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Formación en Administración y Gestión Cultural
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Índice

Noción de cultura

Aspecto histórico

Contexto contemporáneo

Elementos para el diálogo

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Noción de cultura

El carácter polisémico y la heterogeneidad de las acepciones de cultura no nos exime de intentar aproximaciones históricas, contextuales o teóricas a los conceptos de cultura. Tal vez la riqueza de ésta se encuentra en su alto grado de indeterminabilidad y la imposibilidad de un consenso definitivo sobre sus contenidos y fines últimos. La resistencia a una definición unívoca de cultura, tal vez recuerda que, la existencia real e histórica de la cultura ha sido desde finales del siglo XIX plural: "Culturas". Algunos investigadores señalan más de cien definiciones de cultura. Pero esa nominación plural de "culturas" nos obliga aún más a demarcar y diferenciar unas culturas de otras, así como sus distintas definiciones. Comprendiendo la diferencia y cercanías con otras culturas conocemos las características, los límites y las posibilidades de la nuestra.

El término cultura ha tenido una connotación pluralista, recuerda Agnes Heller, en comparación con otros universales inventados en Occidente: "Se discutía sobre ciencia o libertad, por ejemplo, pero no sobre "ciencia occidental" o "libertad occidental" porque se ha asumido que hay muchas otras culturas junto a la occidental, inferiores o superiores a ella o, inclusive, distintas. Independientemente del hecho de que se considerase a esas culturas como superiores o inferiores, las relaciones entre culturas estaban siempre temporizadas e historizadas." La noción de cultura necesita predicados como "occidental", "oriental", "indígena", "asiática", "nacional", etc. .

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Aspecto histórico

A diferencia de la Paideia Griega y el Cultus Anima de los latinos donde el sentido de la cultura es armonizarse o cultivar una naturaleza dada de antemano, la noción predominante de cultura en la modernidad considera que ésta nos independiza de la naturaleza animal para configurar lo verdaderamente humano. Se trata de ver que, gracias a la cultura, se supere el "animalitas" para llegar al "humanitas". La cultura moderna es el cultivo de la "espiritualidad" humana; la cultura en la modernidad es el camino hacia la humanización.

Dentro de esta perspectiva moderna de cultivar el "humanitas", a partir del siglo XVIII se abren dos grandes tradiciones del pensamiento occidental en torno a la cultura que marcan sus huellas hasta hoy: una tradición que podríamos llamar ilustrada (Voltaire, Kant), y otra tradición romántica (Rousseau, Herder).

La tradición ilustrada insiste en la noción de universalidad y con ella la de razón y naturaleza iguales para todos los hombres, pero, al mismo tiempo, considera que algunos pueblos habían desarrollado más esa razón, así como los elementos propios de su naturaleza espiritual. Como resultado de esta valoración, caracteriza a Europa como la verdadera civilización, mientras que los demás pueblos aparecen como atrasados e inclusive como bárbaros o salvajes. Identifica cultura con civilización europea y dará lugar a la oposición entre naturaleza y cultura, pueblos cultos e "incultos".

La tradición romántica inspirada en Rousseau y desarrollada profundamente por Johann G. Herder (1744 - 1808), discute el universalismo y valora la diversidad de culturas. Herder critica la noción de continuidad para comprender los procesos históricos y muestra cómo, por el contrario, cada cultura no ha sido históricamente la continuación de la anterior, sino cada una ha llegado al máximo de su perfección y ha sido insuperable, cuestionando desde esa perspectiva la idea de progreso. Herder opone a la fría razón, a la uniformidad y a la continuidad, la fuerza de los instintos, la vida y el valor de las costumbres, mostrando cómo cada cultura es autónoma y no puede ser juzgada con los parámetros con los cuales se juzgan otras culturas.

Fueron finalmente los conceptos de universalidad y progreso los que se impusieron durante el siglo XIX, y con ello el predominio de la noción ilustrada de cultura. El peso de la tradición ilustrada conllevó las siguientes consecuencias:

  • La cultura es una, única y universal;
  • Las artes, las ciencias y los libros son la forma más alta de cultura;
  • La cultura ilustrada europea conforma un tipo de cultura "avanzada", "civilizada" o "superior";
  • Existe progreso cultural y sus parámetros son la civilización europea.

Pero ya a finales del siglo XIX, como hace notar el antropólogo James Clifford, se produce en el campo de la filosofía, las ciencias sociales y el pensamiento en general un curioso e inédito acontecimiento relacionado con la palabra cultura: empieza a utilizársele en forma plural, "culturas", y en un sentido mucho más amplio que ciencias y artes. Ya en 1871, en sus estudios antropológicos, E. B. Tylor propone un concepto bastante amplio de cultura: " La cultura o civilización, en sentido etnográfico amplio, es aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre en cuanto miembro de la sociedad".

