OEI

Organización
de Estados
Iberoamericanos

{short description of image}
Para la Educación,
la Ciencia
y la Cultura

Ciencia, Tecnología y Sociedad
CTS

Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso

Budapest (Hungría) del 26 de junio al 1 de julio de 1999

Declaración de Budapest

Proyecto de programa en pro de la ciencia: Marco general de acción

Unesco - ICSU

PREÁMBULO

1. Nosotros, los participantes en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo compromiso, reunidos en Budapest (Hungría) del 26 de junio al 1º de julio de 1999 bajo los auspicios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y el Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU), declaramos lo siguiente:

2. Promover los objetivos de la paz internacional y el bienestar común de la humanidad es una de las metas más elevadas y nobles de nuestras sociedades. La creación de la UNESCO y el ICSU, hace más de medio siglo, fue un símbolo de la determinación internacional de realizar esos objetivos mediante la instauración de relaciones científicas, educacionales y culturales entre los pueblos del mundo.

3. Los mencionados objetivos son tan válidos hoy como hace cincuenta años. No obstante, si bien los medios para alcanzarlos han mejorado considerablemente en este medio siglo gracias a los adelantos de la ciencia y la tecnología, también han progresado los que pueden ponerlos en peligro o comprometerlos. Entretanto, el contexto político, económico, social, cultural y ambiental también ha cambiado profundamente y la función de las ciencias (naturales, físicas, geológicas, biológicas, biomédicas, de la ingeniería, sociales y humanas) en este contexto modificado debe ser definida y asumida colectivamente, lo cual justifica un nuevo compromiso. Habiendo adoptado la Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber Científico e inspirándonos en la Nota introductoria al Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción,

4. Acordamos aprobar de común acuerdo el presente Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción, como conjunto de orientaciones e instrumento de acción para alcanzar los objetivos proclamados en la Declaración. 5. Consideramos que las directrices para la acción que figuran a continuación pueden servir de marco para tratar los problemas de la investigación científica, responder a los desafíos que plantea y aprovechar las posibilidades que brinda, así como para promover entre todos los protagonistas del quehacer científico las relaciones de colaboración que ya existen y otras nuevas, tanto nacionales como internacionales. Las actividades de investigación y la cooperación deberán adecuarse a las necesidades, las aspiraciones y los valores de la humanidad, así como al respeto de la naturaleza y las generaciones futuras, en búsqueda de una paz duradera, de la equidad y del desarrollo sostenible.

1. LA CIENCIA AL SERVICIO DEL CONOCIMIENTO; EL CONOCIMIENTO AL SERVICIO DEL PROGRESO

6. Nos comprometemos a hacer progresar los conocimientos. Deseamos que esos conocimientos estén al servicio del conjunto de la humanidad, y aporten una mejor calidad de vida para las generaciones actuales y futuras.

1.1 La función de la investigación fundamental

7. Cada país debería procurar dotarse de instituciones científicas de alto nivel que faciliten posibilidades de investigación y formación en sectores que presenten un interés específico. Cuando los países no puedan crear tales instituciones, la comunidad internacional debería prestarles el apoyo necesario mediante el establecimiento de relaciones de colaboración y la cooperación.

8. La investigación científica debería apoyarse en un marco jurídico apropiado en el plano nacional e internacional. A este respecto, revisten una especial importancia la libertad de expresión y la protección del derecho de propiedad intelectual.

9. Los grupos y las instituciones de investigación, así como las organizaciones no gubernamentales pertinentes, deberían fortalecer la cooperación regional e internacional a fin de propiciar la formación científica, mancomunar instalaciones costosas, promover la difusión de la información científica, intercambiar conocimientos y datos científicos, especialmente entre países desarrollados y países en desarrollo, y resolver conjuntamente problemas de interés mundial.

10. Las universidades deberían velar por que sus programas en todos los campos científicos se centren tanto en la educación como en la investigación y en la sinergia entre ambas. También deberían hacer que la investigación fuese parte integrante de la educación científica y que una parte de la educación de los científicos comprendiese el aprendizaje de las técnicas de relaciones públicas y de las ciencias humanas.

11. En el nuevo contexto de acrecentamiento de la mundialización y del establecimiento de redes internacionales, las universidades se encuentran ante nuevas posibilidades y nuevos desafíos al mismo tiempo. Por ejemplo, desempeñan una función cada vez más importante en las innovaciones. Asimismo, están encargadas de formar la futura mano de obra más altamente calificada y de inculcar a los estudiantes las capacidades necesarias para tratar los problemas mundiales. Tendrán que ser flexibles y actualizar periódicamente su saber. Las universidades de los países desarrollados y en desarrollo deberían intensificar su cooperación, sobre todo con acuerdos de hermanamiento. La UNESCO podría desempeñar la función de centro de intercambio de información y de intemediaria.

12. Se insta a los países donantes y a los organismos del sistema de las Naciones Unidas a promover la cooperación para aumentar la calidad y eficiencia del apoyo que prestan a la investigación en los países en desarrollo. Sus esfuerzos conjuntos deberían apuntar principalmente a reforzar los sistemas nacionales de investigación, tomando en cuenta las prioridades y las políticas científicas de los países.

