como responsables académicos del desarrollo de este curso, comenzaremos recordando lo que habíamos pretendido con el mismo, antes de exponer nuestro propio análisis de lo conseguido.

Punto de partida

Conviene comenzar recordando que, de acuerdo a las lecciones proporcionadas por la investigación en torno a ese indisoluble binomio que constituye el cambio curricular y la formación continuada del profesorado, la estrategia que parece potencialmente más fructífera consistiría en implicar al profesorado en la investigación de los problemas de enseñanza/aprendizaje de las ciencias que les plantea su actividad docente.

Esta orientación de la formación del profesorado exige contar con un número creciente de profesores capaces de tutorar a otros colegas y de favorecer su implicación en el tratamiento de los problemas que el proceso de enseñanza/aprendizaje de las ciencias plantea, es decir, capaces de dirigir la actividad de grupos de “investigadores noveles”, al tiempo que ellos mismos siguen afianzando su formación y enriqueciendo su bagaje científico como miembros de una comunidad de investigadores/innovadores en didáctica de las ciencias, en la que se apoyan y a cuyo cuerpo de conocimientos contribuyen a su vez.

Esta estrategia de autoformación colectiva constituye, hemos de reconocer, una desiderata difícil de implementar. Lo ideal sería que existiera ya una tradición de trabajo colectivo en el profesorado, con equipos capaces de incorporar a las nuevas generaciones docentes y de facilitarles, a través del trabajo común, la formación necesaria (como ocurre en cualquier tarea con aspiración científica). Pero es obvio que hoy apenas existen tales equipos y que no pueden improvisarse ni constituirse “por decreto”, sin olvidar que las condiciones laborales vigentes no tienen en cuenta esta necesidad de trabajo colectivo como parte esencial de la tarea docente. Una cuestión clave, pues, es ver qué se puede hacer hoy y cómo optimizar los recursos disponibles para avanzar en la perspectiva correcta. En ese sentido, una de las acciones que consideramos potencialmente más fructíferas para optimizar los recursos humanos disponibles en nuestros países consiste en la formación de una comunidad de “Formadores de equipos docentes” que incorpore a aquellos profesores y profesoras que, por su labor innovadora, sus investigaciones, etc., puedan realizar aportaciones valiosas en la formación continuada de sus colegas y, fundamentalmente, servir de dinamizadores en la fase inicial. Ésta ha sido la idea central que ha presidido la orientación de este curso. Intentaremos ahora resumir nuestro análisis de los resultados del mismo.

Resultados del trabajo realizado

Nos limitaremos, como primera aproximación, a dos breves consideraciones:

1) Nos reafirmamos, en primer lugar, en que no cabe esperar avances milagrosos como fruto de acciones puntuales, ni siquiera cuando tienen la duración e intensidad del curso que hemos vivido. Es preciso insistir en que la educación científica es una tarea compleja, exigente -aunque, en la misma medida, apasionante- que demanda una (auto)formación continuada a lo largo de toda la vida profesional.

No nos planteamos, pues, en qué medida los asistentes al curso han alcanzado una preparación didáctica adecuada. Ello, repetimos, no tendría sentido y supondría olvidar, entre otros, la íntima relación existente entre preparación didáctica y formación científica (en la que, por razones obvias, sólo hemos podido incidir puntualmente). El resultado positivo esperable, y al que hemos dedicado todos nuestros esfuerzos, ha sido lograr la incorporación de los profesores participantes a un proceso continuado de innovación curricular fundamentada lo que también implica su incorporación, en alguna medida, a trabajos de investigación en torno a los problemas que plantea el proceso de enseñanza/aprendizaje de las ciencias.

En este sentido, la respuesta de la casi totalidad de los participantes en el curso hace concebir esperanzas fundadas de que dicha incorporación tendrá lugar. Hemos sido testigos, en efecto, del esfuerzo realizado por los participantes -en condiciones laborables, en general, nada facilitadoras-, de los progresos conseguidos a lo largo de estos meses y, nos consta, de la voluntad de continuar dicho esfuerzo que, pese a todo, es reconocido como un desafío apasionante que ha abierto ya perspectivas de una docencia más satisfactoria. Las unidades didácticas elaboradas a lo largo de estos meses así lo muestran, y lo mismo puede decirse de las investigaciones y actividades de formación del profesorado realizadas.

Globalmente, pues, consideramos que:

Nos congratulamos del mismo, conscientes de que los contenidos abordados han dejado de lado aspectos esenciales (como, p.e., una iniciación a la metodología de la investigación en didáctica de las ciencias) y de que los aspectos tratados exigirían revisiones y profundizaciones.

2) En lo que se refiere a los errores a evitar, queremos referirnos, autocríticamente, al grave error de haber aceptado la realización individual (aunque contando, claro está, con un cierto apoyo y seguimiento) de cerca de treinta unidades didácticas distintas y otros tantos trabajos de investigación. Ello ha complicado seriamente el necesario seguimiento y ha impedido una mayor interacción entre los participantes. Nuestra recomendación en este sentido es que, en situaciones de formación como las vividas, no deberían contemplarse más allá de una media docena de trabajos, a elaborar colectivamente por equipos “locales”.

Pero, pese a ésta y otras deficiencias, muchas de las cuales nos son igualmente imputables, también nosotros nos sentimos satisfechos del trabajo realizado y de los logros conseguidos por nuestros colegas centroamericanos, con los que esperamos seguir manteniendo fructíferas relaciones.

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