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Contexto contemporáneo

La primera mitad del siglo XX se caracteriza en el debate filosófico y antropológico occidental por el sinnúmero de esfuerzos para consolidar un concepto extenso y amplio de cultura que, incluyendo las artes y las ciencias, no se limite a ellas. Muchos son los pensadores e investigadores que acometen esta tarea. Bastaría remitir a los nombres de M. Scheller, T. Elliot, A. Weber, E. Cassirer; S. Freud, B. Malinoski, E. Sapir, C. Levi-Strauss, entre muchos otros.

M. Scheller afirma: "cultura es una categoría del ser, no del saber o del sentir". Elliot, aludiendo a su condición afectiva nos dice: "cultura es aquello que hace que la vida valga la pena de ser vivida". A. Weber, desde una visión histórica afirma: "nuestra cultura arraiga en las culturas primitivas". Para E. Cassirer: "la cultura forma parte de la naturaleza y parte de la humanidad". El etnólogoMalinowski considera que: "evidentemente es el conjunto integral constituido por los utensilios y bienes de los consumidores, por el cuerpo de normas que rige los distintos grupos sociales, por las ideas y artesanías, creencias y costumbres. Ya consideremos una muy simple y primitiva cultura o una extremadamente compleja y desarrollada, estaremos en presencia de un vasto aparato, en parte material, en parte humano y en parte espiritual, con el que el hombre es capaz de superar los concretos, específicos problemas que lo enfrentan".

Pero es a partir de la década de los setenta de este siglo y motivada, entre otras razones por el debate Modernidad- Postmodernidad, que se revitaliza la discusión cultural en ejes más allá de la extensividad del concepto. George Steiner, en su ensayo de 1971 "En el Castillo de Barba Azul: una aproximación a un nuevo concepto de cultura", sostiene que el quiebre o derrumbe de tres axiomas de la modernidad alteran necesariamente nuestra visión de la cultura. Primero, se ha perdido o al menos está decididamente dañado el axioma del progreso que concebía la historia occidental como una curva permanente de ascenso. Segundo, ya no aceptamos la proyección según la cual el progreso necesariamente habrá de difundirse desde los centros privilegiados a todos los hombres. Tercero, ya no podemos apelar sin excesiva reserva al programa educativo del humanismo que sostenía que la ignorancia racional e ilustrada era la fuente de la crueldad y la barbarie; el tipo de conocimiento y formación otorgado por esa educación humanística no ha disminuido los niveles de violencia e injusticia en las sociedades occidentales contemporáneas.

La pérdida de confianza en estos tres axiomas de la modernidad ha situado el debate cultural contemporáneo en cinco profundos problemas:

  • Las relaciones entre Naturaleza y Cultura;
  • El Humanismo y los problemas relativos al antropocentrismo en la dimensión cultural;
  • Los fenómenos de Multiculturalidad e Interculturalidad;
  • Los nexos actuales entre Cultura y Desarrollo y,
  • La búsqueda de una noción extensa, pero con rasgos distintivos de lo cultural.

Estos complejos problemas preocupan actualmente a los investigadores, teóricos de la cultura, instituciones culturales y organizaciones gubernamentales, en la perspectiva de formular y orientar las políticas culturales que necesita y exige nuestro presente.

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Elementos para el diálogo

Los interrogantes que nos arrojan estos agobiantes problemas son ricos y diversos:

  • ¿La finalidad de la cultura será separarnos o independizarnos de la naturaleza ?
  • ¿La educación es el único camino hacia lo cultural?
  • ¿Qué se comprende hoy por multiculturalidad e interculturalidad?
  • ¿La cultura es un medio o un fin del desarrollo?
  • ¿Existe un modelo de desarrollo?
  • ¿Es posible o no establecer parámetros únicos para juzgar el desarrollo cultural de las comunidades?
  • ¿Cómo configurar una noción extensa de cultura que determine algunos rasgos distintivos?

Cada uno de ellos exigiría un trabajo exhaustivo y obligatorio para asumir los retos de la cultura en nuestro presente.

Pretendemos abordar en la próxima entrega el último de estos problemas: ¿Cómo configurar una noción extensa de cultura que destaque rasgos distintivos en las condiciones actuales de Iberoamérica?.

Esperamos sus aportes, denos su opinión. Para ello no tiene más que remitirnos un mail a adcultura@oei.org.co Las respuestas se irán incorporando a nuestro web. Le rogamos nos indique claramente su nombre, apellidos, nacionalidad, profesión y dirección de correo electrónico. Gracias por su aporte.

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