13. Las organizaciones profesionales de científicos, como las academias nacionales e internacionales, las uniones científicas y las sociedades eruditas tienen una importante función que cumplir en la promoción de la investigación, por eso deberían obtener un amplio reconocimiento y el correspondiente apoyo público. Convendría incitarlas a proseguir su cooperación en cuestiones de interés universal y a convertirse en defensoras de la libertad de expresión de los científicos.

1.2 Los sectores público y privado

14. Los gobiernos deberán determinar, mediante mecanismos de concertación en los que tomen parte todos los sectores y partes interesadas pertinentes, las necesidades sociales del país y conceder prioridad al apoyo a la investigación pública necesaria para lograr adelantos en los ámbitos correspondientes, asegurando una financiación estable con ese fin. Los parlamentos deberían adoptar las medidas del caso y votar presupuestos que estén en consonancia con esas prioridades.

15. Los gobiernos y el sector privado deberían velar por alcanzar el debido equilibrio entre los diversos mecanismos de financiación de la investigación científica. También se deberían explorar o promover nuevas posibilidades de financiación mediante sistemas adecuados de reglamentación e incentivos, recurriendo a una colaboración entre el sector público y el privado basada en modalidades flexibles y haciendo que los gobiernos garanticen la facilidad de acceso a los conocimientos así generados.

16. Debería existir un diálogo fluido entre los donantes y los beneficiarios de los fondos destinados a la ciencia y la tecnología, tanto públicos como privados. Convendría estrechar la cooperación de las universidades e instituciones de investigación con la industria, y también debería promoverse la financiación de proyectos de ciencia y tecnología, con miras a hacer progresar el conocimiento y fortalecer la actividad industrial que aproveche los conocimientos científicos.

1.3 Aprovechamiento compartido de la información y los conocimientos científicos

17. Los científicos, las instituciones de investigación, las sociedades eruditas y las ONG pertinentes deberían comprometerse a aumentar la colaboración internacional, por ejemplo intercambiando abiertamente conocimientos teóricos y prácticos. Se deberían fomentar y respaldar especialmente las iniciativas encaminadas a facilitar el acceso de los científicos y las instituciones de los países en desarrollo a fuentes de información científica. Deberían fomentarse y respaldarse las iniciativas encaminadas a integrar plenamente en las redes científicas a las mujeres que profesan la ciencia y a otros grupos desfavorecidos del Sur y del Norte. En este contexto, se deberían desplegar esfuerzos para procurar que sean accesibles los resultados de las investigaciones científicas efectuadas con financiación pública.

18. Los países que tengan las competencias necesarias deberían promover el aprovechamiento compartido y la transferencia de conocimientos, en particular mediante el apoyo a los programas específicos destinados a impartir formación a los científicos en todo el mundo.

19. Con el apoyo de los países desarrollados, se debería facilitar la publicación y la más amplia difusión de los resultados de la investigación científica realizada en los países en desarrollo mediante la capacitación, el intercambio de información y el fomento de servicios bibliográficos y sistemas de información que satisfagan mejor las necesidades de los científicos de todo el mundo.

20. Las instituciones de investigación y enseñanza deberían tomar en cuenta las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, evaluar sus repercusiones y promover su utilización según proceda, en especial mediante el fomento de la edición electrónica y el establecimiento de entornos virtuales de investigación y enseñanza o de bibliotecas numéricas. Habría que adaptar los planes de estudios científicos universitarios para tomar en cuenta las repercusiones de esas nuevas tecnologías en la labor científica. El establecimiento de un programa internacional en Internet ha permitido prever una asociación de la enseñanza científica y profesional con el sistema tradicional, a fin de colmar las lagunas de la infraestructura educativa e impartir una enseñanza de calidad en regiones apartadas.

21. Los investigadores deberían participar regularmente en debates con los editores, bibliotecarios y especialistas en tecnologías de la información, a fin de velar por que la autenticidad e integridad de las publicaciones científicas no se pierdan con la evolución del sistema de información electrónico. Habida cuenta que la difusión y el aprovechamiento compartido de los conocimientos científicos constituyen un elemento fundamental de la investigación, los gobiernos y organismos de financiación deberían velar también por que los presupuestos destinados a la investigación cubran las infraestructuras pertinentes y otros costos más. Asimismo, son necesarios marcos jurídicos apropiados.

2. LA CIENCIA AL SERVICIO DE LA PAZ Y EL DESARROLLO

22. Hoy, más que nunca, no puede haber desarrollo que prescinda de las ciencias naturales y sociales y de sus aplicaciones. La cooperación mundial entre científicos es una contribución valiosa y constructiva a la seguridad mundial y al desarrollo de relaciones pacíficas entre países, sociedades y culturas diferentes.

2.1 La ciencia y la atención de las necesidades humanas fundamentales

23. Entre las prioridades de desarrollo de todo país debería figurar constantemente la investigación específicamente destinada a atender las necesidades fundamentales de la población. Al definir sus proyectos de investigación, los países en desarrollo y en transición deberían sopesar no sólo sus necesidades o deficiencias en materia de capacidad e información científicas, sino también sus puntos fuertes en materia de saber, conocimientos técnicos y recursos humanos y naturales de índole local.

24. Para que un país esté en condiciones de atender a las necesidades fundamentales de su población, la enseñanza de la ciencia y la tecnología es un imperativo estratégico. Como parte de esa educación científica y tecnológica, los estudiantes deberían aprender a resolver problemas concretos y a atender las necesidades de la sociedad utilizando sus competencias y conocimientos científicos y tecnológicos.

25. Los países industrializados deberían cooperar con los países en desarrollo mediante proyectos científicos y tecnológicos definidos conjuntamente para resolver los.30 problemas básicos de la población de estos últimos. Deberían estudiarse detenidamente los resultados, a fin de mejorar la planificación y la ejecución de los proyectos de desarrollo. Debería impartirse al personal que participe en estos proyectos una formación acorde con sus funciones.

26. Todos los países deberían compartir sus conocimientos científicos y cooperar para luchar en el mundo entero contra todos los factores de enfermedades evitables. Con respecto a la mejora de la situación sanitaria, cada país debería evaluar y definir las prioridades que resulten más adecuadas a sus propias circunstancias. Se deberían iniciar programas nacionales y regionales de investigación destinados a reducir las disparidades que existen entre las comunidades en materia de salud, por ejemplo recopilando datos estadísticos de buena calidad sobre epidemias y otros fenómenos e informando de las mejores prácticas correspondientes a quienes puedan utilizarlas.

27. Convendría examinar dispositivos innovadores y rentables de financiación de las actividades científicas que permitieran a varios países reunir sus recursos y combinar sus esfuerzos en materia de ciencia y tecnología, y encomendar su aplicación en el plano regional e internacional a instituciones pertinentes. En todos los países se deberían crear redes de intercambio de recursos humanos Norte-Sur y Sur-Sur. Esas redes se deberían concebir de tal manera que estimulasen a los científicos a prestar con su experiencia una contribución a sus propios países.

28. Los países donantes, las organizaciones no gubernamentales e intergubernamentales y los organismos del sistema de las Naciones Unidas deberían consolidar sus programas relativos a la ciencia como se indica en el Programa en pro de la Ciencia para atender los problemas apremiantes del desarrollo, y al mismo tiempo seguir manteniendo normas de calidad altas.

2.2 La ciencia, el medio ambiente y el desarrollo sostenible

29. Los gobiernos, los organismos competentes del sistema de las Naciones Unidas, la comunidad científica y las instituciones públicas o privadas de financiación de la investigación deberían consolidar o crear, según proceda, programas de investigación sobre el medio ambiente de alcance nacional, regional y mundial, que deberían comprender proyectos de creación de capacidades. Entre los temas a los que cabe prestar especial atención figuran la cuestión del agua dulce y el ciclo hidrológico, las variaciones y el cambio del clima, los océanos, las zonas costeras, la diversidad biológica, la desertización, la deforestación, los ciclos biológicos, geológicos y químicos, y los riesgos naturales. En el marco del Programa 21 y de los planes de acción de las conferencias mundiales, se debería proseguir con los objetivos de los programas internacionales de investigación sobre el medio ambiente del planeta ya existentes. La colaboración entre países vecinos, o entre países sometidos a condiciones ecológicas similares, puede contribuir en gran medida a la solución de los problemas ambientales comunes.

30. Todos los componentes del sistema terrestre deberían ser objeto de observaciones sistemáticas a largo plazo. Para ello, es preciso que los gobiernos y el sector privado presten un mayor apoyo para perfeccionar los sistemas mundiales de observación del medio ambiente. La eficacia de los programas de observación sistemática depende esencialmente de una amplia disponibilidad de los datos observados.

31. Los principales protagonistas de este proceso, comprendido el sector privado, deberían desarrollar enérgicamente investigaciones interdisciplinarias que asocien las ciencias naturales y las ciencias sociales, para prestar atención a la dimensión humana del cambio ambiental mundial, tomando en cuenta sus repercusiones para la salud, y para entender mejor las condiciones que es menester respetar a fin de asegurar la sostenibilidad de los sistemas naturales. Tan sólo la interacción de los especialistas en ciencias exactas y naturales, ciencias sociales y políticas, economía y demografía permitirá llegar a un mejor entendimiento del concepto de consumo sostenible.

32. Hay que asociar más estrechamente los conocimientos científicos modernos y los conocimientos tradicionales en proyectos interdisciplinarios relativos a las relaciones entre cultura, desarrollo y medio ambiente, en ámbitos como la conservación de la diversidad biológica, la gestión de los recursos naturales, la comprensión de los riesgos naturales y la mitigación de sus efectos. En estos proyectos deberían participar las comunidades locales y otras partes interesadas. A la comunidad científica en su conjunto y a cada uno de sus miembros individualmente les incumbe proporcionar en lenguaje corriente explicaciones científicas sobre esas cuestiones, y también sobre los medios de que dispone la ciencia para desempeñar una función decisiva en su tratamiento.

33. Los gobiernos, en cooperación con las universidades y centros de enseñanza superior y con la ayuda de las organizaciones pertinentes del sistema de las Naciones Unidas, deberían ampliar y mejorar la educación, la formación y los servicios orientados hacia el desarrollo de los recursos humanos en la esfera de las ciencias relacionadas con el medio ambiente, recurriendo cuando proceda a los conocimientos tradicionales y locales. En este sentido es preciso que los países en desarrollo realicen un esfuerzo especial, con la cooperación de la comunidad internacional.

34. En todos los países se debería hacer hincapié en la creación de capacidades en materia de evaluación de riesgos y vulnerabilidad, así como de medios de alerta temprana para catástrofes naturales pasajeras o riesgos de cambios a largo plazo en el medio ambiente, y también se debería poner el acento en una preparación más eficaz para las catástrofes y una mejor adaptación a ellas, así como en los medios para atenuar sus efectos e incorporar su gestión a la planificación del desarrollo nacional. No obstante, es menester tener presente que vivimos en un mundo complejo caracterizado por la incertidumbre inherente que pesa sobre su evolución a largo plazo. Los encargados de la adopción de decisiones deben tomar en cuenta este factor y, por consiguiente, tienen que fomentar el desarrollo de nuevas estrategias de previsión y observación. El principio de precaución es un principio rector importante cuando la incertidumbre científica es inevitable, sobre todo en caso de repercusiones potencialmente irreversibles o catastróficas.

35. El sector público y el privado deberían apoyar enérgicamente, tanto en el plano nacional como en el internacional, la investigación científica y técnica sobre las tecnologías sostenibles y poco contaminantes, el reciclado, las fuentes de energía renovables y el aprovechamiento eficiente de la energía. Las organizaciones internacionales competentes como la UNESCO y la ONUDI deberían promover el establecimiento de una biblioteca virtual sobre tecnologías sostenibles a la que se pudiera acceder libremente

2.3 Ciencia y tecnología

36. Las autoridades nacionales y el sector privado deberían apoyar la colaboración entre la universidad y la industria con la participación de institutos de investigación y de empresas pequeñas, medianas e individuales, a fin de promover las innovaciones, obtener más rápidamente los dividendos de la ciencia y generar beneficios para todos los participantes.

37. Los programas de enseñanza de ciencias y tecnología deberían fomentar un enfoque científico de la solución de problemas. Se debería promover la cooperación entre la universidad y la industria con objeto de favorecer la enseñanza de la ingeniería y la educación profesional permanente, satisfacer mejor las necesidades de las empresas e incrementar el apoyo de éstas al sector de la educación.

38. Los países deberían adoptar las mejores prácticas para promover las innovaciones, de la manera que mejor se adapte a sus necesidades y recursos. La innovación no es un proceso rectilíneo derivado de un adelanto científico único, sino que exige un planteamiento sistémico en el que se necesitan asociaciones, vínculos entre múltiples ámbitos de conocimiento y una alimentación constante de la información por parte de numerosos protagonistas. Por ejemplo, se podrían crear centros cooperativos de investigación y redes de investigación, “incubadoras” de tecnología y polos de investigación, así como organismos consultivos para la pequeña y mediana empresa. Se deberían adoptar medidas específicas, y más concretamente iniciativas para fomentar la creación de sistemas nacionales de innovación que garantizasen la vinculación de la ciencia con la tecnología, teniendo en cuenta los cambios económicos y tecnológicos mundiales. La política científica debería fomentar la incorporación de los conocimientos a las actividades sociales y productivas. Es imperativo tratar la cuestión de la producción endógena de tecnologías tomando como punto de partida los problemas específicos de los países en desarrollo, lo cual implica que estos países dispongan de recursos que les permitan llegar a crear tecnologías.

39. Se debería prestar apoyo a la aceleración de las transferencias de tecnología con objeto de impulsar el desarrollo industrial, económico y social mediante la movilidad de los profesionales entre las universidades y las empresas, así como entre los países, y también mediante redes de investigación y asociaciones entre empresas.

40. Los gobiernos y las instituciones de enseñanza superior, con la ayuda de la cooperación internacional, deberían tomar medidas para mejorar la enseñanza de la ingeniería, la enseñanza tecnológica y la enseñanza profesional, comprendida la formación a lo largo de toda la vida. Se deberían definir nuevos tipos de programas de enseñanza conformes a las exigencias de las empresas, adaptados a las necesidades de los empleadores y atractivos para los jóvenes. A fin de atenuar las repercusiones negativas del desequilibrio de las corrientes migratorias de personal calificado de los países en desarrollo hacia los países desarrollados, y a fin de conservar una enseñanza e investigación de alta calidad en los países en desarrollo, la UNESCO puede desempeñar la función de catalizador para establecer relaciones más equilibradas y estrechas entre los profesionales científicos y tecnológicos del mundo entero, y también para crear una enseñanza e infraestructuras de investigación de nivel mundial en los países en desarrollo.

2.4 Enseñanza científica

41. Los gobiernos deberían atribuir un sumo grado de prioridad al mejoramiento de la enseñanza científica en todos los niveles, prestando especial atención a la eliminación de los efectos de la disparidad entre los sexos y de la discriminación contra los grupos desfavorecidos, así como a la sensibilización del público y la vulgarización de la ciencia. Se deberían adoptar medidas a fin de preparar profesionalmente a docentes y educadores para hacer frente a los cambios, y se debería hacer también todo lo posible para luchar contra la falta de docentes y educadores debidamente calificados para la enseñanza de las ciencias, sobre todo en los países en desarrollo.

42. Los profesores de ciencia de todos los niveles y el personal que toma parte en la enseñanza científica no formal deberían tener acceso a una actualización permanente de sus conocimientos, a fin de poder realizar su labor pedagógica de la mejor manera posible.

43. Para responder a los cambios que se producen en las necesidades educativas de nuestras sociedades, los sistemas nacionales de educación deberían renovar planes de estudio, metodologías y recursos, teniendo en cuenta la igualdad entre los sexos y la diversidad cultural. En el plano nacional e internacional se debería fomentar la investigación sobre las necesidades de la educación científica y técnica, creando centros especializados en todo el mundo y fomentando la interconexión de los ya existentes gracias a la cooperación de la UNESCO y otras organizaciones internacionales competentes.

44. Las instituciones educativas deberán fomentar la contribución de los estudiantes a la adopción de decisiones relativas a la educación y la investigación.

45. Los gobiernos deberían prestar mayor apoyo a los programas regionales e internacionales de enseñanza superior y a la interconexión de las instituciones de enseñanza para universitarios y posgraduados, haciendo especial hincapié en la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur, ya que es un medio importante para ayudar a todos los países, especialmente a los pequeños y menos adelantados, a fortalecer su potencial científico y tecnológico.

46. Las organizaciones no gubernamentales deberían desempeñar una importante función en el aprovechamiento compartido de experiencias relacionadas con la enseñanza de las ciencias y la educación científica.

47. Las instituciones de enseñanza deberían impartir una educación científica básica a los estudiantes que no siguen una carrera científica. Asimismo deberían brindar oportunidades de recibir una formación permanente de carácter científico.

48. Los gobiernos, las organizaciones internacionales y las instituciones profesionales competentes deberían elaborar programas de formación –o mejorar los ya existentes– para impartirlos a periodistas científicos, especialistas de la comunicación y personal encargado de sensibilizar al público a las ciencias. Sería menester prever un programa internacional de promoción de la cultura científica y de conocimientos básicos en materia de ciencias para que, de manera fácilmente comprensible, las comunidades locales puedan recibir aportaciones científicas y tecnológicas que fomenten su desarrollo.

49. Las autoridades nacionales y las instituciones de financiación deberían promover el papel de los museos y establecimientos científicos como elementos importantes de la vulgarización de la ciencia.

2.5 La ciencia al servicio de la paz y la solución de conflictos

50. Los principios fundamentales de la paz y la coexistencia deberían ser parte integrante de la enseñanza a todos los niveles. También se debería lograr que los estudiantes de carreras científicas cobren conciencia de su deber de no utilizar sus competencias y conocimientos científicos para actividades que hagan peligrar la paz y la seguridad.

51. Los organismos de financiación públicos y privados deberían fortalecer o crear instituciones que realicen investigaciones interdisciplinarias sobre la paz y las aplicaciones pacíficas de la ciencia y la tecnología. Cada país debería garantizar su participación en esa labor, ya sea en el plano nacional o mediante su participación en actividades internacionales. Se debería incrementar el apoyo que prestan el sector público y privado a las investigaciones sobre las causas y consecuencias de la guerra, así como sobre la prevención y solución de conflictos.

52. Los gobiernos y el sector privado deberían invertir en los sectores de la ciencia y la tecnología que tratan directamente de las cuestiones que son la raíz de posibles conflictos, por ejemplo la utilización de la energía, la pugna por la posesión de recursos, y la contaminación del aire, el suelo y el agua.

53. Los sectores militar y civil, comprendidos los científicos e ingenieros, deberían buscar juntos la solución de los problemas causados por la acumulación de armas y minas terrestres.

54. Se debería promover un diálogo entre representantes del gobierno, de la sociedad civil y de los científicos para tratar de reducir el gasto militar y lograr que la ciencia se oriente menos hacia las aplicaciones militares.

2.6 Políticas científicas

55. Se deberían adoptar políticas nacionales que prevean un apoyo regular y a largo plazo a la ciencia y la tecnología, a fin de garantizar el fortalecimiento del potencial humano, crear instituciones científicas, mejorar y modernizar la enseñanza de la ciencia, integrar la ciencia en la cultura nacional, crear infraestructuras y fomentar las capacidades en materia de tecnología e innovación.

56. Convendría aplicar políticas científicas y tecnológicas que tuvieran en cuenta explícitamente el interés social, la paz, la diversidad cultural y las especificidades de los sexos. Se deberían establecer dispositivos de participación adecuados para facilitar el debate democrático sobre las opciones de las políticas científicas. Las mujeres deberían participar activamente en la concepción de esas políticas.

57. Todos los países deberían realizar sistemáticamente análisis y estudios sobre las políticas científicas y tecnológicas, tomando en cuenta las opiniones de todos los sectores competentes de la sociedad, comprendidos los jóvenes, con objeto de definir estrategias a corto y mediano plazo que conduzcan a un desarrollo socioeconómico. racional y equitativo. Sería menester examinar la posibilidad de publicar un Informe Mundial sobre la Tecnología que complementase el actual Informe Mundial sobre la Ciencia de la UNESCO, para dar a conocer un punto de vista global equilibrado sobre las repercusiones de la tecnología en los sistemas sociales y las culturas.

58. Los gobiernos deberían prestar apoyo a programas de estudios superiores sobre la política científica y tecnológica y los aspectos sociales de la ciencia. Se debería impartir a los científicos y profesionales interesados formación sobre las cuestiones jurídicas y éticas y las reglamentaciones que regulan la Investigación y Desarrollo en campos estratégicos como las tecnologías de información y comunicación, la biodiversidad y la biotecnología. Los dirigentes y encargados de la adopción de decisiones en la esfera científica deberían tener acceso regularmente a actividades de formación y reciclaje para poder atender a la evolución de las necesidades de la sociedad contemporánea en los campos de la ciencia y la tecnología.

59. Los gobiernos deberían fomentar la creación o el perfeccionamiento de servicios nacionales de estadísticas capaces de facilitar datos fiables, desglosados por sexos y grupos desfavorecidos, sobre la educación científica y las actividades de Investigación y Desarrollo que resulten indispensables para la adopción de políticas eficaces en materia de ciencia y tecnología. A este respecto, la comunidad internacional debería prestar asistencia a los países en desarrollo, recurriendo a las competencias técnicas de la UNESCO y otras organizaciones internacionales.

60. Los gobiernos de los países en desarrollo y de los países en transición deberían mejorar la situación de las carreras científicas, educativas y técnicas, realizar un decidido esfuerzo para mejorar las condiciones de trabajo, fortalecer su capacidad para conservar a los científicos calificados y promover nuevas vocaciones en el campo de la ciencia y la tecnología. También deberían crear nuevos programas o promover los ya existentes para instaurar una colaboración con los científicos, ingenieros y especialistas en tecnología que han emigrado hacia los países desarrollados.

61. Los gobiernos deberían esforzarse por recurrir de manera más sistemática a las competencias de los científicos para elaborar políticas relativas a los procesos de transformación económica y tecnológica. La contribución de los científicos debería ser parte integrante de los programas de apoyo a la innovación o de las medidas destinadas a impulsar el desarrollo o la reestructuración industriales.

62. En nuestro mundo complejo, el asesoramiento científico es un factor cada vez más necesario para tomar decisiones políticas con buen fundamento. Por eso, los científicos y las asociaciones científicas deberían considerar que representa una gran responsabilidad el hecho de proporcionar dictámenes científicos independientes, en la medida óptima de sus conocimientos.

63. En todos los planos, los gobiernos deberían establecer y evaluar periódicamente dispositivos que permitan oportunamente el acceso al mejor asesoramiento posible por parte de la comunidad científica, que esté basado en una gama suficientemente amplia de las mejores fuentes de conocimientos especializados. Estos dispositivos tienen que ser abiertos, objetivos y transparentes. Los gobiernos deberían publicar los dictámenes científicos de forma que fueran accesibles al público más amplio posible.

64. En colaboración con las instituciones competentes de las Naciones Unidas y las organizaciones científicas internacionales, los gobiernos deberían fortalecer los procesos consultivos científicos internacionales cuya contribución es indispensable para lograr a escala regional y mundial un consenso intergubernamental sobre la política que se ha de seguir, así como para aplicar las convenciones regionales e internacionales. 65. Todos los países deberían proteger los derechos de propiedad intelectual y admitir que el acceso a los datos y las informaciones es imprescindible para el progreso científico. Para establecer el marco jurídico internacional adecuado, la OMPI, en colaboración con las organizaciones internacionales competentes, debería estudiar permanentemente la cuestión de los monopolios del saber, mientras que la OMC debería, con motivo de las nuevas negociaciones sobre el Acuerdo ADPIC, prever que en este acuerdo figuren instrumentos destinados a financiar el progreso científico en los países del Sur con la plena participación de la comunidad científica. A este respecto, los programas internacionales del ICSU y los cinco programas científicos intergubernamentales de la UNESCO deberían desempeñar la función de catalizadores, por ejemplo mejorando la compatibilidad de las modalidades de acopio y tratamiento de datos y facilitando el acceso al saber científico.

3. LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD Y LA CIENCIA PARA LA SOCIEDAD

66. La práctica de la investigación científica y el uso del conocimiento científico siempre deben tener por objetivo lograr el bienestar de la humanidad, tanto de los hombres como de las mujeres, respetar la dignidad del ser humano y sus derechos fundamentales, y tomar plenamente en cuenta nuestra responsabilidad común para con las generaciones venideras.

3.1 Necesidades sociales y dignidad humana

67. Los gobiernos, las organizaciones internacionales y las instituciones de investigación deberían fomentar la investigación interdisciplinaria destinada específicamente a determinar, dilucidar y resolver problemas humanos o sociales urgentes, en función de las prioridades de cada país.

68. Todos los países deberían impulsar o apoyar las investigaciones en materia de ciencias sociales para comprender y tratar mejor las tensiones que caracterizan a las relaciones entre la ciencia y la tecnología, por una parte, y las distintas sociedades y sus instituciones, por otra parte. La transferencia de tecnología debería ir siempre unida al análisis social de sus posibles repercusiones en la población y la sociedad.

69. La estructura de los centros docentes y la concepción de los planes de estudios deberían ser suficientemente abiertas y flexibles a fin de ajustarse a las nuevas necesidades de la sociedad. Los científicos jóvenes deberían aprender a conocer y comprender las cuestiones sociales, así como a estar en condiciones de moverse fuera de su campo de especialización.

70. Los planes de estudios de las universidades para los estudiantes de ciencias deberían incluir actividades prácticas que vincularan sus estudios a las necesidades sociales.

3.2 Cuestiones éticas

71. La ética y la responsabilidad de la ciencia deberían ser parte integrante de la educación y formación que se imparte a todos los científicos. Es importante infundir en los estudiantes una actitud positiva de reflexión, vigilancia y sensibilidad respecto de los problemas éticos con los que pueden tropezar en su vida profesional. Convendría que a los científicos jóvenes se les incitara adecuadamente a respetar y observar los principios de ética y responsabilidad de la ciencia. A la Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la Tecnología (COMEST) de la UNESCO le incumbe una responsabilidad especial en el seguimiento de esta cuestión, en cooperación con el Comité Permanente sobre Responsabilidad y Etica Científicas (SCRES) del ICSU.

72. Los institutos de investigación deberían fomentar el estudio de los aspectos éticos del trabajo científico. Para analizar y seguir de cerca las consecuencias éticas del trabajo científico y determinar los medios de reglamentarlo, se necesitan programas especiales de investigación interdisciplinaria.

73. En colaboración con otros protagonistas de la vida social, la comunidad científica internacional debería propiciar un debate, que fuera incluso público, para promover la ética y códigos de conducta relativos al medio ambiente.

74. Se insta a las instituciones científicas a que se ajusten a las normas éticas y respeten la libertad de los científicos para expresarse sobre cuestiones éticas y denunciar el mal uso o el abuso de los avances científicos o tecnológicos.

75. Los gobiernos, las ONG, y más concretamente las asociaciones científicas y eruditas deberían organizar debates, que fueran incluso públicos, sobre las consecuencias éticas del trabajo científico. Los científicos, las organizaciones científicas y las sociedades eruditas deberían estar representadas convenientemente en los organismos competentes de reglamentación y adopción de decisiones. Esas actividades se deberían fomentar en el plano institucional y tendrían que ser reconocidas como parte de la labor y responsabilidad de los científicos. Sería conveniente que las asociaciones científicas adoptaran un código deontológico para sus miembros.

76. Los gobiernos deberían fomentar la creación de dispositivos apropiados encargados de estudiar las cuestiones éticas relativas al uso del saber científico y de sus aplicaciones, y esos dispositivos se deberían crear si no existen. Las organizaciones no gubernamentales y las instituciones científicas deberían promover el establecimiento de comités de ética en su campo de competencia.

77. Se insta a los Estados Miembros de la UNESCO a que fortalezcan las actividades del Comité Internacional de Bioética y de la Comisión Mundial de Etica del Conocimiento Científico y la Tecnología, y también a que tomen medidas para estar representados convenientemente en ambos organismos.

3.3 Mayor participación en la ciencia

78. Los organismos oficiales, las organizaciones internacionales, las universidades y las instituciones de investigación deberían garantizar la plena participación de la mujer en la planificación, orientación, realización y evaluación de las actividades de. investigación. Es necesario que la mujer participe activamente en la conformación del programa destinado a orientar la investigación científica en el futuro.

79. También es menester garantizar una plena participación de los grupos desfavorecidos en todos los aspectos de las actividades de investigación, comprendida la elaboración de políticas.

80. En colaboración con la UNESCO y otras organizaciones internacionales competentes, todos los países deberían contribuir a acopiar datos fiables, de acuerdo con un modelo normalizado internacional, con objeto de elaborar estadísticas sobre ciencia y tecnología desglosadas por sexos.

81. Desde las etapas más tempranas de la enseñanza, los gobiernos y los centros docentes deberían identificar y eliminar todas las prácticas educativas con efectos discriminatorios, a fin de incrementar el número de personas de todos los sectores de la sociedad, comprendidos los grupos desfavorecidos, que puedan participar con éxito en la actividad científica.

82. No se deberían escatimar esfuerzos para eliminar cualquier práctica discriminatoria, evidente o encubierta, en las actividades de investigación. Sería menester establecer estructuras más flexibles y abiertas para facilitar el acceso de los científicos jóvenes a carreras en la esfera de las ciencias. Se deberían concebir, aplicar y seguir de cerca medidas destinadas a lograr la equidad social en todas las actividades científicas y tecnológicas, comprendidas las condiciones de trabajo.

3.4 La ciencia moderna y otros sistemas de conocimiento

83. Se invita a los gobiernos a formular políticas nacionales que permitan aplicaciones más extensas del aprendizaje y el saber tradicionales, y a velar al mismo tiempo por asegurarles una comercialización debidamente remunerada.

84. Sería menester prever un mayor apoyo a las actividades nacionales e internacionales relacionadas con los sistemas tradicionales y locales de conocimientos. 85. Los países deberían promover un conocimiento y una utilización mejores del saber tradicional, en vez de limitarse a extraer exclusivamente los elementos que consideran útiles para la ciencia y tecnología modernas. Las corrientes de conocimientos deberían simultáneamente proceder de las comunidades rurales y afluir hacia ellas.

86. Las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales deberían contribuir a mantener los sistemas tradicionales de conocimiento mediante un apoyo activo a las sociedades que crean y conservan ese saber, así como a sus formas de vida, sus idiomas, su organizaciones sociales y los entornos en que viven. También deberían reconocer plenamente la contribución de las mujeres, que son depositarias de una gran parte del saber tradicional.

87. Los gobiernos deberían apoyar la colaboración entre los poseedores del saber tradicional y los científicos, con objeto de explorar la relación entre los diferentes sistemas de conocimiento y fomentar una vinculación mutuamente provechosa entre ambos.

SEGUIMIENTO

88. Nosotros, los participantes en la Conferencia Mundial sobre la Ciencia, estamos dispuestos a actuar con determinación para lograr los objetivos proclamados en la Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber Científico y nos adherimos a las recomendaciones relativas a su seguimiento que se enuncian a continuación.

89. Todos los participantes en la Conferencia consideran el Programa en pro de la Ciencia como un marco común de acción e incitan a otros interlocutores a que lo adopten. En este contexto, convendría que los gobiernos y demás partes interesadas utilizaran ese Programa, o las partes que fueran pertinentes, cuando planeen y lleven a cabo actividades concretas relacionadas con la ciencia o sus aplicaciones. De este modo se podría elaborar y ejecutar un programa de acción genuinamente multilateral y pluridimensional. Asimismo, tenemos la convicción de que los científicos jóvenes deberían desempeñar una función importante en el seguimiento del presente Marco para la Acción.

90. Habida cuenta de los resultados de los seis foros regionales sobre la mujer y la ciencia patrocinados por la UNESCO, la Conferencia pone de relieve que los gobiernos, las instituciones educativas, las comunidades científicas, las organizaciones no gubernamentales y la sociedad civil, con el apoyo de las instituciones bilaterales e internacionales, deberían realizar esfuerzos especiales para garantizar una plena participación de las niñas y las mujeres en todos los aspectos de la ciencia y la tecnología, y para ello tendrían que: - promover en el sistema educativo el acceso de las niñas y las mujeres a todos los niveles de la enseñanza científica; - mejorar las condiciones de su contratación, su mantenimiento en los puestos ocupados y su ascenso profesional en todos los ámbitos de la investigación; - iniciar, en colaboración con la UNESCO y el UNICEF, campañas encaminadas a lograr que se cobre conciencia de la contribución aportada por las mujeres a la ciencia y la tecnología, a fin de superar las ideas estereotipadas que tienen de ellas los científicos, los responsables de la adopción de decisiones y la comunidad en su conjunto; - emprender investigaciones que estén basadas en el acopio y análisis de datos desglosados por sexos y que documenten las restricciones y los progresos en el desarrollo de la función de las mujeres en la ciencia y la tecnología; - supervisar y documentar la aplicación de las mejores prácticas, así como de las lecciones sacadas de las evaluaciones y apreciaciones de impacto; - velar por que las mujeres estén convenientemente representadas en los órganos y foros de elaboración de políticas y decisiones de carácter nacional, regional e internacional; - crear una red internacional de científicas;. seguir documentando la contribución de las mujeres a la ciencia y la tecnología. Para apoyar estas iniciativas, los gobiernos deberían crear dispositivos apropiados allí donde no existen todavía, a fin de proponer y supervisar la introducción de los cambios políticos necesarios que contribuyan a alcanzar estos objetivos.

91. Es menester realizar, entre otros, los siguientes esfuerzos especiales para garantizar una plena participación de los grupos desfavorecidos en la ciencia y la tecnología: - suprimir los obstáculos en el sistema educativo; - suprimir los obstáculos en el sistema de investigación; - lograr que se cobre una mayor conciencia de la contribución aportada por esos grupos a la ciencia y la tecnología, a fin de superar las ideas estereotipadas existentes; - iniciar investigaciones basadas en acopios de datos para documentar las restricciones; - supervisar la aplicación de las mejores prácticas y documentarlas; - garantizar la representación de esos grupos en los órganos y foros de elaboración de políticas.

92. Aunque el seguimiento de la Conferencia será obra de numerosos interlocutores que asumirán sus responsabilidades específicas, la UNESCO deberá servir de centro de intercambio de información, en colaboración con el ICSU, copatrocinador de la Conferencia. En este contexto, la UNESCO y el ICSU deberían elaborar iniciativas concretas de cooperación con las organizaciones pertinentes del sistema de las Naciones Unidas y los donantes bilaterales, tomando como base especialmente el ámbito regional.

93. La UNESCO y el ICSU deberían someter a su Conferencia General y su Asamblea General respectivas la Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber Científico y el Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción, con objeto de que ambas organizaciones determinen y prevean actividades de seguimiento en sus respectivos programas, y de que les presten también un decidido apoyo. Las demás organizaciones interlocutoras deberían hacer lo mismo con respecto a sus órganos rectores. Asimismo, se deberían presentar a la Asamblea General de las Naciones Unidas los resultados de la Conferencia Mundial sobre la Ciencia.

94. La comunidad internacional debería apoyar los esfuerzos de los países en desarrollo con miras a la ejecución de este Programa en pro de la Ciencia.

95. El Director General de la UNESCO y el Presidente del ICSU deberían velar por la difusión más amplia posible de los resultados de la Conferencia, sobre todo remitiendo la Declaración y el Programa en pro de la Ciencia: Marco General de Acción a todos los países, a las organizaciones regionales e internacionales pertinentes y a las instituciones multilaterales. Se invita también a todos los participantes a contribuir a esa difusión..

96. Hacemos un llamamiento en favor de una asociación más estrecha entre todas las partes interesadas en la ciencia y recomendamos a la UNESCO que examine periódicamente las actividades de seguimiento de la Conferencia Mundial sobre la Ciencia, en colaboración con los demás interlocutores. En particular, antes del año 2001 la UNESCO y el ICSU deberían preparar conjuntamente un informe analítico destinado a los gobiernos e interlocutores internacionales sobre los frutos de la Conferencia, así como sobre la realización de su seguimiento y las actividades que convenga emprender posteriormente.

Declración de Budapest

Ciencia, Tecnología y Sociedad CTS-OEI Página Principal de la OEI Más datos por email: weboei@oei.es